lunes. 28.11.2022
                      Mª Luisa Segoviano visitó la exposición ‘Visible lo invisible’ del Ciami en Educación. FERNANDO OTERO
Mª Luisa Segoviano visitó la exposición ‘Visible lo invisible’ del Ciami en Educación. FERNANDO OTERO

María Luisa Segoviano (Valladolid. 1950) es la primera mujer en presidir una sala, la de lo Social, en el Tribunal Supremo en sus más de 208 años de existencia desde que fue creado por la Constitución de Cádiz de 1812. Se acaba de jubilar hace un mes y ayer participó en León en el ciclo Conversaciones sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible organizado por la Defensoría de la Comunidad Universitaria y recibió el premio Diversa e Igual de la Universidad de León.

—¿Cómo ha evolucionado la mujer en el mundo laboral a tenor de los asuntos que llegan al Tribunal Supremo?

—Hoy día hay un acceso masivo de la mujer en el trabajo, pero subsiste la brecha salarial. No hay ningún convenio que diga que a un técnico se le paga más que a una técnica. Lo que suele pasar es que en los convenios colectivos se contemplan determinadas profesiones, sobre todo muy feminizadas, que siendo el trabajo de igual valor que otras profesiones más masculinizadas, tienen un salario inferior. Se dan pluses por un trabajo de fuerza y que tiene muchas exigencias físicas y no por habilidad o delicadeza.

—¿Ha visto algún caso significativo?

—Una empresa de hostelería decidió dar un plus voluntario a sus trabajadores y estableció una cantidad muy elevada a los camareros y a los cocineros. Pero a las camareras de piso o limpiadoras les daba una cantidad ridícula. La empresa no pudo justificar ese trato desigual, aunque llegó a decir que se pagaba más a los camareros porque hablaban idiomas, pero ¿y los cocineros? ¿con quién hablan?. Además las camareras de piso también tenían que hablar con los clientes. La empresa llegó a plantear retirar la paga, pero no podía. Hemos tenido varios asuntos parecidos.

—¿Han tenido casos de acoso sexual en el ámbito laboral?

—A la sala de lo Social del Supremo, en los años que yo llevo, que son 16, no han llegado. Posiblemente llegan a la vía penal. Sí que nos ha llegado algún asunto en el que la trabajadora había alegado acoso sexual, pero que se había visto en vía penal.

—¿Qué porcentaje de demandas por discriminación llegan entre todos los asuntos?

—Porcentaje no sé, pero sí ha habido demandas por discriminación muy importantes que afectaban a un gran número de trabajadores y fueron planteadas por los sindicatos por vía de conflicto colectivo. Un caso que recuerdo es el de unos grandes almacenes donde fue fundamental la labor de la Inspección de Trabajo. El número de trabajadoras era muy superior (75%) al de trabajadores. Pero el número de jefes de planta era del 90% de hombres. Los criterios que había era que trabajaran a tiempo completo, hicieran horas extra y trabajaran en festivo y vimos que había una discriminación indirecta porque había trabajadoras con contratos a tiempo parcial para atender las responsabilidades familiares. La empresa hizo un plan de igualdad y parece que ahora está funcionando.

—¿La reforma laboral supone algún avance en cuanto a igualdad de género?

—Tenemos instrumentos legislativos fantásticos. Pero para llegar a la igualdad real y efectiva hacen falta más que leyes. Hay que aplicarlas y eso significa que toda la sociedad tengamos el valor igualdad como la guía y valor a respetar. Es clave que la igualdad se enseñe e inculque desde los primeros años y estadíos de la educación.

—En plena polémica por la ley del ‘solo sí es sí’, aunque no afecta a su ámbito jurisdiccional, ¿qué opina como magistrada?

—Las leyes son muy técnicas y a veces admiten más de una interpretación. Es lo que ha pasado con esta ley. Quizá haya una pacificación cuando por parte de la sala segunda se dicte una sentencia que interprete de una determinada la norma.

—Se ha dicho que hace falta formación en perspectiva de género en la judicatura...

—Rompo una lanza a favor del Consejo General del Poder Judicial porque tiene una enorme preocupación por la consecución de la igualdad real y por el enjuiciamiento con perspectiva de género. He dirigido muchos cursos sobre esto para jueces y magistrados. He participado también en muchos. La formación se ha intentado dar, que no se ha alcanzado... No siempre se alcanzan los medios.

—Machismo habrá porque esta ley sale de una sentencia tachada de machista, la de la Manada.

—No tengo nada que decir. Como he dicho, las leyes son interpretables, para eso están los recursos. En un recurso se dio otra interpretación y otra solución al asunto en el Tribunal Supremo. Yo diría que afortunadamente. En la sala cuarta, la Sala de lo Social venimos aplicando la perspectiva de género de manera natural a todos los supuestos que requieren que se aplique esa perspectiva. En la penúltima sentencia que he puesto, precisamente, he aplicado la perspectiva de género para calificar de enfermedad profesional la rotura del manguito de los rotadores del hombro izquierdo de una limpiadora, porque está profesión feminizada no está contemplada en el cuadro de enfermedades profesionales. Están contempladas otras masculinizadas, como los carpinteros. Unas y otras tienen los mismos requerimientos físicos: hacer movimientos repetitivos, levantar los brazos por encima de los hombros... De las limpiadoras, que además padecen muchas enfermedades relacionadas con las extremidades superiores, como vimos en sentencias que repasé para hacer esta sentencia, nadie había dicho que fuera enfermedad profesional. Y es que aunque no aparezca en el cuadro de enfermedades profesionales, si aplicamos la perspectiva de género, tan profesional es la enfermedad de la limpiadora como la que tiene el carpintero porque tienen un tipo de movimientos similares.

—Esta sentencia tan significativa, ¿debería ayudar a modificar el cuadro de enfermedades profesionales?

—Se que ese cuadro se está revisando porque hay una serie de enfermedades profesionales que no se contemplan, como son los trastornos psicofísicos. Se está tratando que sea más completo y se acerque más a la realidad.

—Durante la pandemia el teletrabajo se ha extendido mucho. ¿Ha ocasionado pleitos?

—Ha habido algún tipo de reclamación, pero la pandemia ha sido hace dos años y quizá tarde más tiempo. Nos ha llegado una debido a que a un grupo de trabajadores que estaban en el turno de noche no les abonó el transporte debido a que se trata de un complemento para compensar gastos porque por la noche no hay transporte público. Al estar en casa no se les pagó y se consideró que era adecuado porque esos emolumentos no son retribución del trabajo sino compensación de un gasto.

—¿Llegar a la cúspide en el poder judicial está complicado?

—Las mujeres somos el 54,6% de la carrera judicial. O sea, que hay más juezas y magistradas que jueces y magistrados. Y sin embargo, en la cúpula hay escasísima representación de mujeres. Se dijo que no tenían antigüedad las mujeres para llegar. Eso era antes. Ahora ya hay antigüedad sobrada. Hay varios factores. El mundo judicial es un reflejo de la sociedad y en las grandes empresas, en consejos de administración, encontramos poquísimas mujeres, a pesar de que la Ley Orgániza 3/2007 establece que en un plazo de ocho años, que ya han pasado de sobra, tenía que haber una presencia equilibrada de mujeres y hombres en estos foros de 40-60%. No se ha cumplido. En el mundo judicial pasa lo mismo. El valor igualdad no termina de incorporarse aunque se han dado pasos. Otro factor que me disgusta es que hay muchas veces que las compañeras no piden determinados puestos de libre designación porque piensan que no las van a nombrar y ellas mismas se autoexcluyen porque ven que se nombra a poquísimas mujeres o ninguna y presentarse supone un esfuerzo. Y luego hay otra cuestión, que es la más delicada, y es que cuando nos dedicamos a hacer curriculum fuera de la actividad profesional (libros, artículos, cursos..) muchas compañeras en esos años tienen que cuidar a sus hijos porque no hay una corresponsabilidad real.

—¿Qué significa el premio Diversa e Igual que le han dado en la ULE?

—Para mí es importantísimo y estoy emocionada porque me han dado otros premios, pero es el primero que me dan en mi tierra, en Castilla y León.

«La brecha salarial no se ve en las categorías de convenio sino en pluses»
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