lunes. 30.01.2023
                      Francisco posa sus manos sobre el féretro de Benedicto XVI. VATICAN MEDIA
Francisco posa sus manos sobre el féretro de Benedicto XVI. VATICAN MEDIA

Con la poderosa imagen de Francisco posando sus manos sobre el féretro de su predecesor, Benedicto XVI, tras el funeral concluye la «época de los dos papas», en la que después de un primer momento de sorpresa se consiguió un importante equilibrio entre las dos áreas de la Iglesia, una más progresista y la otra conservadora. Ahora, tras la muerte del emérito, se abre una nueva fase del pontificado.

Francisco siempre apreció la presencia de Benedicto XVI, que «en silencio todos estos años sostuvo la Iglesia», que era como «un abuelo en casa» y que cuando los miembros del ala más conservadora intentaron «utilizar» al papa emérito contra Jorge Bergoglio, fue el mismo Joseph Raztinger quien los frenó.

«La contingencia histórica que ha visto coexistir a dos sucesores de Pedro al mismo tiempo ha configurado una situación institucional inédita para la Iglesia, que también puede ser delicada. Tal vez alguien pensó en aprovecharse de ello, y tal vez incluso trató de sembrar la confusión. Pero no tuvo éxito en su intento...», resume el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, en una entrevista publicada por el diario Corriere della Sera.

Para Massimo Franco, gran estudioso del papa emérito, periodista y autor de Il Monasterio, sobre esta inédita convivencia, el «inicio de la segunda fase del papado de Francisco» ha comenzado ahora, con las palabras del histórico secretario del emérito, monseñor Georg Gänswein, en una entrevista con el diario alemán Die Tagespost.

La «tregua» de estos años parece romperse cuando el que fue el hombre más cercano a Joseph Ratzinger habla en este medio de un «punto de inflexión» en las relaciones con Jorge Mario Bergoglio en 2021: el año en que Francisco puso varios obstáculos para la celebración de la misa con el rito en latín, anterior al Concilio Vaticano II. Para celebrar la misa «tridentina» era necesario pedir permiso al obispo.

Eso supuso para el emérito «un dolor en el corazón», aseguró Gänswein, cuyas palabras han tenido una importante repercusión en los medios italianos.

«Y ahora que Benedicto ha muerto, uno se pregunta si está a punto de comenzar una temporada de confrontación más dura entre los diversos sectores de la Iglesia, de abierta crítica a algunas elecciones del pontífice argentino y de enfrentamiento final con don Jorge», quizás también utilizando su última entrevista con el diario alemán, añade Franco en Corriere della Sera.

Franco había adelantado en una entrevista a Efe que «ahora que no está Benedicto se multiplicarán los rumores de dimisión y las maniobras para preparar el próximo cónclave».

El diario La Repubblica argumenta que «para los círculos conservadores y tradicionalistas, la personalidad de Joseph Ratzinger se ha mantenido como un baluarte para frenar las propuestas de Bergoglio» y «ahora se sienten huérfanos», pero también más libres.

Incluso Il Messaggero, el único diario que lee el papa Francisco, tituló ayer que la «guerra de las corrientes ya ha empezado».

«Una vez concluido el entierro del apacible Benedicto XVI en las Grutas vaticanas, hay quienes en el Vaticano prevén que comenzarán los problemas para el papa Francisco, porque el mayor riesgo ahora será el de encontrarse frente a frente con una Iglesia menos compacta, atravesada por microfracturas, con cismas más o menos progresivos», añade.

Los dos ejemplos claros en esta nueva batalla entre facciones son el de la iglesia alemana, donde el proceso sinodal iniciado hace tres años por los obispos se está convirtiendo en movimiento revolucionario que espera que Francisco acabe con el celibato de los sacerdotes o apruebe la ordenación de mujeres, así como la introducción de la bendición de las parejas homosexuales.

En el lado contrario, el sector conservador toma fuerza en Estados Unidos, donde el «New York Times» se hizo eco de la oposición a Francisco con un artículo titulado «Para los católicos conservadores en los Estados Unidos, la muerte del papa Benedicto es la pérdida de un héroe».

El funeral

Una muchedumbre de 50.000 personas dio su último adiós a Benedicto XVI, en la misa de exequias presidida por Francisco en la plaza de San Pedro. Además de los fieles y de los dirigentes de la Curia, mandatarios políticos e institucionales 14 países, así como representantes de España estuvo representada en la ceremonia de proyección global por la reina Sofía; el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, responsable en el Gobierno de las relaciones con la Iglesia; el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Juan José Omella; y la embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá. Bolaños elogió el legado de Benedicto XVI y puso de relieve su «vocación intelectual», así como su «ejemplo de valentía, generosidad y discreción», virtudes que consideró distintivas de los ocho años en que rigió los destinos de la Iglesia.

Junto a la reina Sofía hicieron también acto de presencia en la plaza de San Pedro Felipe y Matilde de Bélgica. Los monarcas que viajaron hasta Roma para despedir a Benedicto XVI iban vestidos de luto riguroso y ocuparon los asientos reservados en primera fila de las exequias, al lado del altar derecho del altar y a los pies de la basílica.

Al no tratarse de un funeral de Estado como tal, las autoridades que se personaron en la Santa Sede lo hicieron a título personal, salvo las delegaciones de Italia y Alemania.

Acaba la era de dos papas
Comentarios