viernes 27/5/22
                      Residuos de plásticos y madera en Alegranza. JORGE CÁCERES
Residuos de plásticos y madera en Alegranza. JORGE CÁCERES

¿Qué pintan en una isla deshabitada de Canarias 14 etiquetas identificativas de trampas para langostas con licencias de Estados Unidos y Canadá? ¿Por qué sus calas, que no pisa un solo turista, están cubiertas por decenas de botellas de agua de marcas que solo se consumen en países de Asia?

Situada más al norte que cualquiera de las demás islas de Canarias, dentro de la mayor reserva marina de Europa, el Parque Natural del Archipiélago Chinijo, Alegranza es un reducto clave para la supervivencia de varias aves protegidas como el águila pescadora, el paíño de pecho blanco, la pardela cenicienta o el halcón de Eleonora; una joya de solo 10 kilómetros cuadrados que se ve castigada como pocas en el mundo por la plaga del plástico.

Un informe de una veintena de investigadores de EE UU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Indonesia difundido en 2020 por Science estimaba en unos 23 millones de toneladas la cantidad de plástico que cada año reciben los océanos y advertía de que probablemente esa cifra se va a duplicar con creces en esta década y rebasará los 53 millones de toneladas en 2030, incluso teniendo en cuenta los ambiciosos planes anunciados por algunos países para reducir su uso.

El problema de Canarias en la amenaza global que representa semejante volumen de contaminación a la deriva en los mares es su posición en el mapa o, más concretamente, en la dinámica de corrientes que conforman el gran giro oceánico del Atlántico: por efecto de la Corriente de Canarias y de los vientos Alisios, lugares protegidos como Alegranza son, a su pesar, «puntos calientes» de concentración de basura de la procedencia de más variopinta. Tres investigadoras de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), con apoyo de la organización ecologista WWF y el Instituto de Formación Profesional Marítimo Pesquera de las islas, han realizado por primera vez un inventario de los residuos que depositan las mareas en Alegranza, en particular en lugares como Caleta de Trillo, donde la Corriente de Canarias choca por primera vez en cientos de kilómetros con un obstáculo físico.

Su resultado lo publica este mes la revista Marine Pollution Bulletin: de julio a octubre de 2020, los participantes en este proyecto recogieron en los 100 metros de longitud que tiene esa cala del norte de Alegranza 321 kilos de basura marina, sin contar restos de madera, de los que el 97,7 % era plástico.

En sus seis desplazamientos a la isla para recoger basura, retiraron 930 botellas de bebidas, 647 tapones de botellas, 144 botellas de productos de limpieza, 28 mecheros, un millar de fragmentos de plástico... Eso, entre los residuos de objetos de uso «doméstico», pero también 448 cabos, 135 fragmentos de poliespán, 96 boyas, 21 cajas de pescado, 16 redes, 37 listones de cultivos de mejillones o 14 etiquetas de trampas para langostas. Uno de cada cuatro objetos recogidos en esa masa de residuos eran botellas de plástico (el 25,4 %). Y la segunda es el origen esas botellas: en dos de cada tres casos (66 %) en los que se conservaba la etiqueta y esta era legible, pertenecían a fabricantes de Asia.

Alegranza: un paraíso lleno de basura
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