martes 24/5/22

Mujer, de cuerpo grácil, 1.64 metros de altura y edad ósea coincidente con la que tenía Genara Fernández García al morir son algunos de los datos que aporta el informe antropológico-forense realizado por Laura González Garrido, voluntaria de la ARMH, a partir de los restos exhumados en junio del año pasado en el cementerio de León. Es la primera mujer que estudia porque, como recuerda la antropóloga, «el 90% de los represaliados son hombres y el 10% mujeres».

Los restos de Genara no presentan indicios de muerte violenta. Ni orificios de bala ni traumatismo perimortem. «No es difícil que las balas pasaran por zonas de tejidos blandos», aclara. La degradación de las costillas por la humedad también han podido ocultar las secuelas. El informe de defunción señala que fue pasada por las armas y que murió de colapso cardiaco. Las huellas que ha encontrado son de enfermedades propias de ambientes húmedos y cerrados, debido al cautiverio de casi 16 meses, sinusitis y una posible otitis. Nada más aparte de la medalla de La Milagrosa, símbolo religioso chocante en una mujer tildada de atea, unas suelas de zapato y los corchetes del vestido. «Ha sido apasionante», comenta. «Cuando fue exhumada yo tenía su edad...».

Un cuerpo grácil, las suelas de sus zapatos y la medalla de La Milagrosa
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