martes. 31.01.2023
FORO INTERNACIONAL INVESTIGACIÓN MÁLAGA

Cada año se registran en España 1.000 casos de afectados por lesión medular El vehículo explorador Spirit descubre cenizas volcánicas en el planeta Marte El 20% de los niños son alérgicos, una incidencia que tiende a crecer Las bacterias pueden reducir la

Así se ha afirmado en el I Foro Internacional de Lesión Medular, celebrado en Toledo, en el que se abordaron temas de interés científico sobre las lesiones de médula espinal, las líneas de investigación o la prevención de complicaciones respiratorias y cuidados de úlceras por presión. La mitad de los afectados por lesiones medulares traumáticas se debe a los accidentes de tráfico y, el resto, a golpes, caídas, accidentes deportivos, zambullidas en el agua, enfermedades o causas congénitas. En cuanto a las edades, el 80% de las lesiones se producen entre los 16 y los 45 años. El hallazgo se produjo sobre una capa estratificada de rocas en las cercanías de una colina que los científicos han bautizado como «Columbia Hills». Según ha informado la Nasa, aunque las investigaciones para determinar la textura, mineralogía y química de las rocas estratificadas acaban de comenzar, todo parece indicar que esas rocas proceden de ceniza volcánica cuyos minerales fueron disueltos por la presencia de agua. Tampoco descartan que esos materiales volcánicos hayan sido transportados por el viento y depositados por el agua. Según se ha afirmado en el Congreso de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, celebrado en Málaga, el 20% de los niños españoles son alérgicos y con tendencia a seguir en aumento. Aunque la alergia infantil es similar a la de los adultos, su diagnóstico y evaluación son más complejos y, además, suelen coexistir varias enfermedades alérgicas (asma, rinitis, alergia a los alimentos). Entre el 6 y el 8% de los niños españoles tiene asma de origen alérgico y el 80% de los asmáticos lo son desde antes de los 6 años. La leche materna es uno de los mejores factores preventivos. Otro ejemplo de las posibilidades que ofrecen las bacterias se deriva del hecho de que tengan que luchar con otros microorganismos para conseguir las sustancias nutritivas que necesitan puede ayudar a reducir la gravedad de algunas enfermedades. En la investigación llevada a cabo se indica que cuando las bacterias están demasiado ocupadas en luchar contra otros microorganismos esto las impide causar enfermedades graves en el huésped. La vida de las bacterias puede ser muy violenta, pues en su agresivo comportamiento para luchar por los recursos limitados, se atacan unas a otras. Algunas células bacterianas llegan al extremo de autodestruirse con el fin de liberar toxinas que resultan mortales para sus competidores. El nuevo estudio ha arrojado más luz sobre los motivos de tal comportamiento, dañino tanto para los microorganismos causantes del mismo como para sus víctimas. El investigador Andy Gardner, del Instituto de Biología Celular de la universidad de Edimburgo, explica que al principio no es fácil ver cómo va a evolucionar ese comportamiento, porque las bacterias suicidas no dejan descendencia que transmita sus genes a las futuras generaciones. Pero se puede ver favorecido por el hecho de que los familiares de la bacteria, que también son portadores de sus genes, son inmunes a las toxinas. Al matar a sus competidoras, las bacterias suicidas benefician indirectamente a esos familiares, que transmiten los genes a las futuras generaciones. Esa estrategia es beneficiosa cuando las bacterias luchan con sus vecinas y se relacionan con una mezcla de bacterias afines y ajenas, pues eso significa que ambas son víctimas de las toxinas. La eliminación de la competencia tiene además la ventaja añadida para el huésped de que, al reducirse la proliferación de las bacterias, se reduce la gravedad de los síntomas de la enfermedad.

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