domingo. 02.10.2022
OTRAS FORMAS DE NACER

«Para dar a luz en casa hay que confiar en el propio cuerpo»

El parto domiciliario asistido por personal sanitario es una excepción.  Algunas leonesas han elegido esta opción pese que parir en casa en el siglo XXI en España goza de mala prensa. Susana González Gesto cuenta cómo lo hizo, y por qué, cuando se quedó embarazada del tercer hijo. «No quería otra cesárea», afirma. En 2017 hubo 10 partos en casa en la provincia.
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Susana González Gesto compartió su experiencia de parto en casa para el reportaje de Diario de León. RAMIRO

Susana González Gesto es una de las leonesas que decidió dar a luz en casa. Después de dos cesáreas, cuando se quedó embarazada de su tercer hijo, sabía que el protocolo del hospital no era favorable a un parto natural.

 

«La primera fue programada porque venía de nalgas y la segunda porque el parto se produjo en la semana 41», explica. Con la primera todo fue normal. La niña tiene ahora 13 años. Pero con su segundo hijo, de 11 años en la actualidad, tener que someterse a una cesárea «me removió mucho. Me sentía incluso mala madre por haber aceptado esa situación. Cuando me trajeron a mi hijo no lo reconocía. No me había pasado con la primera», relata.

 

A los tres meses de quedarse embarazada del tercer hijo, conoció la asociación El Parto Es Nuestro (EPN). «Había mujeres que habían dado a luz vaginalmente después de dos cesáreas» y se planteó explorar esa vía. «No me iba a sentir segura aunque me dieran la opción de parto vaginal por la presión de los tiempos y la posibilidad de que te pongan oxitocina», explica.

 

Susana González Gesto es bióloga. «En las hembras de mamíferos, cuando se ven amenazadas por un depredador, se detiene el parto» y cree que algo parecido les sucede a las mujeres «si no te sientes en un ambiente cómodo y respetuoso».

 

Se puso en contacto con la empresa Neixer a casa, de Cataluña que cuenta con un equipo de seis matronas que trabajan juntas en partos domiciliarios. «Algunas habían trabajado en el hospital y otras venían de Reino Unido», comenta. Escribió y les planteó la situación. Le confirmaron que «habían atendido partos vaginales después de cesáreas».

 

A mitad de embarazo realizó la primera visita y dos semanas y media de la fecha prevista para el alumbramiento se instaló con la familia en Barcelona en un piso alquilado. En León no hay nadie que se ocupe de la atención del parto en casa. Se desplaza habitualmente una pareja de matronas de Asturias especializadas en alumbramientos domiciliarios, pero en la fecha del embarazo de Susana no estaban disponibles.

 

Una vez en Barcelona, a partir de la semana 37, «te asignan una matrona fija que te visita una vez por semana y tienes otra que puede variar». Fueron como unos días de vacaciones. Iban a la playa y hacían vida familiar. Lo peor era el calor.

 

«Me hacía ilusión que Andrea, la mayor, estuviera en el parto. Antes las mujeres se ayudaban unas otras. Ahora la mayoría vamos al parto sin saber nada», señala. «Un día me entró el síndrome del nido, íbamos a ir a la playa andando y me quedé. Me puse a limpiar. Luego, con la emoción, no dormí. Iba apuntando todo en un cuaderno», cuenta Susana.

 

Las contracciones eran cada vez más intensas. «Me levantaba e iba al salón a respirar». Por la tarde se quedó sola en casa. Redactó un correo y vio que las contracciones se espaciaban más. Se quedó dormida y al despertar y notar que tenía menos contracciones llamó a la matrona.

 

«Te auscultan, pero no suelen hacer tactos. Tenía una dilatación de 8 centímetros y me dio un subidón». Susana transmite una emoción que parece intacta pese a que han transcurrido ya casi dos años.

En los años 80, el 37% de los leoneses nacían en casa; ahora apenas son el 0,37% del total de partos

El equipo de Neixer a casa montó la piscina porque había elegido tener a su hijo en el agua. «Le notaba moverse mucho y me dijeron: cuando quieras, te metes. Sentí un alivio enorme cuando entré. No me daba cuenta de lo que pasaba alrededor».

 

A estas alturas el parto ya estaba muy avanzado. Tenía contracciones cada tres minutos. A las 12 y media de la noche comenzó el expulsivo. «No me había hecho a la idea. Es como vomitar, pero a lo bestia y por debajo. Es imposible no empujar», señala.

 

¡¡¡Que pare ya!!!, recuerda que gritó. «Sí, estás pariendo y muy bien, además», le contestó Roser, la matrona que. junto con Luci, asistió a la que considera la «experiencia «más fuerte y bonita de mi vida... y la más dolorosa».

«En los hospitales, tras dos cesáreas te programan otra por riesgo de rotura uterina»

 

El parto duró en torno a 30 minutos. Con toda la familia alrededor. «Mi hija mayor me daba ánimos: Mamá, tranquila, estás haciendo un gran esfuerzo me decía acercándose a mi cara». Hubo momentos hasta cómicos. Cuando preguntó a la matrona si faltaba mucho, ella le dice: «Míralo tu misma. Tócate». Y lo hizo e inmediatamente: «No, todavía falta así, respondí levantando la mano con el dedo corazón extendido. Y cuando me doy cuenta del gesto me río por dentro». «¿Estáis grabando esto?», pregunta. «Porque no lo pienso volver a repetir, pensaba». También se acordó de su abuela, que «¡había tenido siete!».

 

Así vino Martín al mundo. Después de esta experiencia, está convencida de que un parto como el que vivió en casa «no es para todas». Aconseja «informarse y elegir lo que quieras para ti. Para dar a luz en casa hay que confiar en el propio cuerpo». También hay una señal que considera inequívoca para rechazar esta opción: «Si eligiendo el parto en casa te sientes culpable porque pueda salir algo mal, no es tu opción. Escoge la opción con la que te sientas más segura, con información».

«El parto de Martín duró unos 30 minutos y fue la experiencia más bonita y más dura de mi vida»

El parto en casa está permitido. Pero no sufragado por la Seguridad Social. Al contrario de lo que sucede en países como Holanda o Reino Unido, donde casi un tercio de los alumbramientos se producen en el domicilio de la parturienta con cargo al gasto público sanitario, excepto determinados suplementos.

 

En España, hasta los años 80, parir en casa era la opción habitual. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), un total de 2.493 nacimientos se produjeron en el domicilio, el 37% de todos los registrados (6.697). En 2017, la cifra es casi irrelevante. Se registran 10 partos en casa, de los cuales ocho se produjeron con asistencia de personal sanitario y los otros dos no. Son el 0.37% del total de nacimientos (2.634).

«Cualquier embarazada, incluso en el hospital, puede tener complicaciones»

La idea de que parir en casa supone mayor riesgo que en un hospital la defienden algunos estudios como losl de la Ben-Gurion University del Negev y el Soroka Medical Center (Israel). Otros, como el realizado por equipo de especialistas de la Universidad de Alicante y la Universidad de Quebec en 2012 concluye que en España, entre 1995 y 2009, no se han dado diferencias estadísticamente significativas en relación con la mortalidad del feto o el recién nacido. El estudio se basa en registros del Boletín Estadístico del Parto entre los partos únicos asistidos a término en domicilio particular y los partos de las mismas características atendidos en centro sanitario. Fue publicado por Enfermería Comunitaria.

«La mujer es libre de decidir cómo y dónde parir»

Los partos en casa «son poquísimos y están mal visto incluso en la familia», comenta Beatriz Aller, presidenta de El Parto Es Nuestro.

Esta leonesa es la cabeza visible a nivel estatal de una asociación que proclama que «la mujer es libre de decidir cómo y dónde parir». Con seguridad,  «Si es en casa, que sea con personal cualificado. La autogestión del parto no la contemplamos», matiza.

También señala que muchas de las mujeres que optan por el parto en casa han tenido «experiencias traumáticas» en el hospital. La asociación considera fundamental que se mejoren aún más las condiciones de parto en el hospital y reivindica que el parto en casa «sea una opción que se pueda plantear y que esté cubierta por la Seguridad Social».

Lamenta que muchas mujeres se tengan que desplazar a comunidades que, como Cataluña, lo tienen más normalizado y cuentan con casas de partos gestionadas por matronas.

Partos en domicilios

«Es una alternativa en determinadas condiciones, pero puede ser catastrófico»

El jefe de Obstetricia del Caule señala que el parto domiciliario «es una alternativa aceptable en determinadas condiciones», aunque advierte de que «la madre o la pareja deben saber bien dónde se meten. Pueden darse situaciones catastróficas», subraya Celso García.


El especialista recuerda que el parto domiciliario carece de una regulación en España, por lo que rigen la Ley de Autonomía del Paciente y se deben tener en cuenta los derechos del feto. 


«Incluso hay guías clínicas que aconsejan que el parto se realice en casa cuando presenta bajo riesgo con personal preparado o con una matrona», indica. 
El ejemplo de Holanda, donde se alcanzan entre el 20 y el 30% de partos domiciliarios, el Estado sufraga el coste de la matrona, material y transporte de la parturienta si fuera necesario acudir al hospital. 


«En España no hay mucha demanda, aunque creo que con el tiempo se planteará. Desde los hospitales somos reticentes, pero insisto que con esas premisas es un proceso aceptable», añade.


El entorno familiar y el ambiente acogedor son dos factores que juegan a favor del parto en casa. Sin embargo, lo considera que es «una temeridad» en partos de nalgas o cuando la madre presenta factores de riesgo por patologías previas. 
El caso de un bebé que falleció en Vigo en estas circunstancias es uno de los que han despertado la alarma contra el parto en casa. También una madre asturiana que fue ingresada por orden judicial para dar a luz porque el embarazo había superado la semana 39.


«Cualquier embarazada, incluso en el hospital, puede tener complicaciones». añade el doctor Garcia. Por ejemplo, la mayor parte de los casos de atonía uterina –que el útero no se contraiga tras salir el bebé— se da en mujeres sin factores de riesgo definidos. 


Para el jefe de Obstetricia del Caule, el reto es cumplir con las pautas del parto de baja intervención en el hospital, tal y como recomienda la OMS. El parto hospitalario, admite, «comenzó con gran intervención en todos los casos, independientemente del riesgo del embarazo. Hoy se sabe que no hace falta». 


No se hacen por sistema prácticas como el rasurado, enemas o episotomías. Las mujeres son informadas, como manda la ley de Autonomía del Paciente, y «se va a un trato más humanizado y menos medicalizado». Por lo que no pasan en el hospital es por exigencias de algunas como «que no cojamos ni una vía».

Actualmente, el Caule cuenta con salas de dilatación individuales y con baño, con materiales de ayuda como pelotas. No existe aún la opción del parto en el agua que se da en otros hospitales. «De aquí a una década habrá infraestructura en todos los hospitales para un parto natural». 

«Para dar a luz en casa hay que confiar en el propio cuerpo»
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