jueves 19.09.2019
CANTO RODADO

nube negra

la nube negra que se avecina en cataluña aguará la fiesta en madrid mientras gentes de todo el estado reiventan la lucha y la solidaridad

El verano veranea en otra parte. Esto es León. Pero, ¿qué es un verano sin tormentas? En Barcelona, cuando el calor se adueña del ambiente aparecen misteriosos charcos en las calles. La humedad, exprimida por las altas temperaturas, acaba derramada en el suelo. Hasta que, de repente, una noche o una tarde, se desata la tormenta. Y la gente respira.

La que se avecina en la ciudad Condal y en Cataluña entera está anunciada en los balcones con banderas estrelladas, tiene fecha, el 9 de noviembre, y pregunta trampa. La calma chicha de Rajoy ante la cuestión catalana barrunta nubes muy oscuras, panzaburra.

Es chocante ver a esta ciudad legendaria del cosmopolitismo aferrada a una bandera como a una tabla de salvación mientras las empresas que se han apoderado de los espacios públicos (y han comprado los privados) expropian su encanto y convierten Las Ramblas en una feria para el turismo de crucero y low coast. La ciudad exquisita queda reservada para las élites locales y la gente rica de cualquier nacionalidad. El dinero no tiene fronteras. Las vallas están al sur y tienen cuchillas. Para los pobres, la luna está en quiebra.

Victimismo

El nacionalismo catalán, de derechas y de izquierdas, fabrica los truenos y pretende partir el Estado con un rayo castigador. Explota el victimismo en tiempos de sufrimiento en las familias y de ruina en las arcas de la Generalitat. Como si en el resto del Estado la gente viviera en la abundancia y en el derroche. Con más de diez mil personas dependientes sin ayuda ni atención por recortes en la ley de la dependencia, con una tasa de paro del 25,1% de la población activa, tres puntos más que en Cataluña y la precariedad como santo y seña del mercado de trabajo.

El nacionalismo catalán se ha subido a la nube negra. Busca el verano en un sueño vacío, como dice la canción de Sabina. Y se olvida, no quieren recordar, que a lo largo de todo el siglo XX, Cataluña fue la tierra prometida de miles de personas que salieron expulsadas de sus pueblos sin futuro. Anegados por el agua o abiertos en canal para extraer el carbón de su vientre. Apartados de la modernidad.

Hartazgo

Barcelona fue el primer destino de la emigración leonesa por delante de Madrid y de Bilbao. El Dorado era una fábrica o un puesto en la administración pública. Ramón Carnicer, prolífico y lúcido escritor, fue uno entre miles. Pero no uno cualquiera. De Correos pasó a la Universidad y fue fundador de la Escuela de Idiomas Modernos de Barcelona junto a la profesora Doireann McDermott, su esposa. Hace 60 años. Empezaron con dos idiomas y ahora se imparten 20. Un legado de universalidad.

El nacionalismo explota el hartazgo de la gente con un Gobierno que obliga a dar pasos gigantescos hacia atrás a una sociedad que en los años 70 pedía democracia y en el siglo XXI quiere que la democracia sea real. Y no un estudiado simulacro. Puro teatro, como el que escenificaron en el Parlamento Europeo populares y socialistas intercambiándose puestos como cromos en la cúspide de la Unión. Tú a Estrasburgo y yo a Bruselas puede ser el título de la película en el que dos almas gemelas, con distinto nombre, se cambian los destinos de vacaciones y despistan incluso a sus progenitores. Aunque lo que de verdad les pega es otro título: El golpe.

Arcoíris

Hay nubes negras de buen agüero. Como la Semanas Negra de Gijón. Ayer arrancó una nueva edición con guiños de complicidad entre la novela negra y la lucha de la gente que resiste. Trabajadores y trabajadoras de norte a sur y de este a oeste. Mujeres del carbón. Nubes negras para el poder. Lluvia y sol. Arcoíris. Las reinventoras de la solidaridad. Ellas siguen ‘alienda y sin reblar’.

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