lunes 20/9/21

«El dolor tiene muchas caras»

Lourdes Núñez Celada, veinte años de voluntaria en Proyecto Hombre y Adavas.
Lourdes Núñez Celada, voluntaria de Adavas, con los carteles oficiales de sensibilización contra la violencia de género.

león

Lourdes Núñez Celada es voluntaria de Adavas desde hace diez años, asociación que trabaja con víctimas de violencia machista y agresiones sexuales y en la prevención dentro del ámbito escolar y social. Es maestra y cuando dejó de dar clases de religión en el colegio Antonio Valbuena se encontró con una amiga en La Condesa que le encaminó hacia Proyecto Hombre.

Así fue como, en 1991, tomó su primer contacto con el voluntariado en la prisión de León dando clase a internos a los que nunca preguntó por qué estaban allí. «Lo que me importaba era verles reír y ese rato de felicidad cuando hacíamos cosas como una vez que organizamos juegos leoneses tradicionales», relata,

Es una veterana para quien «un poco de tiempo, constancia y generosidad» son las claves de una labor que debe hacerse con «formación y respeto a las personas». «Y la generosidad también se aprende», subraya. «Hay gente que llega y quiere hacerlo todo de repente y a las pocas semanas se han desinflado y desaparecen», lamenta. Asegura que «he recibido más de los sitios donde he colaborado que yo haya podido dar».

Si en Proyecto Hombre quedó marcada por el sufrimiento de «tantas y tantas madre, algún padre también, que de día en día se iban encaneciendo por la situación de sus hijos», en Adavas ha tomado contacto con la realidad del maltrato a mujeres y a menores. Cuando responde al teléfono lo primero que hace es indicar que es voluntaria. «La gente debe saber que no soy la psicóloga, ni la trabajadora social... sino una voluntaria».

Su labor en Adavas va desde atender esporádicamente el teléfono a realizar apoyos puntuales en los talleres de Adavas como el Laberinto de la Igualdad, que se lleva por los colegios de León. Ha tenido contacto con casos sangrantes como una mujer que estaba encerrada en una habitación por su marido y su hijo y consiguió llamar a la asociación tras un descuido de sus ‘carceleros’, que dejaron la puerta abierta al salir a la compra. O una madre que acudió en busca de ayuda para su hija, cuyo novio le obligaba a llevar dos teléfonos móviles por si se le acababa la batería de uno para controlarla. Una mujer cuyo marido la esperaba en el portal para pegarla... Casos de acoso por Internet a adolescentes y un montón de dramas.

«Desconocía este problema y sabía que había tanta gente sufriendo, hay tanto dolor, con tantos rostros, que a veces me gustaría tener una fórmula mágica para solucionarlo, pero eso es de cuento», comenta. Una experiencia que «te cambia sin darte cuenta», anota. Lo que al principio le parecía «una película» «es un problema que a la gente le llega más en los últimos años».

El voluntariado le ha enseñado, sobre todo, «a no quejarme de nada y a valorar lo que tengo». En Adavas ha encontrado «un ambiente fenomenal, con grandes profesionales y una junta directiva que te apoya y, sobre todo, te dan una formación», subraya. La asociación cuenta con una decena de voluntarias, la mayoría dedicadas a labores de sensibilización y prevención y dos veteranas que atienden el teléfono de urgencias.

La labor asistencial con las víctimas está en manos de profesionales. Las voluntarias «estamos ahí cuando se nos necesita», agrega. Con el tiempo ha aprendido a desconectar del sufrimiento, lo cual «no quiere decir que no te afecte pero no tienes que hacer tuyo el problema; si no, no les sirves a los demás», aclara. El cambio social en dos décadas ha sido grande. Cuando ella empezó apenas había voluntariado y el Banco de Alimentos ni existía. «Cuando empezó iba muy poca gente. Ahora está lleno», comenta.

«El dolor tiene muchas caras»
Comentarios