sábado 24/10/20
Proyecto editorial

Las abuelas que rompieron el molde de mujeres sumisas a base de coraje

Marian Álvarez y Lorena Carbajo tienen sus raíces en la vega del Esla. Sin conocerse, sus caminos se han cruzado en ‘Nietas de la memoria’, un proyecto editorial que empezó con un libro hecho por diez periodistas en torno a la figura de sus abuelas y sigue vivo en una versión digital.
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Marian Álvarez, periodista leonesa que ha rescatado la memoria de sus abuelas Lorenza y Luz con la ayuda de su madre Angelines. DL

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‘Nietas de la memoria’ es una obra hija de diez periodistas que se conocieron en torno a la movilización Las Periodistas Paramos en torno al fulgurante 8-M de 2018. Y nace de los primeros una editorial novel, Bala Perdida, que la leonesa Lorena Carbajo, que tiene en Villaquejida, en la margen derecha del Esla, el linaje familiar.

Muy cerca, en ambas orillas, se asientan los orígenes de la periodista Marian Álvarez, una de las autoras que ha buceado por la memoria familiar en busca del legado de sus abuelas. Entre Villarrabines, Villademor y Villibañe, pueblos que Google no sabe cómo se escriben; entre Valencia de Don Juan y Barakaldo, donde ella nació, desteje el tiempo para tejer la historia de Lorenza y de Luz, sus abuelas.

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Angelines, la madre, es otra pieza principal en el relato. Hilo conductor y transmisora de recuerdos de aquel tiempo en que la abuela materna, huérfana, analfabeta y pobre, que a los doce años se convirtió en la criada de las Nemesias de Villademor...

El libro surgió al calor de unas movilizaciones en las que se barruntaba mucho camino por andar para las mujeres. En el fragor del debate por Telegram surgieron las abuelas como ejemplo palpable y cercano de lo mal que lo pasaron las generaciones anteriores, explica Lorena Carbajo. Se encendió la chispa y «decidieron hacerlo».

Las ‘nietas’ son las periodistas feministas Carolina Pecharromán, Concha San Francisco, Cristina Prieto, Isa Gaspar, María Grijelmo, Isabel Donet, Noemí San Juan, Sara Plaza, Marian Álvarez y Carmen Freixa.

Se pusieron a investigar y a escribir sobre las vidas de esas mujeres que «en su día no significaron oficialmente nada y lo fueron todo para sus familias», muchas veces silenciadas cuando no menoscabadas, «que pelearon contra mil dificultades en la Guerra Civil y en el inmenso páramo que la siguió», como señala la editora.

Así tomaron forma y salieron de las sombras las ancestras. En diez relatos de inspiradores nombres y señales: La abuela Juana, La memoria del vacío; La hija del chocolatero, María; Respirar sin aire, Vidámia, Y nos tocó crecer, María. La mala guerra; Molinos, tejares, mandiles y pañales; Lola y Benita; Las cartas perdidas y Flores de papel.

DL29P34F7-17-53-59-6DL29P34F9-19-51-05-7 La editora, Lorena Carbajo, fundadora de Bala perdida, también tiene raíces leonesas a la orilla del Esla. DL

«Me encantó el proyecto porque siempre quise hacer algo en torno a las abuelas», comenta esta emprendedora del mundo editorial que bautizó su sello conla traducción al español de la canción Like a rolling stone, de los Rolling, en honor a su padre. Así que unas genealogías y otras se han cruzado en esta publicación de portada morada a la que la legendaria periodista Carmen Sarmiento, referente para varias generaciones de periodistas,sobre todo mujeres, puso la guinda con el prólogo.

«Es el retrato de una España en blanco y negro en la que sus mujeres, fundamentalmente nuestras abuelas, iban vestidas de negro durante toda su vida. Algunas llegaron incluso a casarse de negro», destaca la periodista al repasar las penurias de la Guerra Civil en sitios como Badajoz, donde aparte del saqueo de las casas los perdedores vieron cómo los soldados violaban a las mujeres y los obstáculos que tuvieron que remover para romper el doble control político y moral a que fueron sometidas durante la dictadura.

Como ella misma hizo colando en reportajes de Informe Semanal temas como el aborto o la biografía de María Telo, incansable defensora de los derechos jurídicos de la mujer en España que le costó hacer otro en compensación sobre Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina.

«Ha sido un viaje por la memoria y un cúmulo de sensaciones», señala la autora. Como integrante de la generación del baby boom había oído algunas historias de las abuelas, retazos que «te ponían los pelos de punta» cuando hablaban «escogiendo lentejas en la mesa camilla» y de vez en cuando soltaban aquella frase memorable: «¡No sabéis lo que tenéis!».

Era que tocaba
«Las mujeres vivían de desgracia en desgracia y se lo tomaban como algo normal»

«Entonces era tan normal que tuvieran 10 o 16 hijos y otras cosas que ahora serían un escándalo. Las mujeres vivían de desgracia en desgracia y se lo tomaban como algo normal», señala Marian Álvarez.

En el recorrido, que ha supuesto una laboriosa investigación familiar, ha descubierto que «eran más fuertes, más resilientes y valientes de lo que me podía imaginar. Superaron momentos de pérdidas de hijos, maridos y otras desgracias...», subraya.

Valores
«Eran más fuertes, más resilientes y más valientes de lo que me podía imaginar»

Fueron mujeres que entendieron la sumisión impuesta como «algo que tenía que ser así», vivían en un ambiente social en que para abrir una cuenta tenía que contar con el permiso del marido, pero que en muchos casos «trabajaban a nivel privado para tomar sus trozos de poder». Así fue con sus abuelas: «En mi familia tuvieron ‘mucha suerte’, han sufrido el machismo a nivel social pero no tanto a nivel privado». Recuerda, por ejemplo, que su abuelo «no cogía de la mano a sus hijos en público» por no romper la imagen de seria autoridad, pero se informó sobre la fecundidad y transmitió el método Ogino a su mujer y luego a los hijos. «Muchas fueron amadas por sus maridos, lograron ascender socialmente gracias al trabajo y en algún caso también a la educación y a nivel privado muchas llevaban las riendas», puntualiza.

Las mujeres no tenían poder político ni social. «Lo más público a lo que accedían en un pueblo como Villademor era el lavadero» que se convirtió en un espacio de complicidad y apoyo entre ellas en muchas ocasiones. «Aquellas vidas ahora nos parecen de novela» porque la realidad, siempre, supera a la ficción.

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Villademor. DL
Niñas en el lavadero de Villademor. DL

Las abuelas que rompieron el molde de mujeres sumisas a base de coraje
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