sábado 31/10/20

Muerte y resurrección de la copla

Suenan cornetas y tambores pero no, no es Semana Santa. Es octubre. El otoño de la pandemia. El tiempo en el que renace esa música de rompe y rasga. Y con ella, llegó también la polémica y hasta el escándalo. Es lo nuevo de Tangana. Hace honor a su nombre

No por más esperado iba a ser menos impactante. Muchos especulaban con el género a través del cual C. Tangana se reinventaría, pero pocos sospechaban que lo fuese a hacer con la copla por montera. Su nueva canción ‘Demasiadas Mujeres’ tiene tanto de confesión como de testamento, contiene tanta culpa como orgullo y es tanto una ruptura como una transición. El cantante madrileño reconoce la destrucción que le ha causado su manera de vivir y lo hace desde la mezcla de géneros. Así pues, la canción es un lamento en primera persona de la vida errante del intérprete, pero el videoclip en el que recrea el melodramático espectáculo de su propia muerte consigue transformarla en una metáfora de su tránsito hacia un nuevo estilo musical. En la estética hay algo de Almodóvar, y de Lorca también, porque es precisamente la radicalidad del luto femenino y su capacidad para integrarlo en el imaginario de la cultura española lo que une a todos ellos.

El guiño a la canción española es sublime con un sample al final del refrán de la enérgica apertura de ‘Campanera’ que cantaba Joselito en El pequeño ruiseñor (1956). Sin embargo, C. Tangana no es el primero en introducir los clásicos de la canción en la música actual. En esto ya le ha precedido el grupo catalán Manel que confió en la mítica interpretación de ‘Alenar’ (1977) de María del Mar Bonet para el estribillo de ‘Per la bona gent.’ Por otro lado, Rosalía también retomó ‘Mi canto por bulerías’ de la Paquera de Jerez al inicio de su canción ‘Que no salga la luna’ y ha creado un universo que mezcla tanto versiones de los Chunguitos como referencias a la Repompa de Málaga.

La canción española sí tiene quien le quite el sambenito que una generación en este país le quiso colocar. Hay quien se ha indignado con el hecho de que la juventud desempolve este tipo de música y quien ha estigmatizado al que la escucha. Sólo se ha permitido disfrutar de la copla a aquel que hubiera crecido con ella. Para algunos lo que debía estar a la orden del día era legitimarse a través del consumo de lo importado para ver si así nos redimíamos de una vez de un supuesto atraso cultural que en realidad nunca fue tal. Pero ahora hay quien se asombra y emociona con la apropiación de la copla que hace una nueva generación de músicos españoles. Por eso algunos como C. Tangana la ha resucitado y podemos empezar a intuir que su nuevo disco El Madrileño seguirá inspirándose en ella.

En ‘Demasiadas mujeres’ aparece también la música procesional de Semana Santa con la marcha ‘El Amor’ compuesta por Sergio Larrinaga para la banda de cornetas y tambores Rosario de Cádiz. Las composiciones de esta formación ya fueron utilizadas en la música actual por el grupo andaluz Califato ¾ que versionó a ritmo de breakbeat la marcha ‘Eternidad’ en su canción ‘Crîtto de lâ Nabahâ.’ Por otro lado, tanto se han compuesto marchas que son casi bandas sonoras de película, como se han utilizado bandas sonoras cinematográficas como música procesional. Para ejemplo queda el acompañamiento de la A.M. Santa María Magdalena de Arahal al Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de la Hiniesta de Sevilla con la melodía de la banda sonora de la película La misión (1986) compuesta por el recientemente fallecido Ennio Morricone.

En cuanto a la música cofrade en el cine, una de las películas que mejor la integra es Alatriste (2006) que acaba al compás de ‘La Madrugá’ de Abel Moreno. Sin embargo, me pareció un recurso fácil que Lilo Baur utilizara una marcha de Semana Santa en la puesta en escena de La casa de Bernarda Alba que presentó en la Comédie Française en 2015. Más convincente es la introducción de ‘La Saeta’ de Joan Manuel Serrat en el díptico teatral Una costilla sobre la mesa de la siempre polémica dramaturga figuerense Angélica Liddell. Las dos obras que lo componen, Padre y Madre, podrán verse en los Teatros del Canal de Madrid en noviembre.

En la historia de los usos y abusos de la música cofrade, la introducción de estas composiciones en las funciones seculares tanto ha estropeado una marcha magistralmente compuesta como ha llegado a encontrar su sitio.

Frecuentemente, las escenas a las que se ha pretendido añadir dramatismo con ellas han quedado en pretenciosas experimentaciones por querer elevar al carácter de sagrado lo que no puede ser otra cosa que profano. Eso sucede especialmente cuando las marchas de Semana Santa no acompañan una interpretación artística de la muerte. De no hacerlo, se alejan de lo sacro y se convierten en una sencilla manera de recrearse por parte de aquellos que niegan la representación del dolor en el arte. Así pues, la originalidad de ‘Una costilla sobre la mesa’ no hay que buscarla tanto en el uso de ‘La Saeta’ de Serrat sino en la introducción de la canción ‘La hija de Juan Simón’, otro clásico de nuestra música que ha sido interpretado tanto por Antonio Molina y Juanito Valderrama como por Rosalía en su primer disco Los Ángeles. Del mismo modo, el ingenio del videoclip de ‘Demasiadas mujeres’ no hay que buscarlo tanto en la música de cornetas y tambores que acompaña al espectador mientras se sumerge “en un mar de luto” visual a través del tinte de las prendas, de las relucientes lápidas de granito y del féretro que atraviesa el campo de Castilla escoltado por dos jinetes.

La genialidad de esta canción está más bien en el perfecto encaje de la copla en el estribillo porque legitima una época de la música española a los ojos de una joven generación que no la conocía.

Muerte y resurrección de la copla
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