miércoles 15.07.2020
Tierra de fósiles

Una playa del Paleozoico al borde de la carretera

Es parte del inmenso patrimonio geológico de la provincia de León, un recurso sin explotar, joyas que ninguna administración ha sido capaz de ver. Y eso que están a simple vista. Como la playa del paleozoico en la carretera de Mallo de Luna. Un lugar donde está la historia de la formación de la Tierra
La carretera que lleva a Mallo de Luna, en el cruce entre Irede y Los Barrios de Luna, es un punto de referencia para la comunidad científica internacional por la información que contiene sobre la formación de la Tierra. MARCIANO PÉREZ
La carretera que lleva a Mallo de Luna, en el cruce entre Irede y Los Barrios de Luna, es un punto de referencia para la comunidad científica internacional por la información que contiene sobre la formación de la Tierra. MARCIANO PÉREZ

Al borde de la carretera está la historia de la Tierra. La historia de la formación del planeta. Al descubierto. A simple vista.

Si se leen bien las señales, se descubren aquellos tiempos, hace millones de años, cuando sólo había un continente. Está aquí, en un talud de Los Barrios de Luna.

Siempre fue un camino de montaña, un sendero para llevar y traer cosas a Mallo de Luna. Una senda transitada por hombres y ganado que la nieve cubría al menos de enero a mayo. En 1945, una decisión tomada en Madrid cambió para siempre la vida del valle. Y la de ese camino. Fue la sentencia definitiva, aunque el proyecto nació entre 1935 y 1936 en la cabeza de Luis de Llanos y Silvela, ingeniero de la Confederación Hidrográfica del Duero.

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Rodrigo Castaño en la carretera que conduce a Mallo de Luna explicando lo que muestran las rocas en el talud abierto para la construcción de la vía que conduce al pueblo y a la presa de Los Barrios de Luna.

Luna vivía ajena a la tragedia que se avecinaba mientras él trazaba los planos de la presa de Barrios de Luna, que anegaría 16 pueblos y condenó al exilio a 1.600 personas, que se resistieron hasta el final a abandonar la tierra de sus antepasados. Tanto, que algunos tuvieron que salir en barca cuando el agua del pantano llegaba hasta la misma puerta de sus casas, una embarcación de maroma que Confederación llevó desde el Esla, desde Cabreros del Río, para rescatarlos. Navegando desde Lagüelles y Campo de Luna hasta la pilastra del puente nuevo con lo que quedaba de sus enseres, quizá un arca, una cama y poco más, sus hijos y algún animal de compañía. Cuando en 1956, Franco en persona se pasea victorioso sobre su obra y los pocos vecinos que quedaron fueron ‘invitados’ a posar para una foto histórica sobre la presa -una pena sobre su pena-, aún no se habían pagado todas las indemnizaciones, pírricas, pues se usó de base el amillaramiento. Muchas de las tierras no estaban registradas y valía, hasta entionces,la palabra dada, una costumbre ancestral.

En aquel camino que llevaba a Mallo de Luna, la Confederación del Duero metió las máquinas, abrió el Talud y asfaltó el terreno. Así fue cómo quedó al aire el origen de la Tierra

Luis de Llanos asentó la presa sobre lo que quedaba del castillo de Luna, una fortaleza en la roca que está documentada ya en el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II ‘El Castro’, rey de Asturias, un fuerte inexpugnable durante las razzias, parte del sistema defensivo que recorría gran parte de la Cordillera Cantábrica para contener a las tropas sarracenas y que protegía la calzada que unía León con Asturias.

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Algunos de los fósiles encontrados en la zona, auténticas joyas para el conocimiento geológico.

La obra de la presa arruinó el patrimonio histórico, artístico y natural del valle, ahogado por las aguas del río que siempre le dio vida, pero dejó al descubierto un riquísimo patrimonio geológico.

En aquel sendero sinuoso que llevaba a Mallo de Luna, Confederación metió las máquinas, abrió el terraplén y asfaltó el terreno. Así fue cómo quedó al aire el origen de la Tierra.

Al borde del pantano está una playa. Del paleozoico. De hace 570 millones de años. De mucho antes de que aparecieran los primeros animales terrestres, vertebrados, peces cartilaginosos, anfibios o reptiles. De cuando la vida flotaba en el agua y el mundo era de las algas, esponjas, corales, moluscos bivalvos y artrópodos. Entre ellos los trilobites, los reyes de la antigua era Primaria, casi cuatro mil especies diferentes de este organismo con tres lóbulos, una joya para los geólogos porque permite datar la era, la de los animales antiguos, y, en ella, el periodo, antes del carbonífero que formó el oro negro que alimentó durante un siglo la economía de las cuencas leonesas.

En la roca que linda con el túnel que da acceso a la carretera que pasa por encima de la presa de Los Barrios de Luna y de su salto de agua está grabada para siempre la huella de la última gran glaciación, que congeló el planeta y acabó con la vida de casi el 90% que había en ese momento, la mayor extinción de la biodiversidad conocida hasta ahora

En la carretera a Mallo de Luna está esa playa. El litoral poco profundo de la plataforma marina, de aguas cálidas y arenas de Pangea, el supercontinente que agrupaba la mayor parte de las tierras emergidas del planeta, que se formó por el movimiento de placas tectónicas y que al final del mesozoico se dividió por la acción de las fuerzas terrestres, comenzó a fracturarse y a dispersarse dando lugar a la formación de los actuales continentes. Un proceso que está vivo, que continúa.

No es que Los Barrios de Luna estuvieran cubiertos por el océano. Más grandioso aún. Es que ese pedazo de tierra desgajado navegó a la deriva hasta llegar aquí, a 42º 50’ 44’’ N, 5º 51’ 36’’ O. Se erosionó, se comprimió, se fracturó y se elevó. La playa del paleozoico está ahora en vertical y arranca justo en el cruce de Irede de Luna.

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En la roca, rastros de la formación de la Tierra.

En ese libro de la historia en el que se escribió la formación de la Tierra, que está en Luna y se extiende a Babia, Mampodre y Picos de Europa, lee el biólogo apasionado de la geología Rodrigo Castaño. Analiza e interpreta esos renglones que se han desordenado, a veces simples letras que los geólogos unen para construir una frase que desentraña el jeroglífico de lo que pasó desde hace 4.540 millones de años, cuando todo comenzó.

Es el gran patrimonio olvidado de la provincia. Una joya que cautivó, como a Castaño, a geólogos belgas, holandeses y franceses, que encontraron hace más de 70 años en Los Barrios de Luna el sentido a sus investigaciones y muchos, a su vida. Algunos, incluso terminaron casando aquí.

En Los Barrios de Luna está la piedra Rosetta de la geología. La clave para entenderlo todo, la pieza que arma el puzzle.

«Debería formar parte del orgullo leonés», comenta Castaño. Ahora que tanto se reivindica esta tierra y que hay hasta una mesa constituida en busca de su futuro, sorprende que no se quiera viajar al pasado para incorporar el patrimonio geológico como recurso de la provincia, incluirlo en los paquetes turísticos, mostrar lo que tanto cautivó a geólogos de todo el mundo cuando este país estaba cerrado al mundo. Un interés que se mantiene en el tiempo, que es actual y está registrado en libros y publicaciones científicas.

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La carretera de Mallo de Luna, un punto de interés científico internacional.

En apenas un kilómetro y medio de carretera se avanza millones de años. Desde los tiempos inmediatamente posteriores al precámbrico, cuando no había vida en el planeta, hasta más allá del carbonífero. Queda el rastro de lo que sucedió y de los fósiles. Animales y plantas que habitaron la tierra mucho antes de la aparición del hombre.

En Los Barrios de Luna es posible encontrar no sólo esos viejos vecinos de la Tierra, fosilizados para siempre en roca, sino también su rastro. El movimiento que dejaron entre el suave oleaje, cuando bajaba la marea, la huella del camino que siguieron en aquella playa de Pangea, tal vez no tan diferente de las que nosotros conocemos. El vestigio de otros cambios climáticos. Las glaciaciones que enfriaron dramáticamente el planeta. Los restos de volcanes que modificaron su superficie. Formaciones de hierro convertidas en una sucesión de aros que parecen más bien representaciones artísticas de habitantes de las cavernas. Señales fosilizadas de las algas que transformaron en azul el color verde del mar, estrombolitos, estructuras minerales construidas por cianobacterias que hacen la fotosíntesis y han sido artífices de la fabricación de oxígeno y, en último término, de la aparición de la vida en la Tierra.

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Una explicación didáctica antes de comenzar el paseo geológico.

Rocas que ponen fechas. Como el estrato de caolín, que permite datar un tramo de esta cartera a Mallo de Luna en exactamente hace 477 millones de años. O la última capa, un lecho ahora en vertical, que marca la gran transición entre un planeta lleno de vida y la mayor extinción de biodiversidad conocida hasta el momento, el instante en el que posiblemente se conjuraron una modificación en la rotación de la Tierra y un súbito cambio climático que congeló el planeta y acabó con la vida de casi el 90% de la que había en ese momento, toda marítima. Ahí está, en la roca que linda con el túnel que da acceso a la carretera, que pasa por encima de la presa y de su salto de agua, grabada para siempre la última gran glaciación.

Mientras Rodrigo Castaño desentraña el pasado de la Tierra, pasan por la carretera algunos coches y se ven rastros de plásticos y latas. La huella de la nueva era. El antropoceno. Carbono y microplásticos.

Una playa del Paleozoico al borde de la carretera
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