jueves. 01.12.2022
Iglesia de Escayos en Manzanedo

Prerrománico arruinado

La iglesia de Santa María de Escayos, una joya de origen prerrománico sufre el mayor abandono
Interior de la cabecera de Santa María de Escayos, ubicada en el valle berciano del Oza.

Manzanedo de Valdueza, pueblo perteneciente al municipio de Ponderada, se halla enclavado en el fondo del valle donde nace el arroyo de su mismo nombre, afluente del río Oza por su margen derecha. Partiendo de Ponferrada, el mejor acceso lo tiene por la carretera del Morredero, ascendiendohasta San Cristóbal de Valdueza, pueblo famoso por su tejo milenario. Después, sólo hay que descender unas revueltas, mientras la vista se desliza entre los árboles de ribera, fresnos y sotos de castaños que cubren el lecho y laderas del valle, alargándose hasta el mítico y mitológico Pico de la Aquiana. Veintiséis chimeneas rematando otros tantos tejados de pizarra, pintorescamente agrupados, dan suficiente orientación sobre el tamaño del pueblo, todavía más menguado en invierno, cuando escasamente junta siete vecinos.

Hay que esperar al verano y sobre todo al quince de agosto, festividad de la Asunción, para que Manzanedo ofrezca un ambiente especial, casi se diría bullicioso, con las casas llenas de lugareños y forasteros venidos a celebrar su patrona, Nuestra Señora de Escayos.

Una célebre leyenda, extendida por todo El Bierzo y conocida como «las siete hermanas» o «las siete ermitas» cuenta que la Virgen de Escayos era la menor de siete hermanas que, atravesando estos parajes, se dirigían a Compostela. La fatalidad quiso que la pequeña se hiriese en un pie y, mientras la hermana mayor, llamada Guiadora, curaba su herida, las otras cinco se dispersaron para contemplar el hermoso paisaje, pero, llegada la noche, ninguna de ellas había regresado. Ya de madrugada, la Guiadora, siguiendo el consejo de un pastor, ascendió hasta la cima de la Aquiana, el monte más alto del contorno, esperando descubrir dónde estaban sus hermanas. Y, efectivamente, desde allí observó que cada una se había dirigido hacia un lugar distinto del Bierzo. Las fue llamando, pero ninguna le hizo caso, ni siquiera la más pequeña, que tranquila se estaba peinando en la fuente de Escayos. Todas dijeron que habían decidido quedarse entre las gentes de esta tierra que tanto las necesitaba. Con el tiempo, a cada una le fue erigida su ermita; incluso la Guiadora tuvo la suya, construida en la cima de la Aquiana por los monjes del monasterio benedictino de San Pedro de Montes. Consecuencia de la leyenda es que cada narrador de la misma aproxima una virgen a su propio pueblo, por lo que la comarca de El Bierzo e incluso La Cabrera se han visto salpicadas de «hermanas», todas visibles desde el Pico de la Aquiana, excepto la de Escayos que, más tímida, escogió un lugar casi oculto a esta mirada, sobre la ladera por donde discurre el viejo camino de Manzanedo a San Clemente.

No son leyenda, sin embargo, el nombre de esta Virgen ni su culto, que ya vienen de antiguo. San Genadio, obispo de Astorga y reedificador del monasterio de San Pedro de Montes y fundador del de Santiago de Peñalba, menciona en su testamento del año 915 una villa en el valle del Oza, llamada Santa María del Valle de Scarios (en el habla de la zona sería Escayos, que significa planta espinosa o bien terreno yermo puesto en cultivo), de la cual hace donación al primero de los monasterios citados.

Muy cerca de este lugar, todavía hoy conocido como Villarino, donde se alza la iglesia de Escayos y un arruinado caserío anexo, surgió, junto al riachuelo, otro poblado que se menciona en documentos de siglos posteriores con el nombre de La Cistierna, citándose en el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz (1845-1850) como ya despoblado, aunque manteniendo en pie su iglesia, dedicada a la advocación de la Asunción de Nuestra Señora, por haber pasado a servir al culto de Manzanedo, que, hasta esas fechas poseía otra iglesia dedicada a San Pedro, hoy en la memoria. Sin embargo, la reducción de cultos religiosos experimentada hace algunas décadas y el kilómetro y pico existente hasta el pueblo fueron provocando el paulatino abandono de Santa María de Escayos.

Por las causas indicadas, el edificio ha alcanzado un estado ruinoso que provocará, en no mucho tiempo, la desaparición de un bien patrimonial de origen prerrománico, cuya fábrica actual mantiene zonas con importantes elementos románicos y otras con reformas posteriores, posiblemente auspiciadas por los monjes benedictinos del monasterio de San Pedro de Montes.

Construida en mampostería de piedra pizarra, la iglesia es de una sola nave, dividida en dos tramos separados mediante un arco toral muy estrecho y notablemente distintos entre sí: el presbiterio, de planta casi cuadrada y techumbre más elevada, y el área de los fieles (9,5 x 5,5 m.), cuya cubierta de pizarra apoya sobre una estructura de madera que, a su vez, descansa sobre vigas longitudinales y ménsulas talladas con dibujos sogueados. La espadaña, construida sobre el muro en el que abre el arco toral, dispone de tres vanos para las campanas. La portada de acceso, situada bajo pórtico, es el elemento más notable del edificio, románica, con arco de medio punto con una arquivolta que en su parte exterior se decora con bolas, exactamente diez, las cuales, de izquierda a derecha, se distribuyen en grupos de una, cinco, dos, una y una, irregularmente distanciados, como si de una clave en sistema unario se tratase (esta portada es similar a la de la llamada «casa del Cid», en Zamora, que data de mediados del siglo XII). Sin embargo, el estado de todo el conjunto es lamentable, con su cabecera derrumbada en parte; las ménsulas y vigas de la techumbre casi vencidas por la humedad; los retablos desvalijados; las imágenes, incluida la titular, robadas o desaparecidas; las losas del suelo levantadas y removidas no se sabe para qué fin... Y el elemento más notable, la portada, en grave peligro bajo un pórtico ruinoso, apuntalado de emergencia por algún alma caritativa.

Bajo los escombros del interior, la tela del antiguo pendón concejil yace irrecuperable, mostrando todavía el color púrpura que identificaba al antiguo Concejo General del Valdueza, Peñalba y otros lugares del Oza. Era, bien seguro, la insignia que abría la procesión de la Virgen de Escayos cuando el día de la Asunción subía desde La Cistierna, según tradición oral recogida en Manzanedo, y también cuando los vecinos de este último lugar contorneaban el templo, antes de que fuera abandonado.

Hoy, sin iglesia y sin imágenes, los habitantes de Manzanedo se lamentan de no tener ningún culto en todo el año, sólo el día de la fiesta se celebra misa de campaña en el templete de la música.

A las jerarquías eclesiásticas y civiles, los primeros promoviendo y los segundos ayudando, corresponde poner fin al estado de ruina en que se encuentra la iglesia de Santa María de Escayos, evitando lo que sería una imperdonable pérdida para el patrimonio histórico-artístico del Bierzo y de León.

Prerrománico arruinado
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