viernes 17/9/21

La adolescencia bajo sedantes

Más chicas que chicos consumen ansiolíticos en León, que en 2020 vio bajar el número de casos pero con más envases
Más chicas que chicos de 15 a 19 años consumen ansiolíticos con prescripción médica, pero los varones ingieren más envases. DL

ana gaitero

LEÓN

Estados de ansiedad, crisis de pánico e insomnio son algunos de los motivos por los que se recetan ansiolíticos a adolescentes. Más chicas que chicos entre 15 y 19 años afrontan estos problemas con estos fármacos cuyo compuesto son las benzodiazepinas con principios activos que abarcan lorazepam, alprazolan, clobazam, bromazepam, diazepam clorazepato de potasio.

Según datos de la Gerencia de Salud de Área de León, en 2019 un total de 265 pacientes (174 mujeres y 91 hombres) de entre 15 y 19 años consumieron bajo prescripción médica un total de 1.031 envases de ansiolíticos (527 por hombres y 504 por mujeres).

Estos desvelan que los chicos, a pesar de ser menos en número consumen más cantidad: una media de 5,7 envases por paciente masculino sobre 2,8 entre las chicas.

Los datos recogidos a partir ded recetas de la Seguridad Social prescritas por facultativos de la Gerencia de Salud del área de León reflejan una disminución del número de pacientes y un aumento de los envases en relación con 2019, año en el que un total de 301 jóvenes de 15 a 19 años usaron los ansiolíticos como recurso terapéutico (201 mujeres y 100 hombres) y se prescribieron un total de 1.103 envases (604 en mujeres y 499 en hombres),

En el grupo de 10 a 14 años no se detectó ningún envase facturado en este periodo de estudio. La medicación con estos fármacos para abordar problemas específicos. «Tanto los ansiolíticos como los antidepresivos precisan de prescripción médica y no se pueden dispensar en las farmacias sin receta médica que puede hacer cualquier médico que esté colegiado», explica Enrique Ortega García, jefe de la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Caule.

«En los menores de 16 años, son los progenitores que tiene la patria potestad los que tienen que dar el consentimiento para dicha prescripción. Por encima de 16 años, según la ley de autonomía del paciente, se considera que el menor puede aceptar o rechazar el tratamiento, si bien lo habitual en nuestro medio es que los padres sigan participando en la toma de decisiones», añade.

Para Ortega no se trata tanto de la edad, como de que antes de afrontar cualquier tratamiento ya sea con fármacos como psicoterapia el profesional de la salud realice «una buena historia clínica del paciente del paciente y que una vez que se obtenga un diagnóstico se planteen todas las opciones terapéuticas para elegir la que parezca más adecuada en cada caso». Además, debe hacerse un «control del tratamiento para valorar tanto la respuesta como los posibles efectos adversos», añade.

La importancia de tratar a tiempo y bien un trastorno mental radica en un dato que manejan los psiquiatras y es que hasta «la mitad de la patología psiquiátrica del adulto tiene su inicio en esa franja de la vida». Por ello Enrique Ortega cree que «el debate no es psicofármacos si o psicofármacos no, o psicofármacos versus psicoterapia» sino «hacer un abordaje individualizado de la patología psiquiátrica en estas edades y hacer un abordaje multidisciplinar».

En la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil trabajan en equipo psiquiatras y psicólogos clínicos, «pero también es muy importante la coordinación con el ámbito educativos y los servicios sociales», precisa Ortega.

En algunos centros educativos hay profesorado que ha alertado sobre la frecuencia con que adolescentes refieren sufrir ansiedad o ataques de pánico y estar bajo medicación. Desde la Dirección Provincial de Educación aseguran que no han detectado este problema.

El psicólogo Miguel Ángel G. Castañón, especialista en orientación escolar, afirma que «la medicación debe ser el último recurso, pero cada vez con más frecuencia es el primero». «De manera puntual y transitoria pueden ser útiles, pero si se cronifican es destrozar cerebros», sostiene.

Al psicólogo le preocupa el impacto que pueden tener estos fármacos —que a veces no son los únicos que toman— en el desarrollo neurológico de los jóvenes, a pesar de que, como apunta el especialista en psiquiatría infanto-juvenil, «no se puede generalizar con la edad para recetar estos medicamentos, pero hay muchas benzodiacepinas y antidepresivos que tienen indicación para prescribirlos en menores».

Castañón resalta que «los estados emocionales de la infancia y la adolescencia han empeorado con la pandemia, especialmente en el alumnado de Primaria. El covid ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero ya había un caldo por no haber enseñado a enfrentar las contingencias de la vida», subraya.

Que padres y madres «saquen las castañas del fuego» a sus hijos e hijas no les ayuda, sino todo lo contrario. Y en cuanto al uso de medicamentos para combatir los problemas de salud mental resalta que «no es como la diabetes que se mide con la glucosa. Ni siquiera en la esquizofrenia, una enfermedad mental grave, hay un solo marcador biológico consistente que la pruebe. Se diagnostica por clínica».

En el caso de la depresión, «se habla de falta de serotonina y hay miles de personas cronificadas con tratamientos antidepresivos y cada vez hay más depresiones», apunta.

En opinión de este psicólogo del Centro de Psicología Conductual CPC ycon experiencia en el ámbito educativo una manera de mejorar la salud mental y prevenir es «enseñar a los niños a ponerse en contacto con sus entornos y contingencias, darles más libertad para responder al fracaso, al error y a las circunstancias adversas de la vida. No tenerlos en burbujas de cristal», subraya

La psicología da respuesta a muchas de estas situaciones sin recurrir a medicamentos y sin patologizar porque incluso las condiciones bioquímicas del cerebro varían con estímulos externos. Castañón pone el ejemplo de los seguidores de un partido de fútbol y de la diferencia que se podría observar entre los niveles de serotonina de los aficionados de equipo ganador y del perdedor. «La serotonina en este caso, es una consecuencia, no e un causa».

Aboga por una educación que ponga el foco en «aprender a ser personas y con unos valores» y de la implicación de toda la sociedad en el proceso. Como dice un proverbio africano, «para educar a un niño se necesita a toda la tribu. El problema es que ahora los ‘modelos’ que ofrece la sociedad es «hacerse millonario jugando al fútbol, como youtuber o grabando vídeos en tic-toc» y que «esta generación va a tener que enfrentarse a la vida con tan pocas armas que a ver por dónde salen», Castañón aboga por un cambio en la hoja de ruta del cerebrocentrismo.

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