lunes 18/10/21

De agricultor en Los Oteros a artesano de la madera

Gregorio Mendoza, un labrador jubilado de 80 años de Cubillas de los Oteros, elabora manualmente sesenta piezas de herramientas de labranza de madera en miniatura. De su tiempo en el campo, recuerda especialmente la dureza del trabajo. A día de hoy dedica su tiempo a estar con su familia y a seguir sumando piezas a su gran colección artesanal.
Gregorio Mendoza Nava con sus miniaturas de aperos de labranza en Cubillas de los Oteros. F. Otero Perandones.
Gregorio Mendoza Nava con sus miniaturas de aperos de labranza en Cubillas de los Oteros .FERNANDO OTERO

Un leonés de 80 años crea 60 figuras herramientas de labranza en miniatura de madera en Cubillas de Los Oteros.

Este hombre, llamado Gregorio Mendoza, cuenta que se trata de un hobbie que empezó hace años en sus ratos libres porque siempre se dedicó al campo.

“Comencé a elaborar miniaturas cuando me jubilé. A los 61 años dejé de trabajar y empecé a centrarme más en estas figuras porque tenía que hacer algo y siempre me habían llamado la atención estas cosas. Por eso empecé a hacerlo”, cuenta Mendoza.

Cuando trabajaba, Mendoza se dedicaba a labrar las tierras, una tarea que realizó desde niño. “Yo fui labrador toda mi vida. Trabajé siempre en las tierras de mi pueblo y de la zona en Cubillas. Después a los 30 años me casé y tuve tres hijas mayores”, señala el artesano leonés.

Sobre su labor en el campo, recuerda especialmente la dureza del trabajo, aunque la tarea se hizo más sencilla cuando empezaron a modernizarse las tareas.

“La tarea en el campo era muy penosa. Empecé a trabajar a los 10 o 12 años, no recuerdo bien. Yo era el mayor de cinco hermanos y tenía que hacer de todo. Posteriormente, cuando tuve 28 años, el campo comenzó a modernizarse y pude comprarme un tractor, que facilitó las cosas. Además, tuve vacas, pero siempre trabajé solo con mi hermano porque todos mis hermanos marcharon salvo uno que volvió después al pueblo”, narra Mendoza.

En cuanto a las miniaturas, Fernández afirma que empezó a pensar en ellas antes de terminar a trabajar, pero comenzó a dedicarse más en serio cuando pudo jubilarse.

“Las miniaturas fueron antes de dejar de trabajar. Yo cosechaba remolacha y en los inviernos no tenía que hacer, por lo que decidí empezar a dedicarme a algo. El tiempo en invierno se hace más largo sino haces nada. Entonces fue cuando hice mis primeras tallas, pero hasta que no tuve la jubilación no me dediqué enteramente a ello”, apostilla.

La colección de figuras cuenta con 60 piezas únicas elaboradas con sus propias manos a base de madera.

“Algunas miniaturas fueron más difíciles de hacer y requerían más trabajo. Yo le echaba mucho tiempo por la noche y también por el día. A veces daba un paseo para despejarme y después me metía en el taller a trabajar. He echado muchas horas. Además, como no contabac con mucha herramienta, pues lo hacía a navaja y con cuatro utensilios de bricolaje que tenía”, anota.

“Nadie me enseñó a hacerlo. Todo lo hice basándome en las piezas que había heredado y tenía. Cogía un utensilio, lo estudiaba y lo copiaba con las herramientas que me habían dado”, agrega.

La colección de miniaturas es un trabajo artesanal en el que cada figura posee una enorme precisión y detallismo. A pesar de ser un trabajo laborioso, nunca ha pensado en exponerlo.

“Es un hobby que hago por diversión y solo lo ha visto mi familia y seres queridos, pero mi hermana ahora quiere exponerlo”, concluye.

Por su parte, su hija Camino Mendoza, cuenta que recuerda ver a su padre trabajar mucho, aunque la llegada de los avances del regadío a la zona facilitó la tarea. “Cuando yo era pequeña todavía no había regadío y el que había en la zona era con pozos. Recuerdo cuando se iba a regar. Hace 40 años en el invierno se cultivaba en esta zona la remolacha y se sacaba en unas condiciones infrahumanas, no como ahora que hay maquinaria. Yo recuerdo ir a llevarle la comida y estar siempre trabajando. La gente de la zona trabajó muchísimo. Cuando llegó el regadío fue un adelanto tremendo”, señala su hija.

A pesar de que hubo una canalización del regadío hace 30 años, en la segunda fase de desarrollo Gregorio ya estaba jubilado. “A mi padre le pilló una época de desarrollo agrícola muy importante, pero no los cambios que hay ahora. No le tocó lo duro de los años 50—ya que nació en 1940 — , pero tenía vacas y había que atenderlas. Era un trabajo los 365 días del año”, cuenta Mendoza.

Además, Camino Mendoza señala que “su padre siempre fue muy manitas”, por lo que no solo ha hecho las miniaturas sino muchos muebles en madera y juguetes para las muñecas. “Cuando era la época de La casa de la pradera nos hizo un carro como los del lejano Oeste para las muñecas. Además, en los últimos años talló una cuna para el ‘nenuco’ de mi hija y un baúl para la otra para meter disfraces”, señala.

Por el contrario, las miniaturas las empezó a hacer cuando se jubiló porque se vio con mucho tiempo libre, aunque siguió vinculado al campo, ya que sigue cuidando su huerta particular.

De agricultor en Los Oteros a artesano de la madera
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