miércoles 22/9/21

Ciento un años de una escuela rural

Sigue abierta la escuela diseñada por Manuel de Cárdenas y construida por Filiberto Reinoso en 1920 en Fresno de la Vega
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Alumnas de la escuela de Fresno de la Vega, con su maestra, Daniela García, en la primera etapa del nuevo edificio. DL

Fresno de la Vega, la antigua Villa Fraxino romana en la fértil vega del Padre Esla, durante el siglo XVIII ya contaba con escuela donde un maestro pagado por el Concejo enseñaba a leer, escribir y contar.

Un siglo después, Madoz deja constancia, en el año 1850, de una escuela de primeras letras dotada con 1500 reales, a la que asisten 150 niños.

En esas fechas, es ya importante el número de escuelas de la provincia de León, 807, cifra que, dos décadas después, consigue un espectacular aumento a 1309, fruto de la Ley Moyano de 1857; de este modo, la provincia de León se sitúa en el primer lugar entre todas las del país por el elevado número de escuelas públicas que tiene.

A pesar del puesto de privilegio, durante todo el siglo XIX y primeras décadas del XX, existía un grave problema con los edificios escolares de las zonas rurales, ubicados en locales habilitados al efecto que no reunían las condiciones mínimas de higiene, salubridad y habitabilidad.

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La escuela de Fresno de la Vega diseñada por el arquitecto Manuel de Cárdenas y construida por Filiberto Reinoso. DL

Cuando en 1908, el arquitecto provincial Don Francisco Blanch y Pons (Manresa 1846-1914), visita la escuela de Fresno no se encuentra con una situación mejor, como dejará expresado en la memoria descriptiva: «Se impone forzosamente la construcción de un nuevo edificio de escuelas porque las que existen en una propiedad del Ayuntamiento en la Plaza Mayor, no reúnen las condiciones que la higiene y la pedagogía requieren, máxime cuando la villa aumenta de vecindario y hay que atender a las necesidades del porvenir».

Este es el punto de partida para la construcción del nuevo edificio. El camino será largo y con obstáculos. Unas veces, ocasionados por la burocracia; otras por la naturaleza.

«Riadas, que anegan la vega, y fuertes tormentas con granizo dejan Fresno y a su Ayuntamiento en una situación de miseria», relata Don Andrés Garrido diputado a Cortes por Valencia de don Juan, que intercede ante las instituciones «para que hagan lo posible y el edificio de las escuelas no le costase caro a Fresno»

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Calimeria Montiel. DL

Tenemos que esperar hasta septiembre de 1916. En esta fecha, el ayuntamiento, bajo la presidencia de Don Domingo Gigosos, acogiéndose a un R. D. del Ministerio de Instrucción Pública de agosto de 1916 que subvenciona la construcción de escuelas al 50%, aprueba el proyecto para el ansiado edificio en «un nuevo lugar a la entrada del pueblo, aislado y bien ventilado y que contaba con el agrado de los vecinos».

La obra, bajo la dirección del arquitecto provincial Don Manuel de Cárdenas (Madrid 1877-1954), que ha sustituido a Blanch, es adjudicada por la Corporación, tras la pertinente subasta pública, al maestro de obras y contratista de Fresno Don Filiberto Reinoso, que se compromete a ejecutarla por la cantidad que el Estado ha concedido, 23.528 pts. El 9 de diciembre de 1916, Cárdenas y Reinoso firman ya las primeras obras realizadas de cimentación.

El ayuntamiento, en nombre y representación de todo el pueblo, se obligaba, utilizando la prestación personal de los vecinos, a acarrear y colocar a pie de obra todos los materiales necesarios para la construcción del edificio. Así, desde 1916 hasta 1920 ininterrumpidamente, una vez al mes y «a toque de facendera», los vecinos de Fresno, organizados por calles y oficios (labradores, hortelanos, braceros con yunta, caballerías y herramientas de carga y descarga) transportaron cantos, arena, ladrillos, adobes y tejas, sin que se conozca ninguna otra incidencia que la petición de los hortelanos de que su prestación no caiga en día de mercado.

En marzo de 1920, por fin, se inauguran las Escuelas Públicas.

En esa fecha, Fresno casi alcanza el millar de habitantes (996). El ferrocarril de Palanquinos a Medina de Rioseco ya cruza sus tierras del «Campo» desde hace cinco años. «Tal es la velocidad, que más parece un pájaro que un tren», escribió Calimeria Montiel Marcos, fresnerina ilustre, maestra y primera mujer que colabora en las páginas del Diario de León. El ferrocarril reactivó la economía y en torno a la Estación surge un barrio nuevo.

Fábrica de curtidos con tradición desde el s. XIX, prósperos comerciantes que exportaban vino y cereales, labradores, ganaderos y hortelanos que con sus carros recorrían los mercados de la provincia… La villa crece.

La ceremonia de inauguración fue muy sencilla, no contó más que con la bendición del edificio por parte de Don Gaudencio Vicente y sin otro gasto que 11,5 pts. que supuso la compra de dos velas por parte del Ayuntamiento. Los casi 250 niños y niñas se trasladaron con sus maestros, Don Ramón Pereda Fdez. y Doña Daniela García Sastre, desde el edificio en la Plaza Mayor hasta el que iban a estrenar.

El nuevo constaba de dos aulas y un amplio patio en el que rápidamente se plantan árboles. En el exterior, su fachada presentaba el bonito aspecto que confiere la mezcla de los materiales usados en la arquitectura tradicional de estas tierras (canto rodado, adobe, ladrillo, teja…) y que aún podemos reconocer. A lo largo del tiempo ha sufrido modificaciones, adaptándose a las necesidades educativas, pero manteniendo la fachada su estructura original. Es ya un elemento más del patrimonio arquitectónico de Fresno para valorar y defender.

En los libros de registro de Visitas de Inspección y el libro de Actas de la Junta Municipal de Enseñanza, se recogen notas de felicitación, ya desde 1920, por la labor que desempeñan los maestros y la buena preparación conseguida con niños y niñas. En la década de los 60 se repiten los elogios, la Inspectora manifiesta «estar muy gratamente impresionada ante los excelentes resultados conseguidos por los alumnos que preparan para Bachillerato doña Amparo Gigosos y don Gerardo Pérez». Hoy don Gerardo nos relata, con memoria viva y precisa, aquella época.

En la actualidad, el que fue en sus últimos años de autonomía Colegio Público «Juan Carlos I», forma parte del CRA de Villamañán, que inició su vida el 1 de septiembre de 1994, uniendo a nueve pueblos de la vega del Esla y de los Oteros. Este Colegio Rural ofrece en el propio medio una enseñanza de calidad, atención individualizada a los alumnos, profesores especialistas y en formación permanente, medios informáticos diversos, actividades extraescolares, participación en programas de distintas instituciones…

Un siglo después de su inauguración, felicitamos a los maestros y alumnos que han pasado por sus aulas, con el deseo de que, en una «nueva facendera», instituciones y vecinos unamos fuerzas para que nuestras queridas escuelas sigan vivas y cumplan muchos años más.

Carmen Fernández Marcos: Es maestra y profesora de Historia.

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