lunes 06.04.2020

Complejas estrategias y no el instinto guían a las aves a cruzar el Estrecho

Imagen de un milano.
Imagen de un milano.

Las aves realizan un gran esfuerzo para cruzar el Estrecho de Gibraltar en sus dos migraciones anuales entre África y Europa, un cruce agónico con condiciones meteorológicas adversas y que deciden tras una compleja estrategia y no por mero instinto, según ha aclarado una investigación de más de dos años.

Este estudio, publicado en el Journal of Animal Ecology, de la Sociedad Ecológica Británica y al que ha tenido acceso Efe, se basa en el seguimiento satelital de 73 milanos negros, una de las especies más numerosas de entre los millones de aves que cada año cruzan el Estrecho, en otoño para invernar en África, y en primavera para regresar a Europa y reproducirse.

La Fundación Migres, que lleva más de veinte años estudiando esta migración ornitológica, una de las más importantes del mundo, censó el paso de 164.468 milanos negros en el último paso otoñal.

Alejandro Onrubia, coordinador científico de la Fundación Migres y coautor de este trabajo, junto a Carlos David Santos, João Paulo Silva y Martin Wikelski, del Max Plank Institute, y Antonio-Román Muñoz, de la Universidad de Málaga, ha señalado a Efe que esta investigación es una de las más completas realizadas hasta ahora para comprender cómo las aves vuelan entre las dos orillas del Estrecho, separadas por una distancia mínima de 14 kilómetros en el centro, pero que supera los 30 kilómetros en sus extremos.

Una migración «muchas veces agónica», ha destacado Onrubia, porque el mar «es una barrera difícil de superar para las aves terrestres», a las que «les causa pánico» porque no tiene corrientes de aire ascendente, como la tierra, que les permite planear.

Además, ha remarcado, en el Estrecho se entablan con frecuencia vientos cruzados de Levante o de Poniente «muy fuertes que dificultan superarlo».

La tecnología más avanzada

Estos 73 milanos fueron marcados con dispositivos GPS de última generación que transmitieron, «con precisión de centímetros y cada dieciséis segundos», la posición, altitud y dirección de cada ave.

Además, se incorporó un acelerómetro, que informó de la forma de vuelo del ave, si planeaba o aleteaba, y cuántas veces lo hacía por minuto, ha explicado Onrubia.

Esta ingente información determinó que los 73 milanos sumaron un centenar de intentos de cruce del Estrecho y que en casi cuarenta ocasiones lo abortaron y regresaron a tierra, «lo que evitó que murieran», ha explicado Onrubia.

Cuatro de estos milanos «se posaron en tierra nada más llegar y alcanzaron la costa volando muy bajo, apenas diez metros sobre el mar, porque estaban al límite de sus fuerzas, exhaustos», destaca.

Este estudio estima una tasa de mortalidad de algo menos del uno por ciento en cada cruce del Estrecho, lo que significa que cada año caerían ahogados más de mil milanos negros.

La investigación ha determinado que las aves no afrontan el difícil cruce del Estrecho por mero instinto, sino tras una elaborada estrategia que realizan examinando las condiciones meteorológicas y sus condiciones físicas.

Complejas estrategias y no el instinto guían a las aves a cruzar el Estrecho