martes. 16.08.2022
BATALLAS LEGENDARIAS (I)

Un león por escudo

Muy leonesas son las luchas míticas contra los moros o ‘mouros’ (en la cabrera, en colinas del campo, en ardón...), que en origen son seres míticos sin relación con los musulmanes históricos
jesús f. salvadores

No es ninguna novedad decir que León tiene una riquísima historia y que su momento de mayor protagonismo histórico y esplendor lo constituyó el período medieval en el que nuestra tierra llegó a constituirse como uno de los reinos peninsulares más importantes. Aquella fue una época convulsa y violenta en el que las guerras de los leoneses contra los musulmanes o contra otros reinos cristianos vecinos fueron muy frecuentes.

En aquel contexto de batallas y de enfrentamientos constantes hubo guerreros y acontecimientos bélicos y políticos excepcionales que tuvieron que constituir con seguridad un material literario valioso para conformar una tradición épica leonesa en la que se loaría a los monarcas y nobles más valerosos, se recordarían las batallas más singulares y a los héroes más destacados cuya memoria se perpetuaría en narraciones, cantares y baladas de tradición oral. De esa épica leonesa nos queda muy poco, según Ramón Menéndez Pidal tan solo en el caso de Bernardo del Carpio podemos decir con seguridad que existieron cantares de gesta sobre este héroe legendario leonés que fueron incluso incorporados tardíamente al romancero español, aunque también hay indicios de otros poemas épicos leoneses de claro matiz anticastellano.

Sin embargo, en León sí que contamos con una narrativa épica de raíz popular constituida por un conjunto de leyendas de tradición oral protagonizadas por unos seres sobrenaturales llamadas moros o mouros (en leonés occidental y en gallego), y en las que se nos cuentan antiguas batallas y enfrentamientos protagonizados por estos personajes en numerosos lugares de la tierra leonesa. Estos mouros suelen confundirse con los musulmanes históricos, pero en realidad son entes mitológicos emparentados con otras razas legendarias europeas como los elfos nórdicos, y tienen atributos mágicos como custodiar tesoros encantados; a ellos se les atribuyen numerosas ruinas o accidentes geográficos singulares como ciertas peñas, fuentes o cuevas.

Hay investigadores que sostienen que estos moros podrían ser también el recuerdo mitificado de los antiguos habitantes del territorio leonés, y las pseudo-historias que sobre ellos cuentan nuestros paisanos podrían ser la reminiscencia oral (muy deformada y fragmentada) de antiguas guerras que se remontarían a los tiempos de la conquista romana o incluso antes. Con la invasión musulmana de la Península, el recuerdo de los habitantes paganos acabaría por confundirse y reactualizarse con el de los invasores árabes y bereberes, paganos también para los cristianos medievales.

En este sentido es muy significativo que algunas de estas batallas legendarias se ubiquen en antiguos emplazamientos romanos y prerromanos como ocurre en el castro o castillo de Cabrera, en Truchas-Trueitas, lugar del que se cuenta que los moros estaban bien fortificados y los cristianos, para atacarlos, ataron antorchas en los cuernos de un rebaño de cabras que salieron espantadas en dirección al castillo quemando los campos circundantes. Al ver de noche tanta antorcha y fuego, los moros pensaron que los atacaba un gran ejército y huyeron abandonando la fortificación. En el pueblo berciano de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, los últimos moros que quedaban en la zona, expulsados ya de casi toda la comarca, se refugiaron en el monte El Paleiru, próximo al pueblo, desde donde robaban ganado y acosaban a los habitantes del pueblo, por lo que éstos pidieron ayuda al rey para derrotarlo, quien se presentó allí con todo su ejército; pero viendo lo escarpado del terreno, el propio rey dijo que sería tan difícil derrotar a los moros como cazar un oso vivo, así que decidió retirarse.

Los vecinos de Colinas, entonces, cazaron un oso vivo y lo llevaron al rey; ante tal osadía, decidió luchar. A pesar de eso, la batalla no tuvo lugar porque los habitantes de Colinas marcharon de noche hasta El Paleiru con calabazas vaciadas con velas encendidas en su interior y así, y haciendo ruido, asustaron a unos moros que pensaron que se aproximaba un gran ejército por lo que abandonaron para siempre la comarca. Historias no lejanas al riquísimo cúmulo legendario con epicentro en Camposagrado que, por su extensión, abordaremos dentro de quince días.

Lancia contra Ardón

Al menos conocemos una leyenda bélica sobre moros recogida en una zona donde sabemos que en la antigüedad tuvo lugar una gran batalla que debió de ser rememorada durante generaciones. En Villasabariego existe la tradición de que la ciudad que se localiza en sus cercanías, Lancia, que fue la ciudad principal de los ástures, la hicieron los moros, y que allí dejaron escondidos sus tesoros. Sobre estas venerables ruinas una leyenda dice que los moros de Lancia estaban en guerra con los españoles de Ardón, y que se bombardeaban entre ellos.

En esta narración vemos un procedimiento popular de reinterpretación de un acontecimiento histórico antiquísimo que quizá acabó convertido en leyenda, y cuyo recuerdo fue renovándose por los habitantes de la comarca al momento medieval de guerras entre los cristianos y los musulmanes.

Lo cierto es que en el año 25 a.C., el ejército romano de Carisio conquistó Lancia tras un durísimo asedio del que dejó testimonio el historiador romano Floro.

Un león por escudo
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