viernes. 01.07.2022

Sabíamos que los dinosaurios eran animales sólo terrestres. En el Mesozoico el mar y el cielo eran dominio de reptiles marinos y voladores, y los mamíferos, poco más, que se limitaban a sobrevivir.

Luego descubrimos que los dinosaurios nunca se extinguieron, porque las aves eran un tipo evolucionado de dinosaurios terópodos maniraptores. Y es que muchos dinosaurios eran seres emplumados.

Ahora las investigaciones llevan la dirección contraria, buscando respuestas a la teoría de que, probablemente, fuese al revés, y que los dinosaurios fueran diversas evoluciones alternativas de unas aves primitivas que ya existían, por lo menos, desde los amaneceres del Triásico.

Así, quizá, los dinosaurios fueron un experimento evolutivo de gran éxito de unas aves emplumadas que nunca dejaron de estar ahí.

La masiva extinción de hace 65 millones de años acabó con todo animal de más de 25 kilogramos, lo que hizo regresar la diversidad dinosauriana a sus bases: las aves.

En realidad, ni el Mesozoico fue la era de los dinosaurios, ni el Cenozoico es la era de los mamíferos.

Desde hace al menos 260 millones de años no hemos dejado de estar en la Era de las Aves, ya que, hoy en día, ganan por goleada por número de especies y distribución geográfica y ambiental.

Un elemento tan cotidiano como una pluma, que visto globalmente es una mota de polvo en el matorral evolutivo, probablemente encierre la mejor solución que un vertebrado ha podido aportar a su éxito adaptativo.

La pluma como clave evolutiva
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