lunes. 28.11.2022

El estudio indica que el cambio de hábitos, la pérdida de relaciones sociales, la sobreexposición a las pantallas y la convivencia con la enfermedad, el dolor y la muerte de seres queridos ha causado trastornos mentales al 4% de todos los chicos de 4 a 14 años y trastornos de conducta al 7%. El cuádruple y el triple, respectivamente, que en 2017, cuando se cerró la última encuesta oficial de salud. La cara más dura de esta situación la dibujan el 3% de niños, sobre todo mayores de 12 años, que han tenido pensamientos suicidas y los 61 menores de 14 años que se quitaron la vida en 2020. El rostro menos severo, pero también preocupante, son el 30% de chicos, casi el doble que antes de la pandemia, a los que sus padres ven infelices: aislados, poco comunicativos, sin ganas de jugar, inquietos, desanimados o llorosos.

Anomalía
Los diagnósticos médicos de trastornos mentales y de conducta han disminuido

Además de las estrecheces familiares, hay otra serie de aspectos que aumentan el padecimiento de estas patologías mentales, como el consumo de tabaco, drogas o alcohol, el maltrato, la violencia de género, los abusos sexuales y de forma especial el bullying, que multiplica por 2,5 las posibilidad de enfermedad e ideaciones suicidas.

Save the Children lanza una alerta a las autoridades porque su estudio, además del grave problema de salud, ha detectado falta de medios en el sistema sanitario español, en muchos casos colapsado para atender los padecimientos mentales de los menores, y, lo que es igual de malo, la falta de sistemas y protocolos de detección temprana para evitar casos más graves o crónicos.

Según detalla Andrés Conde, director general de Save de Children durante su intervención, «la anomalía» que se ha detectado «es que, sin embargo, los diagnósticos médicos de trastornos mentales y trastornos de conducta han disminuido muy significativamente». «Nos tiene que preocupar», manifestó.

Cambios de hábitos y pérdida de relaciones sociales
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