miércoles 21.08.2019
un oficio de siempre

Vivir en una burbuja... de gas

Quedan pocos y apenas pueden competir con las grandes marcas, sin embargo, ser los abanderados de la calidad y el sabor es lo que ha mantenido el oficio de los gaseoseros en la cresta de la ola durante varias décadas en la provincia
Vivir en una burbuja... de gas

No protagonizan anuncios millonarios, ni se cantan sus canciones. Tampoco tiene un logo conocido ni impresionantes instalaciones, sin embargo, ellos encarnan el sabor de antes, son los guardianes de las fórmulas del pasado que han sabido capear las crisis y mantenerse pese al creciente mercado de las grandes firmas. Son los gaseoseros artesanales que siguen mano a mano fabricando al mejor acompañante del vino o la cerveza, varios ejemplos de superación que se mantienen en la cresta de la ola, al menos en su área de influencia, a pesar de dedicarse a un oficio en peligro de extinción.

En Santa María del Páramo, los hermanos Luis y José San Martín capitanean una pequeña y curiosa fábrica de gaseosas y refrescos, Espumosos San Martín. Luis, que lleva media vida al frente de esta nave, sabe que si se mantienen es «por la calidad y el servicio. Estas son las únicas armas con las que podemos luchar contra las grandes marcas». Dos características difíciles de encontrar de la mano de las firmas industriales. «A ellos les interesa que continuemos fabricando y repartiendo porque perduramos el producto pero no podemos abaratarlo. Las competencias son brutales y las materias primas que nosotros empleamos tienen un precio», asegura el mayor de los San Martín, quien considera que aunque el número de gaseoseros se ha reducido notablemente en la provincia, León sigue siendo en España una de las zonas donde más artesanos del gas pueden encontrarse. «Un día fuimos en España 7.000, hoy no creo que quedemos 300 en todo el país».

La verdad es que aunque hay cierta nostalgia en sus palabras, está convencido de que la calidad es la mejor de sus ventajas. Ya no fabrican ni llenan cientos de botellas a diario, «pero la permanencia de este oficio reside en la necesidad de aquellos que vivieron aquí hace un tiempo de volver a saborear el auténtico sabor de la gaseosa». Y es que en San Martín nunca han variado la fórmula, algo que saben bien los más viejos del lugar, que nada quieren saber de las gaseosas industriales. Una realidad, que para sus dueños es lo que les hace mantenerse. «Es curioso ver a los veraneantes pedir botellas porque les recuerda al sabor de siempre, aquel de cuando eran niños o jóvenes o el que siempre acompañaba las comidas», argumenta Luis, quien además cree que las gaseosas industriales y las artesanales no se parecen ni en el gas. Una idea que comparte con su colega de Quintana de Fuseros, en El Bierzo, Aniceto López, fundador de Espumosos López, quien a sus 80 años se confiesa un adicto a este refresco. «Yo sin la gaseosa no podría pasar», bromea.

«Otra cosa, —matiza rápidamente el paramés—, sólo los artesanales seguimos embotellando en cristal, que además de contribuir con el medio ambiente, evitamos que el producto pierda calidad, su sabor se conserva intacto por mucho tiempo pues es un material que aunque encarece el producto no desprende ningún tipo de olor. Este es un consejo que los consumidores deberían tener presente». Otra respuesta a la que asiente sin dudar López, otro de los últimos dinosaurios de este oficio, quien añade que contra las grandes marcas «no tenemos nada que hacer, son productos muy baratos porque utilizan materias primas de peor calidad. Por el contrario, nosotros trabajamos con productos sanos y naturales». Además Aniceto y Luis coinciden en que el consumidor se ha vuelto muy cómodo. «Eso de usar y tirar las botellas también nos ha perjudicado, nosotros al embotellar en cristal recogemos los recipientes porque se lavan y vuelven a utilizarse, algo que supone un esfuerzo añadido para el que compra, pero que le da otro toque a la gaseosa», cuenta López, quien atesora en su memoria el día a día de este oficio.

«No podemos competir con los precios de las grandes superficies industriales, pero nos mantenemos porque somos empresas familiares, que trabajamos sin horario y seguimos vendiendo calidad», añade el berciano. Sin duda el leitmotiv de los argumentos esgrimidos por los gaseoseros para explicar su supervivencia. Además, desde que estas fábricas artesanales se automatizaron se «ahorra bastante mano de obra», subraya Aniceto. Una realidad que ha permitido que estas fábricas puedan seguir colocando sus productos en el mercado.

Ambos confían en el futuro, que aunque se presenta incierto, saben que después de haberse recorrido toda la provincia en bicicleta, al trote de caballo o en carro para hacer llegar la mejor de las gaseosas no pueden dudar de que continuarán saliendo adelante. «Es lo que nos queda, hija. Esta es la vida que tenemos», bromea Aniceto a sus 80 años.

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