martes. 16.08.2022
Tierra de Campos

Urueña, Villa del Libro y la música

El burgo medieval de esta localidad vallisoletana rezuma letras y melodías en sus calles, reconocida como conjunto histórico y Artístico
Santa María del Azogue.

La villa medieval de Urueña bien merece una visita, aunque sea un día cualquiera y no haya un alma por sus calles. Bueno, conviene avisar de que los lunes están cerrados sus múltiples y variados museos, pero Urueña es en sí misma un auténtico museo al aire libre. No en balde fue reconocida como conjunto histórico-artístico. Sólo hay que dejarse guiar por el instinto.

En realidad, se agradece que endeterminados días y épocas del año esta bellísima población castellano y leonesa, situada en Tierra de Campos, no esté atestada de turistas, porque esto le permite al viajero (y a la viajera) darse un fantástico paseo a lo largo y ancho de la ciudad amurallada, bajo un sol soportable, con la tranquilidad y el sosiego de saberse solos, bueno, en entrañable compañía. El pueblo entero a nuestra merced. Qué lujo. En realidad, me topo (nos topamos) con unos tipitos con andares centro-europeos —esta es sólo una apreciación— que rehúyen el saludo —¿de quién o de qué estarán huyendo?— y luego con un hombre, cobijado del sol, en la terraza de un bar, el único que debe permanecer abierto en todo el pueblo. Un señor al que le brota el vino por el rostro, pero que resulta un guía insuperable en su labor instructiva.

El hombre de marras, después de echarse algunos vasos de morapio al gorgüelo —si es que no hay mucho que hacer, se despacha a gusto contando leyendas e historias de Urueña. Que si el término proviene del agua. Qué curioso. «Parece increíble —asegura el improvisado guía— que a pocos metros de profundidad haya agua. Y eso que estamos a mucha altura, en la meseta. Pero es así... todo el mundo tiene un pozo en su casa...» Qué maravilla. Un sitio donde abunda el agua es rico, sin duda. Y Urueña es un pueblo —apenas hay 150 habitantes durante el año— con mucho encanto, esto no lo dice el señor envinado, sino mi voz de la subconsciencia.

Lo que uno desconocía —en verdad, poco sabía de esta población antes de poner los pies en ella— es que hubiera tantos y tan variopintos museos. Que si el museo del vino, que si el museo de las campanas, que si el Centro Etnográfico de Joaquín Díaz, dedicado, ente otros menesteres, a la música tradicional, y cuya sede se halla en una casona solariega del siglo XVIII, que si el museo de los instrumentos, este último dedicado a una colección del músico Luis Delgado (http://www.luisdelgado.net/museo.htm) —qué placentera sorpresa—, porque me entusiasma la música de este compositor y multi-instrumentista, quien realizara, entre otros trabajos, la banda sonora de la serie de TVE Alquibla, con guión de mi admirado Juan Goytisolo, sobre el mundo islámico, véase por ejemplo el capítulo dedicado a los Nas Al Ghiwan: música del trance.  Dicho sea de paso, a Luis Delgado he tenido la ocasión de verlo/escucharlo en concierto, con mi paisano Amancio Prada, en el teatro Bergidum de Ponferrada. 

Conviene recordar que este museo de la música, dedicado literalmente a instrumentos de todo el mundo, sólo puede visitarse bajo previa reserva.

A uno se le antoja que Urueña podría ser declarada capital de la música, aun antes que Villa del Libro, lo que está muy bien. Me admira, nada más poner los pies en el pueblo, encontrarme con un ejemplar de Sexus, de Henry Miller. Pero ahora prosigamos el paseo por Urueña, antes de emprender rumbo a Valladolid.

Una de las curiosidades es que en días despejados se llega a divisar el monte Teleno desde Urueña. Una visión para ser soñada más que contada. Al fondo se contempla un  paisaje digno de una pintura de Van Gogh. Un paisaje pictórico, en el que se ven unos palomares, con el que los viajeros acaban identificándose.

Antes de abandonar el pueblo, eso sí con cierta nostalgia, visitamos Santa María de Azogue y por supuesto la puerta del Azogue (zoco o mercadeo). El azogue, ay. Así me decían cuando era un rapacín y danzaba sin parar de un lado a otro. «Eres como el azogue, rapá». En realidad, ser como o tener el azogue también atesora la connotación de ser muy inquieto, nervioso, hiperactivo. 

La primera visita a Urueña amerita, como no podía ser de otro modo, de una segunda. Hasta la próxima.

Urueña, Villa del Libro y la música
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