domingo 9/5/21

Veinticinco años sin viruela

Existe una preocupación política y sanitaria por la posibilidad de que grupos terroristas puedan tener acceso al virus y utilizarlo como arma biológica, lo que sería una amenaza
Es el mayor logro histórico de la sanidad pública. Es la única enfermedad que la humanidad ha conseguido borrar de la naturaleza. Fue en mayo de 1980. La Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó la eliminación de la viruela y se ganó esta batalla que a finales del siglo XVIII acabó con la vida de 400.000 europeos al año, y un tercio de los supervivientes quedaron ciegos o con importantes cicatrices. La OMS lanzó una campaña mundial de vacunación en 1967, mediante la cual consiguió la erradicación de la viruela en 1977. Tres años después, el organismo mundial recomendó a todos los países que dejaran de vacunar, por lo que desde el inicio de los años 80 no se administran más dosis a la población. En España, la vacunación antivariólica fue obligatoria desde 1903 hasta 1979. Sin embargo, dado que los últimos casos ocurrieron en 1954, que sólo hubo un brote a partir de un caso importado de la India en 1961 y que la vacuna tiene una elevada tasas de reacciones adversas, desde comienzos de los años 70 la cobertura de vacunación fue disminuyendo hasta desaparecer. El Servicio de Epidemiología de la Junta de Castilla y León no dispone de estadísticas del año en el que se produjo el último caso de viruela en León, aunque su responsable cree que los datos de la provincia coinciden con los del resto de España. La mayoría de la población española es susceptible a la enfermedad. Las personas menores de 20 años nunca fueron vacunadas. Si no se hubiese erradicado, los últimos 25 años podían haber supuesto unos 300 millones de nuevas víctimas y unas 100 millones de muertes. A pesar de que la OMS recomendó la destrucción del virus de la viruela, dos lugares en el mundo siguen almacenándolo: los centros para el Control de las Enfermedades de Atlanta (Estados Unidos) y el Instituto de Preparaciones Virales de Moscú (Rusia). Miedo terrorista Existe preocupación política y sanitaria por la posibilidad de que grupos terroristas tengan acceso a los recursos de armas biológicas. Por ello, los gobiernos de todo el mundo están evaluando de nuevo sus capacidades para hacer frente a la amenaza del resurgimiento de la viruela. Si se usase como arma biológica, la viruela supondría una grave amenaza. La alta tasa de mortalidad de la infección en un mundo en el que el avance tecnológico permite la fácil mobilidad de sus habitantes de unos países a otros, permitiría la rápida expansión. A finales del 2002, antes de la invasión de Irak, el presidente Bush anunció el programa de vacunación contra la viruela, que pedía a los miembros de «Equipos de respuesta a la viruela» a que fueran vacunados de manera voluntaria contra la enfermedad para que de esta manera pudieran ser movilizados para asistir en caso de un brote. Al mismo tiempo, el gobierno de Estados Unidos. solicitó una estrategia voluntaria para civiles en dos fases. En la primera fase, aproximadamente 450.000 trabajadores de emergencia y de atención médica recibirían la vacuna, seguido de una segunda ronda que cubría hasta 10 millones de los llamados «primeros respondientes» en caso de un ataque bioterrorista. Pero la iniciativa resultó un fracaso y pocos fueron los militares y trabajadores que decidieron vacunarse. Investigadores estadounidenses están probando un nuevo tipo de vacuna contra la viruela que, según datos procedentes de ensayos en fases I y II, no presenta efectos secundarios graves. Así lo han anunciado los propios científicos en el marco de la reunión anual de la Sociedad Americana de Microbiología contra el Bioterrorismo, que se celebró en mayo en Baltimore (Estados Unidos).

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