viernes 10.04.2020

Vivir de museo

Como si fuera por la intercesión de un santo. Del patrono de Sabero. San Blas ha dado vida a una comarca tras la defunción asistida de la minería. Atrás quedaban 150 años de vida ligada al carbón, de una forma de vida, la de bajar al tajo, heredada de generación en generación. Pero quedaba en pie la ferrería. Y ahí nació el milagro.
La impresionante nave de la Ferrería de San Blas, JESÚS F. SALVADORES
La impresionante nave de la Ferrería de San Blas, JESÚS F. SALVADORES

El fin de la minería en la Cuenca de Sabero en el año 1991, después de más de 150 años de actividad extractiva, dejó sumida a toda la comarca en una crisis económica sin precedentes y, también, en una crisis de identidad desconocida hasta esa fecha.

Más de 500 mineros se quedaron sin trabajo y otros cientos de empleos indirectos se vieron afectados. Y una zona que durante siglo y medio fue solo minera vio como se la privaba de esta condición, rompiendo una tradición que había pasado de padres a hijos en varias generaciones.

Al ser la primera gran cuenca minera de León en cerrar, las administraciones se implicaron con la constitución de la denominada ‘Mesa para la reindustrialización de Sabero’, formada por la Junta, la Diputación de León, los ayuntamientos de Sabero, Cistierna y La Ercina, la empresa Hulleras de Sabero y los sindicatos. El objetivo era la búsqueda de empresas que generasen empleos para cubrir los perdidos.

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Dos de las exposiciones del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León. JESÚS F. SALVADORES / JOSÉ CARLOS GARCÍA

Al calor de esta dinámica reindustrializadora surgió también la idea de poner en valor el importante potencial turístico de la zona como elemento generador de actividad económica, aprovechando el rico patrimonio natural e industrial que tenía, entre el que destacaba la impresionante instalación de la Ferreria de San Blas, primer alto horno de España que funcionó de forma moderna y con carbón de cok, declarado en 1991 Bien de Interés Cultural.

Desde su apertura, se ha convertido en el referente turístico de la montaña oriental. Cada año van 40.000 personas. Ha transformado un valle

Nace así, desde la sociedad civil y el Ayuntamiento de Sabero, la idea de usar esta gran nave de estilo neogótico para albergar un museo dedicado a la minería que sirva por un lado como eje principal sobre el que gire toda la atracción turística de la comarca y por otro, como homenaje y recuerdo a una actividad y unos trabajadores a los que tanto debían León y el resto de España, paliando así en parte la pérdida de identidad minera.

El proyecto, por aquel entonces solo una idea, sufrió con el paso del tiempo dos modificaciones importantes. La primera fue la implicación decisiva de la Junta de Castilla y León, cuya Consejería de Cultura lo asumió como propio, haciéndose cargo de su redacción y financiación, en colaboración estrecha con el Ayuntamiento de Sabero, que cedió los edificios y la mayor parte de las piezas de su colección. Esta implicación trajo consigo que el museo adquiriese rango regional, convirtiéndose en el centro de referencia de la temática minera e industrial en la Comunidad y en el primer gran museo autonómico fuera de una capital de provincia. La segunda fue la ampliación de la idea inicial para incluir no solo la parte minera sino también la historia siderúrgica de Castilla y León, especialmente la relativa a la Ferrería de San Blas, dada su importancia a nivel nacional.

La magnitud y lo ambicioso del proyecto hizo que se planificará en varias fases, que comprenderían en una primera etapa la restauración y puesta en valor de la Ferrería de San Blas, en una segunda la construcción de un lucernario-almacén para albergar y exponer grandes piezas y la rehabilitación de las instalaciones de la Mina Sucesiva y en una tercera etapa la construcción de una mina imagen.

La primera fase consumió un presupuesto de más de cinco millones de euros, destinados a la rehabilitación de la ferrería, su musealización y la adecuación parcial de su entorno. Su ejecución en el tiempo duró varios años, debido en parte a los trabajos arqueológicos realizados, los trabajos minuciosos de restauración en un bien BIC tendentes a recuperar la estructura original de la Ferrería de San Blas y constantes problemas derivados de cambios en el proyecto inicial, arquitectos y empresas. El museo abrió al público un 2 de julio del año 2008.

La segunda fase, con seis millones de euros de presupuesto, procedentes de los fondos mineros y con convenio oficial firmado entre la junta y el Gobierno central, arrancó en 2007 con un importante trabajo de movimiento de tierras previo a la construcción de los nuevos edificios. Trabajos que se paralizaron meses después al alegar la empresa constructora inestabilidad en el terreno, a pesar de los estudios previos realizados por una empresa especializada , que los habían calificado como adecuados para los edificios proyectados.

La solución propuesta para seguir con los trabajos, que implicaba un incremento de gasto, no fue aceptada por la Consejería de Cultura, quien rescindió el contrato, pagó los trabajos realizados y la correspondiente indemnización con el gasto de cientos de miles de euros y dio por finalizado el proyecto, sin que hasta la fecha haya tenido el más mínimo interés por retomarlo y sin saber a qué otros proyectos se asignaron esos seis millones de euros.

De la tercera fase se encargó en el año 2012 por parte de la consejería una memoria a la empresa Sadim para realizar la mina imagen pero, al igual que con la segunda fase, nunca se hizo ninguna actuación al respecto, de lo que parece deducirse que la Junta de Castilla y León ha descartado definitivamente el completo y ambicioso proyecto que planificó para la Cuenca de Sabero.

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