Diario de León

El anarquismo leonés | Diego Abad de Santillán

Un hombre para los tiempos nuevos

La Revista publica la tercera entrega sobre el anarquismo leonés y lo hace con el teórico fundamental del movimiento español del siglo XX. Baudilio García Fernández, Diego Abad de Santillán, es una de las figuras centrales de la historia que se convirtió en la encrucijada de la historia occidental

Intervención de Diego Abad de Santillán, como consejero de Economía durante una reunión de representantes de la Generalidad. Arriba, imagen del Gabinete del gobierno de Esquerra Republicana de Cataluña y, a la izquierda, carta que, como consejero realizó a la empresa Codorniú para la exportación de sus cavas.

Intervención de Diego Abad de Santillán, como consejero de Economía durante una reunión de representantes de la Generalidad. Arriba, imagen del Gabinete del gobierno de Esquerra Republicana de Cataluña y, a la izquierda, carta que, como consejero realizó a la empresa Codorniú para la exportación de sus cavas.

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En Reyero, 1897, nace Sinesio Baudilio García Fernández; en «una aldea perdida de las montañas de León, incomunicada (…) sin historia escrita de su pasado y sin posibilidad de historia activa en el futuro (…). He conocido muchos países, me familiarizado con muchos climas, pero no he olvidado aquellos años, duros, difíciles, en aquella aldea olvidada», confiesa Baudilio – así le denominó siempre su familia— en sus Memorias. «Mi familia pertenecía la jerarquía de los más pobres». Ante la pobreza familiar, su padre, el herrero del pueblo, en 1900 emigra a Argentina. Y en 1905 el resto de la familia. En esta ciudad de Santa Fe continúa sus primeros estudios. El joven Baudilio ejerce numerosos oficios para apuntalar la economía familiar y en 1912 regresa a Reyero, «volver a la aldea natal fue volver al punto de partida». Realiza estudios secundarios en el Instituto, General y Técnico, Padre Isla de León. Los regulados seis cursos los redujo a dos y medio, «leía mucho, de todo; no me contentaba con los libros de texto en vigor; devoraba todo lo que me proporcionaba generosamente el director de la biblioteca». De esta época recuerda la impresión y «veneración» que le producía don Gumersindo Azcárate mientras paseaba por la calle Mayor. En 1915 prosigue sus estudios en la Universidad Central de Madrid, Filosofía y Letras, especialidad en filología clásica. Disfruta de las enseñanzas de Ortega, Marañón o Besteiro entre otros, pero Baudilio declara que «era la mía una existencia bohemia, indisciplinada». En 1916 ejerce como secretario de una revista destinada a los ciegos. Aquí públicas sus primeros escritos bajo el pseudónimo que le caracteriza y reconoce: Diego Abad de Santillán; seudónimo que algunas veces simplifica a las siglas: DAS. Baudilio no explica esta elección, más el nombre elegido algunas veces fue causa de mofa por parte de sus detractores. Durante esta estancia madrileña pública opúsculos y dos novelas, La lucha y Dos amigos más un poemario, Lamentos amorosos de un poeta, bajo el nombre de Sinesio García. Reparte propaganda y participa en las protestas revolucionarias de 1917; detenido es conducido a la cárcel Modelo de Madrid. Reconoce que este fue el lugar que le condicionó el resto de su vida, no tanto por lo que aprendió sino por la impresión causada dada la calidad humana y el compromiso de los presos anarquistas con los que compartió estancia; «no fueron sus ideas, que me parecieron generosas, pero ingenuas, las que me sedujeron, sino la conducta de quienes predicaban lo que en lo sucesivo selló mi destino».

«Mi familia pertenecía a la jerarquía de los más pobres», decía abad de santillán sobre su situación económica

Ante la llamada a cumplir servicio militar, posiblemente con destino en el conflicto norteafricano, en 1918, con documentación falsificada, regresa a Argentina. Contacta con el movimiento anarquista y colabora en La Protesta, órgano de difusión del FORA (Federación Obrera Regional Argentina). Su vida se sostiene entre la necesidad y el riesgo y «el clima afectivo de compañerismo, de abnegación» que encuentra en La Protesta y le recuerda el recibido en la Modelo.

En 1922 viaja a Alemania. Decide estudiar medicina. Pasa por España y en Vigo visita a su admirado Ricardo Mella. En Alemania fortalece su formación, toma contacto con relevantes personalidades del anarquismo europeo; también conoce y se casa con Elisa Kater, hija del activista Fritz Kater. Ejerce como corresponsal de La Protesta y de traductor de R. Rocker, G. Landauer, M. Nettalau. E. Malatesta, E. Reclús, J. Grave, S. Faure y Bakunin entre otros, cuyos textos serán relevantes para la consolidación del pensamiento anarquista; de este modo el contacto con el sindicalismo anarquista alemán es vivo. Berlín es una ciudad cosmopolita y viva cultural y políticamente. Participa representando al FORA en el congreso fundacional de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) de Ámsterdam, organizado para liberarse de las cadenas sindicales y directrices bolcheviques.

En 1926 abandona la medicina y Alemania. Regresa a Argentina ante la llamada de compañeros como hombre de confianza a fin de poner orden ante el cisma surgido. Deja la familia, pues la solicitud era para un año. La situación se complica y su esposa Elisa e hijo Diego han de trasladarse a Argentina. Santillán toma la dirección de La Protesta. Surgen venganzas y pistolerismo. Asesinan a compañeros, caso de López Arango. Vive con escasez y gracias al trabajo de Elisa. En 1930 el general Uriburu da un golpe militar y destituye al presidente Yrigoyen. Desde el FORA tratan de parar el golpe, mas fue en vano: «habíamos perdido, la prédica apasionada fue estéril. (…). Una derrota sin lucha». Crece la represión y se cierra La Protesta. La familia Santillán, amenazada, logra refugiarse en Montevideo.

Durante una manifestación en Barcelona y en la cabecera del funeral de un guerrillero.

En 1931 regresa a España para participar en los congresos de la CNT y de la AIT. De camino a Madrid se apea León y «no pude ocultar la moción experimentada. Bajé al andén unos minutos y miré hacia la ciudad en tinieblas. Era un extraño ya, sólo a distancia de dieciocho años. En este tiempo había corrido mucha agua bajo los puentes y yo había corrido por diversos lugares del mundo. ¡Con qué placer habría vuelto a recorrer sus calles, a contemplar sus joyas arquitectónicas e históricas (…)! ¿Encontraría a alguno de los que fueron mis amigos en la juventud inquieta, soñadora? Seguí viaje». Atiende el clima hispano republicano y anuncia que solo quedan dos caminos: «revolución del pueblo o dictadura republicana o fascista». Regresa a Argentina al decaer el estado de sitio. Tras un breve periodo de tranquilidad llega el nuevo golpe del general Justo y…vuelta a empezar.

En 1934 regresa a España, «con los bolsillos vacíos», mas dado su prestigio asume las tareas de redactor en Solidaridad Obrera y director de Tierra y Libertad y Tiempo Nuevos. Participa, pues, vivamente en el anarquismo hispano, concretamente en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) dentro del grupo «Nervio» del que es mentor: «después de mi última etapa de beligerancia en Argentina, después de la frustración de tantos años, (…) resolví dedicar el resto de la vida a España, de la que había emigrado por motivos económicos en 1905…». Le atrae «el fervor revolucionario de nuestro pueblo»; lo valora «auténtico», si bien años más tarde declarada que «fue una tragedia el divorcio entre la inteligencia progresista y las masas populares laboriosas», al tiempo que Santillán cree que no se puede dejar de apostar por quien anhela «querer un poco más de equidad, un poco más de pan, un poco más de libertad». Durante estos años pública varias monografías, sufre detenciones y continuos encarcelamientos,» desde los primeros meses de 1934, no recuerdo que haya pasado un mes sin disfrutar del alojamiento gratuito a cargo del Estado en la cárcel». Durante los sucesos de 1934 se les confina junto a otros activistas en un barco en el puerto de Barcelona. Participa en el debate anarquista sobre la abstención o participación electoral, pero ante las elecciones de febrero de 1936 defiende la participación y exhorta a concurrir en las urnas, pues «el enemigo es el fascismo». Estalla la tragedia guerracivilista del 1936. Se implica, como miembro del Comité de las Milicias Antifascistas, y el compromiso le conduce a aceptar el nombramiento como Conseller de Economía de la Generalitat en el gobierno burgués-nacionalista de Company, —cargo que consideró un error en años posteriores de acuerdo con el espíritu anarquista, pero al momento urgía más para ganar la guerra que realizar la revolución—. Vive, pues, en primera línea durante la Guerra Civil y dada su situación, el espacio catalán, también le obliga a implicarse en la confrontación de las luchas virulentas intestinas entre anarquistas y comunistas y entre comunistas y trotskistas del POUM. Brega entre el dolor de asistir y de contener una guerra civil en el seno de otra. En La revolución y la guerra en España da cuenta del doble cisma bélico. En 1938, manteniendo el ánimo difusor de sus ideales, funda la revista Timón. 1939, fin de la guerra. Cae Barcelona. Exilio e internamiento en el campo de refugiados francés de Saint Cyprien, de donde se escapa al atisbar riesgos y la discriminación hacia los anarquistas. A través de EE.UU., Ecuador, Chile y Uruguay regresa a Argentina y…vuelta a empezar.

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Intervención de Diego Abad de Santillán, como consejero de Economía durante una reunión de representantes de la Generalidad. Arriba, imagen del Gabinete del gobierno de Esquerra Republicana de Cataluña y, a la izquierda, carta que, como consejero realizó a la empresa Codorniú para la exportación de sus cavas.

Sufre presiones y pobreza, pues la justicia argentina lo considera expulsado, mas «para olvidar la tragedia sufrida me refugié en el trabajo, 16, 18 horas diarias» a través de multitud de colaboraciones en prensa, traducciones, coautorías en diccionarios y enciclopedias, etc., «colaboraba en lo que se me pedía (…) después de cerciorarme que mi oficio no era poner bombas».

En 1940 pública Por qué perdimos la guerra, obra analítica, memoralística y dramática; un documento minucioso de lo acontecido que propició una película homónima. Las siguientes décadas, residente en Buenos Aires, se centra en numerosos proyectos editoriales, algunos ciclópeos como la Gran Enciclopedia Argentina (en 20 vols.) u otros sobre la historia del movimiento obrero o el proyecto, en cinco volúmenes, de la Historia de la Revolución mexicana. Prosigue su actividad como conferenciante y traductor del alemán, inglés, francés e italiano, por ejemplo, de la obra de K. Jaspers o editando clásicos argentinos, caso del poemario Martín Fierro.

En 1978, tras la muerte de Franco, regresa en visita a España. Continuará sus colaboraciones en los medios y asume proyectos editoriales en México. Regresa Argentina y definitivamente, en 1982, vuelve a España pues «mi mundo ha sido siempre España. La he seguido con alegría cuando era motivo de ella, y con tristeza cuando motivo de dolor. El motivo dominante ha sido el dolor, más que la alegría. Esperemos que esto no vuelva a ocurrir. Que la nueva generación pueda vivir más en paz que nosotros». Aquí culminan 36 años de exilio para quien no puede «responder a otra cosa que no sea mi pasado». Durante su última etapa, mayor, enfermo y pobre, recibe escasas atenciones y no escasas críticas que acoge dolorosamente. Fallece en Barcelona, octubre de 1983, tras permanecer brevemente, al lado de Elisa, en una residencia de ancianos y acogidos a la beneficencia.

Recordar la biografía de Diego Abad de Santillán o de DAS es recorrer el siglo XX, siglo trágico, intenso y cambiante. Este leonés laborioso, autor de una extensa obra, al que sus próximos califican generoso y pobre, austero y ajeno a la vanidad, tolerante y respetuoso, dialogante —mas sin desposeerse de sus ideas que adecúa, sin perder el hilo conductor, a las circunstancias y a la lectura de la realidad—. Santillán desde las convicciones tempranas en la cárcel Modelo hasta el final de sus días se mantuvo dentro del anarquismo y la utopía de lograr un humanisferio, su matria, mediante la lucha por la libertad y el bienestar; una lucha que no se logra mediante un golpe singularizado ni en la entrega del poder a un partido o a un líder, sino como una actitud ante la vida y de modo perenne, radical, actitud inserta en la cultura y en permanente cambio; luego, negó el modo leninista del partido único y élite revolucionaria de una minoría que arrastra y domina. Defiende la ayuda mutua de inspiración kropotkiniana que exige planificación y coherencia; tesis que defiende en una de sus obras más difundida El organismo económico de la revolución; de ahí que reivindica el cooperativismo y el mutualismo económicos de inspiración proudhoniana. Defiende, así, la revolución cotidiana, permanente y no violenta que inspira G. Landauer. Luego, no acepta a los postulados apocalípticos y violentos de Sorel ni el ingenuísimo pacífico de Tolstoi, escritor al que admira; pues, «sólo merecen el nombre de revoluciones las que construyen, no las que destruyen vidas y bienes». Sólo admitía la violencia como último e inevitable recurso (Kropotkin): «me he sentido siempre tan lejos de la mansedumbre obsecuente como de la protesta brutal, homicida, ley de la selva»; de este autor recibe la puesta por la cultura, el trabajo y la lucha. DAS defiende el anarquismo, sin adjetivos, no como una doctrina sacra, sino como síntesis tras un proceso de contradicciones y deficiencias que exige tarea creativa continua para adecuar la justicia y la libertad en la historia: «un hombre sin libertad, no es hombre». Defiende que «la libertad que se eleva sobre el hombre es una fórmula de minorías para sentar privilegios de poder, dominio y riqueza(…), pues el hombre es capaz de entenderse con el hombre sin intermediarios», escribe en abierta crítica a los postulados bolcheviques, a la que suma la afirmación de Proudhon: « de todos los parásitos que yo conozco la peor especie es la de aquel que se califica de revolucionario»; a la vez, defiende el derecho consuetudinario sobre el positivo y, a modo de ejemplo, ahí están los numerosos e históricos concejos de las aldeas leonesas; si bien, Santillán ejemplifica con los gremios.

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A la izquierda, abajo, Candido Testa, capitán del Batallón de la Morrt lliura saluda Diego Abad de Santillán, consejero de Economía. Imágenes de algunos de sus libros, una fotografía en su despacho de la Generalidad y una carta que envió a Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat.

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