domingo 28/2/21

El leonés que le dijo no a Lenin

Lector de la realidad y comprometido con la necesidad, Ángel Pestaña puede considerarse uno de los anarquistas españoles para quien las convicciones nunca fueron un atuendo con el que vestir cada ocasión para medrar en la historia ni en la política
COLECCIÓN PARTICULAR, GGDOC

Ángel Pestaña nace en 1886 en Santo Tomás de Ollas, aldea próxima a Ponferrada, en el seno de una familia muy humilde. Desde este origen lee la vida, la propia y la de los semejantes. Se trata de un caso de autodidactismo neto y propio de quien aprovecha y exprime cuanto le rodeaba para atrapar contenidos y transformarlos en conocimientos; y esta dinámica le conduce al compromiso continuado. Como lector alcanza el cenit de esta figura, pues aúna las tres «ces»: contenidos, conocimientos y compromiso. Se asemeja a la figura de Don Quijote — así le llaman, de acuerdo con su fisionomía, sus biógrafos— que recorre caminos y lee la vida a la vez que se compromete con los necesitados y hasta las últimas consecuencias. Pestaña es una figura praxiológica y paradigmática de la reflexión-acción, mítico y anónimo entre otros líderes, un ejemplo de brega continuada que partiendo de la penuria original deambula, entre sendas y trochas, por la vida, como espacio de aprendizaje continuo.

Hijo único de padres humildes, desavenidos y rudos. Vive la violencia marital que induce al temprano abandono del hogar por parte de la madre. «Huérfano» acompaña al padre en busca de empleo por numerosas localidades, a la vez que recibe una formación escolar irregular, defectuosa y violenta.

Su padre, que desea mejor vida para su hijo, lo envía a la casa de un hermano de la madre de Ángel para que se forme y posteriormente ingrese en la carrera eclesiástica. El padre se responsabiliza de los gastos, pero los tíos lo emplean como pastor a su servicio. En este domicilio también habita la violencia y el hambre. Ángel huye y temporalmente queda cogido en la casa de su padrino hasta que viaja al encuentro con su Padre en Castro Urdiales.

A los once años empieza a trabajar en la mina. El padre enferma y muere. En sus memorias queda reflejada la desolación y el desamparo. Al día siguiente de enterrar al padre acude de nuevo a la mina, ha de sobrevivir y pagar las deudas recibidas como herencia. Trabaja incluso los festivos. Deja la mina y pasa a ferroviario, mas pronto se manifiesta contra la injusticia y pierde el empleo. Son tiempos de paro laboral; se ve obligado a multiplicar oficios de peón: calderero, albañil, etc. y ayudante de guardarropa en el teatro Arriaga de Bilbao. Su afición al teatro le induce a crear el grupo teatral «Lope de Vega», del que ilusoriamente pretende vivir; y más tarde a escribir una pieza teatral muy desconocida, La ciudad.

A los quince años, en Bilbao, durante una manifestación lanza un mitin exigiendo las ocho horas laborales. Patronos y policía lo fichan. Sufre fuerte apaleamiento y cárcel. Libre, vaga por numerosos empleos y termina como pulidor de cristales. Una regulación lo devuelva el desempleo. Reingresa en la farándula, en Santander crean un grupo musical feriante. No le convence el modelo bohemio de vida y emigra ilegal a Francia. En París es detenido y devuelto a España. Llegado a San Sebastián se emplea en una fábrica de espejos, en esta ciudad se entera que la justicia lo reclama a propósito de la anterior detención. Nuevamente se introduce en Francia con nombre falso. Se emplea de peón agrícola y vaga por los viñedos de Burdeos. Con otros compatriotas crean una fracasada fábrica de caramelos, luego otra de alpargatas. Conoce a la que «habría de ser mi compañera de luchas y fatigas», María Espés, aragonesa valiente intrépida con quien compartió cuatro hijos. Ángel y María recalan en Argel, colonia francesa. En esta ciudad permanecen cinco años. Son años de aprendizaje y placidez. Ejerce de relojero y publica artículos en la revista anarquista Tierra y Libertad; a través de esta publicación inicia una relación intensa y duradera con los anarquistas catalanes. Al comienzo de la Gran Guerra, 1914, y ante las inseguridades regresa a Barcelona. El clima en esta ciudad es de desempleo y despidos, malestar laboral y pistolerismo, corrupción y opresión. El afán de aprender de este relojero leonés le conduce a visitar y recibir consejos del «abuelo», Anselmo Lorenzo, ingresar en el Ateneo sindicalista, escuchar a otros líderes obreros: Buenacausa, Seguí, etc., Y entre los debates pronto destaca este «joven desconocido que hablaba en castellano; alto, delgado, de pálida faz y que, por el brillo de sus ojos, diríase que un fuego interior le obligaba a hablar» (P. Foix).

Continúa publicando en Tierra y Libertad y en Solidaridad Obrera. Defiende con intensidad la necesidad de asociarse sindicalmente para enfrentarse a la situación dramática de los obreros y a los apernadores. No entra en los debates acusatorios entre grupos o líderes a la vez que defiende el anarquismo ético nacido de la bondad natural de la especie humana. Destaca como orador. Defiende el compromiso personal y la acción directa con sentido de clase. De oratoria sencilla y persuasiva, con gesticulación amable, cautiva las audiencias. Apuesta por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en franca decadencia y en la capacidad de autogestión ideológica y organizativa del sindicato. Defiende sus posiciones y debate con el máximo representante a la sazón, Salvador Seguí, desde el respeto y enriquecimiento intelectual mutuos. Esta intensa actividad lo convierten en uno de los representantes de los denominados «anarquistas puros» frente a los «realistas o reformistas» representados por Seguí.

En 1915 es procesado por un artículo contra la violencia ejercida por la Guardia Civil en una huelga campesina. Huye a Francia. A petición del gobierno español es devuelto, mas consigue ocultarse en un primer momento para posteriormente ser detenido y encarcelado. Prosigue la brega sindical y busca la unión de CNT y UGT, a la vez que se organiza una exitosa huelga. En este contexto sociolaboral prosiguen la protesta y la violencia, las detenciones y encarcelamientos. Durante un tiempo, siendo líder señalado, se refugia en Zaragoza y se esconde en Barcelona. Sabedor de su búsqueda utiliza numerosos disfraces para poder continuar con los contactos. Parte de su actividad estriba en la urgencia de atender la necesidad de dar formación a la clase obrera a fin de que supere «el servilismo y la ignorancia» y logre «la emancipación intelectual y real», para ello acepta la dirección de la arruinada publicación Solidaridad Obrera. Sus artículos, con motivo de la afamada huelga de «La Canadiense», son causa nuevamente para ser detenido y cerrada la citada publicación.

La CNT, en diciembre de 1919, celebra el II C congreso en el Teatro de la Comedia de Madrid en el que Pestaña tiene una participación destacada. En ese momento se calcula que la afiliación al sindicato es superior a los seiscientos mil trabajadores. Sus propuestas son anotadas. Se acepta que la CNT se integre, provisionalmente, en la II Internacional comunista de signo bolchevique, si bien se mantienen los postulados de la Primera. La significación de Pestaña provoca que las autoridades le señalen y persigan; nuevamente se escabulle en una aldea, pero en 1920 sufre un atentado ligado al pistolero de la patronal, Mentadas, que ofrece 23.000 pesetas por su cabeza; enterado, huye a París.

Desde Francia acude como delegado de CNT al III Congreso de la Internacional. Con dificultades cruza Europa. En Moscú mantiene contactos y discusiones con Bujarín, Trotsky, Zinoviev y otros jerarcas rusos. Participa activamente en las sesiones y marca diferencias; razón por la que le reducen el tiempo de la palabra. Discute con Lenin y visita a un apartado Bakunin. Denuncia el oficialismo y manipulación bolchevique. Sus reflexiones causan atención y críticas, mas Pestaña no se amedrenta. En entrevista privada con Lenin realiza fuerte crítica al bolcheviquismo.

Escribe varios artículos en el Pravda, de los que destaco uno sobre el papel de la mujer en la lucha revolucionaria. En Setentas días en Rusia. Lo que vi y Setenta días en Rusia. Lo que pienso, obras testimoniales, refleja y anticipa el fracaso del comunismo bolchevique. En setiembre sale de Rusia vía Italia; en Milán es detenido, encarcelado y entregado al gobierno español para continuar en la cárcel hasta 1922. Nuevamente denunciada el pistolerismo cobijado tras el violento general Martínez Anido, gobernador de Barcelona, a la vez que condena la venganza sindical a esta provocación. Este mismo año sufre un atentado en Manresa. En plena calle le atiende una prostituta que le hospitalizada. Tiene alojadas dos balas, una le cruza el pulmón. Se teme por su vida e incluso los matones financiados por la fábrica «Hispano-Suiza», tratan de rematarlo en el hospital. El suceso, dado el reconocimiento de la víctima, causa conmoción nacional y las autoridades del gobierno cesan a los responsables de la seguridad en Cataluña, a los generales Martínez Anido y Arlegui.

En 1923, tras el asesinato de S. Seguí, Pestaña pasa a liderar la CNT a la vez que mantiene la dirección de Solidaridad Obrera, publicación que alcanza una gran tirada (57.000 ejemplares). Estos años mantiene viva la denuncia contra el reclutamiento irregular de tropas para la guerra del Rif, cargada de intereses ajenos al pueblo. La línea que sostiene para el sindicato lo enfrenta con otros líderes. Su programa lo refleja en el artículo: «Las ideas, al servicio del hombre, y no al revés». Este año triunfa la dictadura de Primo de Rivera. Se persiguen los movimientos obreros; nuevamente es procesado, pero se refugia en Francia para regresar en 1924, que a su vez es detenido y sufre cárcel hasta finales de 1926.

Durante la dictadura primoriverista es perseguido al igual que la CNT; razón por la que decae su presencia; pero desde 1927, al lado de Peiró, desarrolla fuerte actividad sindical a la vez que a ambos se les acusa de revisionistas, sobre todo por parte de los faistas, la línea dura del sindicato. El calificativo, siendo descalificador, no le afecta ya que defiende que el sindicato caben todos los hombres que «denuncian la injusticia y las desigualdades e iniquidades humanas, sea cualquiera su posición económica en la sociedad». Al mismo tiempo y frente a la divulgación y apoyo que adquiere el partido primoriverista, Unión Patriótica, defiende la unidad de todos los sindicatos. Con motivo de la caída de la dictadura reflexiona, escribe y publica sobre cómo participar en la naciente República; no obstante, este año vuelve a sufrir cárcel. Y reitera la emancipación devenida de la urgente necesidad de dar formación al obrero a fin de evitar manipulaciones; pues considera que «el español es un pueblo impulsivo, violento, un tanto inclinado a la algarada. La acción le seduce y atrae como el imán al acero. El estudio, en cambio, apenas le preocupa».

En los inicios de la República se inicia el gobierno de la Generalitat catalana. El presidente Maciá le ofrece una Conselleria; Pestaña que intuye las intenciones interesadas del honorable, no la acepta. En 1931 firma con otros cenetistas el «Manifiesto de los Treinta». Los firmantes son muy criticados y denominados los Treintistas. El Manifiesto defiende cambios radicales y la búsqueda de la coherencia frente a los que arrojan a «las masas a la calle para que las degüellen, se creen muy revolucionarios, pero en realidad es un asesinato moral». A los Treintistas se les acusa de traidores; se enfrentan a la mano dura del triunvirato cenetista (Ascaso, García Oliver y Durruti) y se les expulsa de la CNT.

Su encuentro con José Antonio

La capacidad de convocatoria y fama de Pestaña transciende fronteras; así, Mussolini, conocedor de su liderazgo, recomienda a José Antonio Primo de Rivera que contacte con el leonés, quien acude a la entrevista para dejar clara su posición: si con fuerza rechazó el bolcheviquismo, con la misma todo tipo de fascismo a la vez que vigorosamente expresó las maldades que encierran los nacionalismos. A pesar de la rotundidad de sus planteamientos, la entrevista le acarreó fuertes críticas faistas.

Finalmente decide crear un partido: el Partido Sindicalista, continuador de la fallida FSL (Federación Sindical Libertaria). Con un pequeño grupo de seguidores, entre ellos el de su más destacado biógrafo, el novelista Ángel María de Lera o el poeta Victoriano Crémer, y muchos detractores, en marzo de 1934 presenta los estatutos de un partido «no españolista, sino español; no nacionalista, sino nacional; no anti marxista, sino amarxista; respetuoso con la conciencia y los sentimientos del individuo; aconfesional… revolucionario en profundidad…. y adversario de toda especie de dictadura…. demócrata, humanista y liberal; no excluyente, sino compatible con el pluralismo ideológico… Un partido de raíces éticas y aspiraciones de justicia social y cultural». El espacio donde más implantación logra será en Andalucía. El faismo, nuevamente, ejerce fuerte oposición.

En 1934, con motivo de los acontecimientos revolucionarios en Asturias y León, una vez más es detenido. El mismo año su partido se integra en el Frente Popular. En las elecciones de 1936 logra dos actas de diputado. La de Pestaña será por Cádiz. En los escasos meses de vida parlamentaria, antes del golpe militar, destaca por sus discursos antifascistas y anticomunistas. Cuando estalla la guerra vuelva peligrar su vida. Es acosado. Huye a Valencia. En este momento declara que lo prioritario es detener el golpe y ganar la guerra. Apoya los gobiernos republicanos. Se crea un regimiento con su nombre. Lucha contra las venganzas, represalias o ajusticiamiento vengativos y sin garantías. Visita al frente. Escribe y publica. Critica a los revolucionarios de salón de café, el exceso de burocracia y la falta de unión. Mantiene una actividad frenética y la columna homónima, «Columna Pestaña», lucha en el frente del Tajo. Se le nombra Subcomisario General de Guerra, a la vez que rechaza una cartera ministerial, mientras que la crítica CNT aceptaba cuatro.

Sus últimos días

A finales de diciembre del 36 acude a Albacete a fin de ordenar la distribución de material de guerra, frenada por la incapacidad y por la burocracia. Con la intensidad del trabajo, la intemperie y el escaso atuendo que le cubría sufre una fuerte bronconomía. A este hombre, austero y comedido, con debilidad respiratoria debido a la bala que alcanzó el pulmón en el atentado citado, más las penurias vividas, muestra los efectos de numerosas cicatrices biológicas. Se le traslada a Madrid, mas no se recupera; no obstante, aún le da tiempo a la emisión radiofónica de Las doce palabras de la victoria. Prosigue la actividad y en Valencia contrae una grave asma bronquial, no sin antes realizar una intervención ante las Cortes republicanas denunciando la actuación del Partido Comunista durante la guerra. Muere a los 52 años, el 11 de diciembre de 1937, en Barcelona, si bien unos meses antes había reingresado en la CNT de la que había sido expulsado en 1932. En un día desapacible y con la presencia de muchedumbre y representantes sindicales y políticos, excepto los del PC, es enterrado.

Ángel Pestaña, autodidacta, amante de la cultura y el buen gusto, legó numerosos ensayos, artículos, textos autobiográficos y la estela de una vida breve y austera, comprometida con la libertad y la justicia y, también, 6.000 pesetas de deuda en médicos y medicinas y, durante mucho tiempo, un profundo e injustificado silencio sobre su entrega, obra y persona.

El leonés que le dijo no a Lenin
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