sábado 10/4/21
Almacenes Rodríguez, un siglo después

La vanguardia leonesa de Amazon

El emblema de la familia RGR (Rodríguez Gancedo Rubio) preside la Gran Vía madrileña desde el actual hotel Tryp. Y es que sin los edificios levantados por los leoneses, la avenida que puso en marcha el nuevo Madrid habría sido otra. Esta es su historia
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Imagen de los siete hermanos Rodríguez realizada el 20 de octubre de 1864. En la fila superior: Pedro, Francisco, Manuel y Rafael. En la inferior, los niños: Constantino, Gabriel y Tomás.

A los hermanos Rodríguez hay que agradecerles mucho más que el hecho de que se convirtieran en pioneros del gran comercio, adelantándose un siglo a la obra de Ramón Areces. En mayo se cumplen cien años de la inauguración en La Gran Vía de los Almacenes Rodríguez, las galerías que, siguiendo la estela de Le Bon Marchais en París, revolucionaron el modo de vida en la capital. Gestados de manera pareja a la calle que convirtió Madrid en una metrópoli, fueron el primer exponente de las galerías comerciales que cambiaron la faz urbana en el siglo XX.
Hasta entonces, las tiendas respondían al valor de uso. No eran más que el lugar donde satisfacer las necesidades básicas de alimentación y vestido. Sin embargo, la irrupción del modelo de los Rodríguez cambió los hábitos y convirtió el centro de las ciudades en el templo del consumo. Nace de esta manera un nuevo sistema de sociedad democrática, racionalizada, modernista y populista, y, con ella, la implicación de la mujer —hasta entonces relegada al interior de sus casas— en la vida económica. 

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La sección de tejidos de los Almacenes Rodríguez. 


La tendencia de la segunda mitad del siglo XIX supondría un contrapunto  a esta especialización y el éxito terminaría, finalmente en la integración de distintas ramas comerciales en un gran establecimiento. Nacieron así comercios más grandes y múltiples porque la situación era proclive a ello. «La concentración de las mercancías a la venta tenía su base en la concentración de los medios de producción en la fábrica y permitía obtener al capitalista un gran número de productos, pero de forma rápida, en cantidad hasta entonces impensable y a bajo precio», destaca Víctor del Reguero, autor de Aquel comercio, una obra en la que se recupera la historia perdida del hermano español de los templos del consumo que cambiaron el modo de vida, el urbanismo, las convenciones sociales y el papel de la mujer a finales del siglo XIX en toda Europa. Y es que los Almacenes Rodríguez han sido injustamente ninguneados en la historia del comercio en España y ello a pesar de que no sólo fueron los primeros sino los que más perduraron hasta la llegada de El Corte Inglés y Galerías Preciados medio siglo después.

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La portada frontal de los almacenes en la Gran Vía madrileña. 

Los comienzos

Para los pioneros de Laciana todo había comenzado en el siglo XIX en San Miguel, con José Rodríguez, el patriarca, apodado ‘el burgalés’, un hombre que, según cuenta la leyenda, llegó a Laciana con dos pellejos de aceite, comerciando por las aldeas y caseríos que entonces existían. El hecho cierto es que José Rodríguez debió dedicarse a ‘exportar’ la manteca que fabricaba a través de los arrieros del puerto en una época en la que aún no había carreteras construidas para el paso de carruajes y que, a su muerte dejó un importante capital para la época, que alcanzó las 37.000 pesetas, dos cabañas, un centenar de tierras y su casa de San Miguel, «de planta alta y baja, cubierta de paja, compuesta de cocina y varias habitaciones, cuadras, pajares, portal, orrio (sic)y puerto», así como once hijos, cuyo trabajo y determinación les hizo prosperar en Madrid, tanto desde el punto de vista social —el mayor de ellos se sentaba en un escaño en las Cortes— como económico.

Los Rodríguez también levantaron el hotel Gran Vía, que recordaba obras de la escuela de Chicago, por lo que no resulta exagerado decir que la estética de la Gran Vía hunde sus raíces en Laciana
 


Fueron cuatro los hermanos asentados en la ciudad: Pedro, Tomás, Francisco y Manuel, que en 1863 abrieron un local comercial en el número 46 de la calle Jacometrezo. Así, comenzaron a recorrer las provincias del país con muestrarios de sus tejidos, haciéndose con el tiempo una importante cartera de clientes. Manuel decidió entonces hacer un viaje a París que fue para él «una revelación»: «En París encontró Manuel a los fabricantes de los productos que él vendía en Madrid, lógicamente a mucho menor precio que él conseguía a través de sus intermediarios». A su regreso, cargado de novedades, Manuel comenzó a competir con las firmas extranjeras establecidas en Madrid y comenzó a repetir viajes a Francia, Bélgica, Inglaterra y Alemania, por lo que «sin hipérbole de ninguna clase se puede asegurar que su expedición al extranjero en 1862 constituye el hecho más brillante y decisivo de su vida comercial; el que por sí solo justifica que se haya elevado a las altas cumbres del comercio al por mayor».

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Los almacenes fueron inaugurados por el Rey Alfonso XIII el 15 de mayo de 1921, y al día siguiente abrieron al público.


Manuel el que capitaneó la fundación de Rodríguez Hermanos. Sería el 5 de diciembre de 1874 cuando él, con sus hermanos Tomás, Pedro y Gabriel, decidiera formalizar ante notario la constitución de la sociedad, con un capital de 25.000 pesetas, «consistente en las existencias y géneros que hay en el almacén que los hermanos tienen en la calle Tetuán, y en su tienda anexa». En 1886 abrirían un amplio local en la calle Capellanes y una década más tarde se trasladaron a la Carrera de San Jerónimo, en un amplio local que hacía esquina con la calle Ventura de la Vega. A finales del siglo XIX y, sobre todo, la I Guerra Mundial provocó un florecimiento radical en la industria de los curtidos. Zapatos, cartucheras y otros elementos necesarios en la contienda bélica forzaron a los países aliados solicitaran abastecimientos desmesurados, dando pie al inicio de la introducción de la tecnología y materiales en el sector. Para los Rodríguez, este hecho supuso un importante aumento de su cifra de negocio, lo que les llevó a ampliar miras de sus negocios a otros sectores, asentando varios de ellos en la naciente Gran Vía. 
Fueron los descendientes de esos primeros Rodríguez —Pedro y Gabriel Gancedo Rodríguez, Manuel Rodríguez Arzuaga, Florentino Rodríguez Piñero, Laureano y Garcilaso Rubio Rodríguez y Francisco Cabañas Botín— los que fundaron Almacenes Rodríguez. En su constitución, dejan claro que «el objeto de la sociedad es la compra y venta al por mayor o al por menor, así como también la fabricación de toda clase de artículos de los adecuados a los almacenes de la categoría de las novedades de París, tipo Galerías Lafayette y, en general, de toda clase de objetos y mercancías sin excepción», recoge el acta fundacional.

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Uno de los catálogos de los almacenes. 

 

Inaugurados por el rey

El edificio fue inaugurado el 15 de mayo de 1921 y al día siguiente se abría al público , convirtiéndose durante casi medio siglo en centro neurálgico del comercio de su ramo. Trescientos cincuenta empleados atendían y organizaban secciones de tejidos y estampados, lanería, lencería, perfumería, guantería, paraguas y abanicos, sastrería, géneros de punto, camisería, corbatas, sombreros, artículos para viaje, zapatería, objetos de arte y regalo, bisutería, artículos de piel, relojería, juguetes, confecciones, ropa blanca, peletería, tapicería, mantas, muebles, cortinajes... y  así un gran etcétera que demuestra que los hermanos Rodríguez fueron en España los antecesores de la gran plataforma global Amazon. Supuso un cambio de paradigma para el comercio  español, cogiendo el testigo de la obra de Zola Au bonheur de dames en la que el autor del manifiesto J’accusse traza —a través de la vida de una modista— los cambios que los grandes magasins parisinos provocaron en la manera de entender la vida en la Europa del siglo XIX.

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Catálogo de moda. 


El rey Alfonso XIII presidía la apertura del impresionante edificio proyectado por el arquitecto Modesto López Otero, que había sido director de la escuela Superior de Arquitectura de Madrid y autor de obras como el palacio de La Unión y el Fénix. Su ubicación exacta fue el número 4 de la avenida del Conde de Peñalber, haciendo esquina  con la calle Caballero de Gracia. En el ensayo Madrid, aquel comercio, Víctor del Reguero — que reúne por primera vez toda la información sobre la acción empresarial de los leoneses en Madrid— explica que el monarca visitó de manera detallada cada una de las instalaciones de los almacenes, acompañado por el consejo de administración, con su presidente Pedro Gancedo a la cabeza, «y despidiéndose la cita con una copa de champán y un brindis. Muy cerca de una hora dedicó el monarca a recorrer las amplias naves y los sótanos, explicándole los gerentes y organizadores los mil detalles interesantes de estas grandes empresas, con la ventaja para ésta de España, de que al establecerse ha podido contar con la experiencia que ofrecen la existencia de las de París, Londres y Nueva York», apuntaba el periódico La Época. 

Los Almacenes Rodríguez sobrevivieron a su directo competidor, Almacenes Madrid-París, que fueron inaugurados tres años después de la empresa de los leoneses y que apenas pervivió durante una decena. La situación socio-política que a partir de 1930 se produce hace que la sociedad entre en una espiral de pérdidas y que finalmente cierre sus puertas en 1934. Por contra, Almacenes Rodríguez pervivieron durante más de medio siglo. Arriba, dos imágenes de la publicidad que los almacenes hacían de la decoración del hogar

Pioneros en las rebajas

Los Almacenes Rodríguez fueron pioneros en muchas cosas, entre otras, las rebajas. Si bien el concepto no se entendía como en la actualidad, los empresarios pusieron en marcha la tendencia comercial de los descuentos.  En los años treinta, por ejemplo, fueron pioneros en la venta de artículos «a duro». «Fueron santo y seña del comercio madrileño y, durante los 60 años de su existencia, referencia ineludible de la capital y su tiempo», destaca Del Reguero, que explica que cuando la Revista  Ilustrada de Banca informaba en 1920 de la creación de la sociedad con un capital de diez millones de pesetas, décadas más tarde la sociedad había alcanzado los 240. «Así fue en el momento de su disolución, en 1983», revela el historiador.

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Junto al hotel Gran Vía

El edificio, de nueva planta y obra de Modesto López Otero, fue valorado en tres millones de pesetas de la época. Prácticamente al mismo tiempo, los Rodríguez habían levantado el hotel Gran Vía, un impresionante edificio  que recordaba obras de la escuela de Chicago, por lo que no resulta exagerado decir que la estética de la Gran Vía hunde sus raíces en Laciana.  Con un basamento de doble altura recorrido por una sucesión de pilastras jónicas de mármol con su correspondiente entablamento corrido, descansa un entresuelo ritmado por pedestales decorados con cartelas que sostienen un segundo entablamento, en el que apoyan los desnudos paramentos del cuerpo principal. Abarcaba cinco pisos de altura, perforados por sencillas ventanas rectangulares con los antepechos rehundidos, que se enlazan en tiras verticales rematadas por dinteles rectos, con las claves centrales resaltadas para sostener el piso de coronación, señalado por una sucesión de entrepaños decorados, delimitados entre un friso ornamental inferior y la gran cornisa volada de remate; rematándose el conjunto con una balaustrada que sólo se interrumpe en el chaflán levemente abombado de la esquina para acoger una peineta con las siglas «RGR», correspondientes a las iniciales de los apellidos de los tres socios promotores del hotel: Rodríguez, Gancedo y Rubio.
La obtención de licencia de obras fue precedida por la petición el 12 de junio de 1919 de otra para vaciado de solar y paso de carros, que fue otorgada el 23 de junio; solicitándose el 21 de diciembre la definitiva, que se demoró sin razón aparente hasta el 6 de diciembre del siguiente año. A pesar de utilizarse estructura metálica, los trabajos se prolongaron por espacio de cinco años, y aunque el certificado final de obras no fue firmado por López Otero hasta el 12 de enero de 1925, la licencia de alquiler se había pedido ya dos días antes, siendo denegada hasta que no se subsanase la ausencia del «tubo de ventilación de la alcantarilla», que no se instaló hasta el 1 de diciembre siguiente, lo que retrasó el permiso definitivo hasta el 26 de febrero de 1927.
El hotel continúa hoy presidiendo el perfil de la avenida. Sin embargo, los Almacenes desaparecieron al convertirse en el primer edificio de la Gran Vía en demolerse en 1977. Edificio en el que en 1945, tras la guerra, el arquitecto López Otero había hecho una profunda reforma en colaboración con Luis Subirana y Miguel de los Santos. Tres décadas más tarde su encalada y luminosa fachada, con amplios ventanales que dejaban ver desde la calle las mercancías, no resistió a la piqueta. Para entonces, la andadura de la firma ya languidecía y sus secciones de toda la vida habían desaparecido para especializarse sólo en tapicerías, alfombras, ropa de cama y mesa y muebles. 
 

La vanguardia leonesa de Amazon
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