martes 26/10/21
Primer permiso con Cáritas

«Dos años sin salir de prisión y la calle parece de otro mundo»

Cuatro reclusos de la cárcel de Villahierro cuentan en este reportaje sus primeros permisos penitenciarios en el piso de acogida que gestiona Cáritas y los cambios a los que se enfrentan.
                      Un recluso lee durante su tiempo libre. FERNANDO OTERO
Un recluso lee durante su tiempo libre. FERNANDO OTERO

El tiempo se paraliza tras pasar el umbral de la cárcel, con protocolos estrictos. «Estar dentro de un módulo de 4x4 no es fácil, entre cuatro paredes. Allí no hay dinero, no tienes contacto con el exterior, pierdes todas las referencias y los paseos se reducen a lo que podemos caminar en el patio». El primer permiso penitenciario tras dos o tres años de reclusión es el que más impacto provoca en los reclusos. «Me sentí muy inseguro. Nunca había visto antes los patinetes por la calles que me adelantaban y pasaban tan cerca de mí. Me sorprendió ver a tanta gente caminando por la calle con la cabeza mirando hacia abajo, usando un móvil que yo no sé manejar porque el que tengo es tan básico que nada tiene que ver con los que hay ahora. Un wasap resultan sorprendente. Hay mucho ruido en la calle y me salieron ampollas en los pies cuando recorrí distancias cortas». La experiencia es similar para las cuatro personas que participan en este reportaje, que disfrutan de una salida con acompañamiento en el piso de acogida y tutela de permisos penitenciarios de Cáritas, financiado por la Gerencia de Servicios Sociales y fondos propios de la institución eclesiástica. Este programa acoge a unas cuarenta personas en su centenar de días de permisos anuales durante cuatro días de lunes a viernes e incluyen una programación de ocio y actividades marcada por el acompañamiento de un grupo de 19 personas voluntarias en turnos de mañana, tarde y noche.

Reportaje de la casa de acogida de hombres del entorno penitenciario de Cáritas. F. Otero Perandones.

El personal voluntario duerme en la casa. FERNANDO OTERO

C.R.M. tiene 44 años. Lleva cuatro años y medio en prisión y todavía le queda por cumplir una condena de tres años. A la pregunta por separado de por qué están en prisión la respuesta es unánime: «Por las malas decisiones de la vida».

Disfrutan de uno de los primeros permisos que se retoman en la prisión después de las restricciones de la quinta ola de la pandemia. A veces el juez decide que pasen esos días fuera de la cárcel en una pensión. «Yo prefiero venir a este piso antes que ir a un hostal. Aquí tengo ayuda y acompañamiento si necesito algo porque los voluntarios nos apoyan mucho». Delante está Alfonso Alonso, voluntario en este recurso desde hace diez años. «Nosotros asistimos, les acompañamos y hablamos con ellos. Esta normalidad que se encuentran les sorprende porque están en un ambiente más cercano. Son unos auténticos maestros porque viven situaciones muy extremas. En el piso convivimos y salimos con ellos a la calle, hacemos las gestiones y las compras que necesitan, comemos juntos y ellos realizan sus tareas. Mucha gente me pregunta si no tengo miedo de dormir aquí con ellos. Duermo estupendamente, me siento incluso protegido». El requisito para disfrutar de este recurso es que sean convivientes en el mismo módulo. Su salida se vota en la junta penitenciaria y está aprobada por el juzgado.

Distintos perfiles

Eva Gómez Viñuela, técnica del programa penitenciario de Cáritas. asegura que ninguno cumple condenas por delitos que causen alarma social. «En la prisión hay muchos perfiles de personas. Cualquiera puede acabar allí, depende de las cartas que te toquen. Si han cometido un delito, por el que ya están juzgados, no significa que puedan cometer todos los demás. Estar en prisión también es un trabajo personal que tiene que hacer cada uno. Lo importante es que les sirva y que salgan reforzados».

Reportaje de la casa de acogida de hombres del entorno penitenciario de Cáritas. F. Otero Perandones.

En la terraza común del piso de acompañamiento. FERNANDO OTERO

«En la prisión me di cuenta de que había cometido un error en mi vida». A.C.P.S. tiene 29 años. Este leonés está en la cárcel de Villahierro pero inició su condena en Barcelona. «Dicen que la cárcel tiene muchas cosas malas, pero para mí tiene también muchas cosas buenas. Se piensa mucho y si quieres avanzar puedes participar en cursos y prepararte para cuando sales. Yo he hecho dos cursos y trabajo allí en la panadería. Casi todos tenemos algún trabajo dentro. Nos dan una retribución entre los 100 y los 400 euros, depende de tu producción». Pero los 400 euros no se cobran en dinero. El objetivo de estos trabajos es crear un hábito laboral y ocupar el tiempo. «Si no tienes trabajo le das mil vueltas al patio y te comes el coco».

«Dentro de la cárcel piensas mucho», continúa C.R.M. «Tomé decisiones que no debía y nunca pensé que me llevaría a estas consecuencias tan graves. Cuando termine mi condena quiero volver a mi país» —nació en Holanda, de madre venezolana y padre leonés— «pero me gustaría encontrar antes trabajo aquí, soy mecánico, aunque tendré que reciclarme cuando salga. Soy consciente de que tengo que ser muy prudente para no volver a cometer los mismos errores que me llevaron a prisión. Tengo miedo de volver a equivocarme».

Más libertad

La prisión tiene unas reglas estrictas que desaparecen en los permisos. «Aquí hay libertad. Tenemos horarios, pero decido lo que como y lo que hago». Y A.R.M. aprovecha para comer huevos fritos. «En prisión no nos dan huevos fritos». O meterse en una bañera llena de agua caliente. «Allí hay duchas».

J.M., de 42 años, lleva en prisión 12 años. Primero ingresó en la cárcel de Palencia y después lo trasladaron a León. «Tengo una discapacidad y hace dos años que disfruto de estos permisos. Cuando salgo desconecto de todo y gracias a Cáritas puedo disfrutar de estos permisos».

J.B.V. tiene 62 años. Ya ha cumplido dos años de los cuatro que le impuso el juez. «Soy capitán de marina mercante y mecánico naval. He viajado por medio mundo. Tengo a mi familia repartida entre Ceuta y Marruecos, una familia multicultural. Para mí estar en la cárcel es una experiencia. Aportas y coges. En la cárcel estás mal, todo es muy estricto. Los voluntarios aquí son gente preparada que nos escucha. Soy jardinero en prisión y estoy más al aire libre, por eso me sorprende menos cuando salgo fuera, Ahora me estoy sacando el carné para conducir un camión porque hay mucho trabajo de camionero, lo he leído en el Diario de León».

Los programas de Cáritas

Además del piso de acogida, Cáritas tiene otros programas en el entorno penitenciario. El programa Paquetería media entre las familias y las personas internas paquetes con ropa y calzado. A través de una persona voluntaria, Cáritas recepciona, revisa y prepara el paquete para su posible entrega en el centro.

En el año 2019, con cargo al IRPF estatal y fondos propios de la entidad, se puso en marcha el programa ‘Acompañamiento integral de personas reclusas y ex reclusas’ con la idea de dar apoyo en el interior y exterior de prisión, como la acogida, la información y orientación sobre recursos, la realización de talleres de desarrollo personal, orientación laboral y habilidades sociales en el interior del centro, que contribuye a mejorar su expectativas de inserción. Cáritas da apoyo en las libertades definitivas, especialmente en aquellos casos que carecen de una red socio familiar, con el acceso a recursos básicos, trámites o búsqueda de vivienda.

«Dos años sin salir de prisión y la calle parece de otro mundo»
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