jueves. 02.02.2023
Cueva de Valporquero

La catedral del subsuelo

Un año más, y ya van 47, La famosa gruta leonesa abre sus ‘puertas’ para enseñar a los visitantes los secretos del interior de la tierra, aunque esta vez cuenta con una novedad: la creación de una ruta exterior
Abierta desde 1966, la gruta posee representaciones cársticas tan famosas como La torre de Pisa, Las Gemelas o la Virgen con el Niño.

Tiene millones de años, pero todavía no ha terminado de construirse. Nunca estará ‘rematada’ del todo. Ningún arquitecto la dejó a medias, como ocurre con uno de los signos emblemáticos de Barcelona, la Sagrada Familia. Su creador, o creadora, trabaja a paso lento, con sumo cuidado, realizando cambios imperceptibles para el ojo humano pero presentes en el ambiente. Vive en una reforma continua al margen de las modas de estilo imperantes en cada momento. A pesar de su edad, se encuentra en forma.

Después de un breve periodo de vacaciones, porque las aglomeraciones no le gustan, ya se ha recuperado. La catedral subterránea, la reina del subsuelo ha vuelto esta temporada. Bienvenidos a la cueva de Valporquero.

La gruta inició su andadura al mismo tiempo que el hombre o su antecesor del momento intentaba dar sus primeros pasos. En el Pleistoceno de la era Cuaternaria, es decir, érase y érase y érase una vez, la naturaleza dejó una abertura por la cual se pudieran ver los secretos que ésta esconde, ya que no es bueno ocultar todo lo que uno es y parece. Sin embargo, la cueva sólo lleva abierta al público desde 1966, tras el acondicionamiento que le prestó la Diputación de León. Su descubrimiento, no obstante, es más antiguo, pues los mozos del lugar se infiltraban, a escondidas, para ver en primera persona los portentos de la naturaleza.

El lugar, todavía con las nieves de un invierno que pega sus último coletazos y se resiste a dejar paso a una primavera esplendorosa, está rodeado de un paraje inmejorable. Antes de llegar, la mirada se embelesa con las Hoces de Vegacervera, además del hayedo de Valporquero, que tiene el honor de ser uno de los mejores bosques de umbría de la Cordillera Cantábrica, un refugio para los corzos o los vegetales como el espino albar que habita en su espesura.

Nueva ruta

Fiel a su estilo, la cueva se reinventa. En esta ocasión, se abre una ruta para explorarla por fuera, que permite apreciar las torcas o los polges, muy específicos de los sistemas cársticos de Valporquero. 75 minutos de historia viva de la geología, donde el visitante podrá ver cómo el agua transforma la estructura del exterior de la gruta a lo largo del tiempo. No se apreciarán cambios notables, pero el visitante podrá imaginar lo que fue y lo que será dentro de cientos de años, en pleno ejercicio de creatividad pétrea. Sin embargo, para ello, todavía hay que esperar un poco más, ya que, como explica el diputado de Turismo, Miguel Ángel del Egido, «en la zona todavía hay nieve de un metro de altura, por lo que todavía no se ha podido señalizar la senda». La ruta, llamada ‘exokarts’, se encuentra muy cerca del perímetro de la cueva y podrá visitarse sin guía, pues «a lo largo de todo el camino, un par de kilómetros, habrá varios carteles explicativos», comenta Del Egido. El diputado de Turismo y también alcalde de Santa María del Páramo espera con optimismo que la senda pueda estar abierta para Semana Santa, con el deshielo de las nieves, pero, si no fuera posible, «se abriría antes del verano, una opción para todos aquellos que llegan media hora antes o después del inicio de las visitas guiadas al interior de la gruta».

Con una humedad interior cercana al 99% y una temperatura de siete grados durante todo el año, la cavidad cuenta con varias maravillas subterráneas, fruto de la infinita paciencia de la madre naturaleza que se dedicó a labrarlas milenios y milenios. En su primer fin de semana de la nueva temporada, unas 270 personas disfrutaron casi en primicia de las entrañas de la tierra leonesa, una cifra que, como indica Del Egido, invita al optimismo: «Nuestra intención es lograr cada año más visitantes». A lo largo de toda la temporada, el entorno recibe unos 65.000 turistas con leoneses, madrileños, vascos, asturianos, gallegos y valencianos como los principales ‘huéspedes’ de la cueva.

La riqueza cárstica del lugar es muy sensible, pues la presencia de agentes externos y su inmersión podría desestabilizar en un segundo todo lo que ha costado hacer en muchos y muchos años de evolución natural. En su entrada tiene lugar lo que se conoce como la boca de la cueva, que deja paso a aguas cristalinas, una antesala a un fondo desconocido, un recoveco al mundo que imaginó un pionero como Julio Verne en una de sus novelas más populares, Viaje al interior de la Tierra. Dentro de esa gran cavidad, llamada Pequeñas Maravillas, se hallan muestras cársticas de algunos de los monumentos más famosos, como la Torre de Pisa o representaciones religiosas como la Virgen con el Niño, sin olvidar a Las Gemelas.

Otras salas, como la Gran Rotonda, cuentan con dimensiones descomunales. Sus 5.600 metros cuadrados de superficie y sus veinte metros de altura enmudecen a los visitantes al tratarse de la de mayor tamaño de la cueva. Al estar demasiado cerca del mundo exterior, la sala se caracteriza por su escasa presencia de formaciones, ya que todavía no cuenta con los elementos necesarios para modelar su estructura.

Como si se tratara de un mundo diferente, de dos puntos de unión, la vida y la muerte también se suceden en el interior de la Tierra. En otra de las salas, llamada Hadas, no habitan estos pequeños seres alados del mundo de la fantasía, sino que se trata de un gran vacío, una sima que engulle las aguas que bajan en forma de cascada, eso sí, solo en los meses de abril y mayo, cuando empieza a producirse el deshielo de la nieve acumulada en las montañas. La tercera sala se aboca a este abismo, convirtiéndose en un mirador.

La vida da lugar a la muerte y la muerte da lugar a la vida. Es una conexión tan profunda y mística que no desaparece en la cavidad leonesa. Otra de las salas, el Cementerio Estalactítico, con siniestras figuras procedentes de las estalactitas caídas y estalagmitas nacidas, ofrece un sobrecogedor paisaje similar a un campo de batalla con apenas supervivientes. Avanzando, se llega a la Gran Vía, pero no a la madrileña, sino a otra galería con estratos calizos que salen a la superficie. Dicha galería lleva a un curso de aguas con cascadas no acondicionadas para el visitante. Sin embargo, las creaciones subterráneas de la naturaleza no terminan aquí sino que, sola, en medio de una gran inmensidad, se encuentra la Columna Solitaria, una esbelta construcción en la cual las estalactitas y las estagmitas se fusionaron y dieron lugar a este pilar. La última de las salas visibles, ya que existe un nivel inferior sólo apto para expertos, está integrada por millones de estalactitas que ofrecen un inimaginable espectáculo a los visitantes sobre las sorpresas que depara el interior de la Tierra.

La gruta, en la red

Asimismo, la cueva cuenta con una página web (http://www.cuevadevalporquero.es/ ), con la que la Diputación de León pretende convertir la gruta en el referente de turismo de interior del país. En ella, el usuario puede encontrar información sobre el calendario de apertura, horarios y tarifas, además de facilitar el acceso al sistema de reserva online para las visitas y la vigilancia del lugar gracias a la colocación de dos webcams

La catedral subterránea ya está lista de nuevo para recibir a sus feligreses. Estalacticas, estalagmitas y demás espeleotemas aguardan en la gruta la visita de aquellos curiosos que quieran satisfacer su natural curiosidad sobre las entrañas de la Tierra, mientras el agua transcurre su curso labrando un nuevo futuro que se apreciará dentro de muchas y muchas generaciones.

La catedral del subsuelo
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