Diario de León

el encuentro de garcía Herrero y román losada

el incómodo hijo del alcalde fusilado

Años después de la muerte de su padre, José luis García Herrero, joven proyectista de obra destinado en Ponferrada, se encontró con el hombre que mandó detener a juan garcía arias, el ya comandante

Dibujo de J. Valverde (1941) del tren de mineros en Ponferrada.

Dibujo de J. Valverde (1941) del tren de mineros en Ponferrada.

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El comandante Román Losada se quedó blanco. El Generalísimo estaba a punto de inaugurar el pantano de Bárcena, las banderas de España ondeaban en la presa, y de repente un joven proyectista de obra civil se le había acercado y le había puesto de frente con su pasado más incómodo. «¿Tú eres el capitán Losada? Yo soy el hijo del que era alcalde de Ponferrada», cuenta José Luis García que le dijo al hombre que había ordenado detener a su padre veinte años antes.

Y Román Losada -”«había ascendido por méritos de paseados y fusilados», ironiza García Herrero-” se quedó pálido. Hizo «un gesto raro», le respondió que sí, y le pidió que se apartase. «Fue un error garrafal que cometí ingenuamente. Una imprudencia que me pudo costar algo», cuenta el hijo de Juan García Arias.

Porque la historia, que es circular, trajo de vuelta a Ponferrada, a mediados de los años cincuenta, al hijo del que había sido su último alcalde republicano. Después del fusilamiento de su padre, José Luis García Herrero pasó un tiempo en León, otro en Palencia, donde dice que su abuelo Mariano Herrero murió de los disgustos de la guerra, al poco de saber que uno de sus hijos -”todos militares de carrera-” también había muerto, esta vez a manos de los republicanos. El joven García Herrero había obtenido una plaza de proyectista de obra civil en las oposiciones del Instituto Nacional de Industria y fue a caer en el lugar donde su presencia era más incómoda. «Me destinaron a Ponferrada, a la construcción de la central térmica. Tenía 18 años», cuenta.

Al poco de llegar, la policía ya había ido a buscarle a la casa de su patrona. En la comisaría, después de tenerle una hora esperando en una habitación sin ventanas, le preguntaron qué hacía en Ponferrada. Y les dijo la verdad; trabajar.

José Luis García Herrero no venía a saldar cuentas con nadie. «Yo no iba con ánimo de venganza en absoluto», cuenta. Pero Ponferrada no era el lugar más adecuado, reconoce, para alguien como él. Y no lo era porque en la ciudad vivían una decena de personas que «por dejación, por tener los ojos cerrados, o por pistoleros, por llevarse a la gente al Montearenas y a otros lugares para matarlos» le podían crear problemas. Su acercamiento a la clandestinidad que se oponía a Franco -” solía leer Mundo Obrero antes de quemarlo en el jardín-” le costó numeroso registros domiciliarios. Y aunque nunca encontraron nada, a García Herrero, al que siempre sacaban de la cama de madrugada para poner la casa patas arriba, le acabó por salir una úlcera de estómago de los nervios.

Aceptó el consejo de estudiar Derecho en Oviedo y dejar la ciudad. Y de Oviedo, donde no soportaba el latín de los estudios, logró que le trasladaran a Madrid, donde se matriculó en Sociología, que era lo que verdaderamente le gustaba. Después, con el ambiente más relajado, volvió a Ponferrada, vivió en democracia, trabajó en Endesa y se jubiló.

Palabras contenidas.

Casado en segundas nupcias con la editora Amparo Carballo, que ha sacado a la calle el libro con recortes de prensa y algunos de los poemas manuscritos de Juan García Arias, donde el verso busca la rima constante -”«Quisiera describir en frases bellas/ de palabras divinas y armoniosas/ el encanto supremo de las rosas/ y mágico fulgor de las estrellas», dice en un soneto-”, José Luis García Herrero ha dedicado sus últimos años a escribir ensayos, artículos de prensa y poemas.

Palabras contenidas , se títula uno de sus libros de versos. Y no es gratuito. El hijo del último alcalde republicano de Ponferrada reconoce que en su poesía pesa la sombra de lo que le sucedió a su padre. Y por eso se contiene. Y por eso, en el libro que ha coescrito con Santiago Macías y Javier Santiago, también se ha contenido. No ha entrado en los detalles escabrososos. Y por eso, y por respeto a su madre, ha esperado tanto a publicar un documento tan sobrecogedor como la última carta que escribió su padre. Desde la desesperación. «Adiós Mercedes, sé buena siempre», fueron las últimas palabras de un hombre conciliador.

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