viernes. 03.02.2023
Se acaba la cuesta de enero. Tan cuesta como la vida misma. Ésta a temporadas va cuesta arriba, pero siempre acaba en trayectoria contraria. Por eso de que la vida fluye como los ríos, «que van a dar a la mar que es el morir» que dijo el poeta palentino. Por lo demás, la vida sigue. Con los altibajos (otra vez la metáfora -¿o alegoría?- geográfica) que desde el principio del mundo ha tenido y, esperemos, tendrá hasta el fin del mismo. Que llegará. ¿Novedades de estos días? Veamos algunas. Cuatro nombres propios. Primero una mujer: la primera que va a ser Pregonera de la Semana Santa de la capital: Luisa Inés Prada. Está casa y tiene tres hijos. Es doctora en Biología y ha sido concejala de León en varias legislaturas y abadesa de la Cofradía de María del Dulce Nombre. Siempre reconoce haber sido discípula de D. Antonio Glez. de Lama; de su sapiencia y manejo del verbo algo habrá heredado; tendremos ocasión de disfrutarlo. El título de Leonés del Año ha caído en el regazo de un clérigo: Samuel Rubio Álvarez. El jurado integrado por los premiados en ocasiones anteriores, bajo el patrocinio de una emisora local, concedió el honor a este sacerdote, de 60 años, canónigo de la Catedral y organista de la misma desde hace 26 años. Es además Director del Festival de Órgano de la Catedral de León y ha dirigido muchos años al Coro Universitario y a otras agrupaciones musicales de la capital. Nacido en Posada de Omaña, se formó en el Seminario de León y amplió estudios musicales en Oviedo y Roma. Que sea un músico el elegido barrunta que el año 2004 puede ser un año armónico y armonioso. Esperemos. Otro sacerdote, Toribio Cuesta García, nombrado en este caso por el Obispo de León, para una tarea importante y delicada a la vez: colaborar a formar a los curas del futuro. Porque otra cosa es la pastoral vocacional, que esa depende de todos -familias, educadores, catequistas, párrocos...-. Es el nuevo Rector del Seminario Diocesano (Mayor y Menor, reunificados después de más de cincuenta años) de León. Es natural de Terradillos de Templarios (Palencia), tiene 43 años de edad, es licenciado en Teología Moral y profesor del Seminario, y ha sido, entre otras cosas, formador en el Seminario Menor y párroco en Sena de Luna y en La Anunciación de León. Desde principio de curso era formador en el Seminario Mayor. Suerte, que la gracia se supone. Y que le sea enviada, desde las parroquias y los movimientos, abundante y cualificada materia prima. ¡Manos a la obra! Y otro leonés, éste natural de Bembibre, elegido por los religiosos claretianos como Provincial de su Instituto para el Noroeste de España: L. A. Gonzalo Díez González. Nació en 1964 y es oriundo de Corniero por parte de padre. Hizo su profesión perpetua en Salamanca en 1989 y fue ordenado sacerdote en 1990 en Zamora. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y Licenciado en Teología en la Vida Religiosa por el Instituto de Vida Religiosa de Madrid. Al ser elegido, era Coordinador Provincial de Pastoral Juvenil Vocacional. Savia joven para embocar los retos de este nuevo siglo. Desde la carretera de Asturias. En ella tienen su convento las Carmelitas Descalzas. Nos lanzan un SOS angustiado: Según el Plan Urbanístico (en vías de aprobación), se les va a privar de una parte de la superficie que tiene como huerta, lugar de trabajo y espacio de recreo y contemplación. Y esto tanto en el primer proyecto (allí eran nada menos que 18.300 m2 los que les ocupaban) como en el actual, en que se les expropia una franja ancha de la zona noroeste. ¿Razón? Hacer una calle al servicio de una urbanización. Nos dicen en una carta: «Nuestro deseo no es oponernos a ningún proyecto que sea beneficioso, ya para la sociedad, ya para personas particulares... No vamos buscando beneficios económicos ni prestigio ni poder ni más comodidad; no vamos buscando excepciones egoístas ni privilegios; sólo buscamos la verdad, la defensa de unos derechos..., de un terreno propiedad de la Comunidad que es vital para nosotras, para poder vivir nuestra vida contemplativa con un espacio suficiente y digno que nos pertenece y que necesitamos. Sin querer, por nuestra parte, perjudicar a nadie». Dios las ampare.

Cuesta arriba, cuesta abajo