lunes 24/1/22
jemad
Fotografía de archivo del 17/01/2020 del jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), general Miguel Ángel Villaroya. FERNANDO ALVARADO

El Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) solicitó ayer su cese para evitar la 'deshonra' de ser fulminado por el Gobierno. El general Miguel Angel Villarroya, de paso, ahorró también a la ministra Margarita Robles el trago de tener que destituirle a la fuerza tras el escándalo provocado tras haberse vacunado contra la covid junto a buena parte de la cúpula del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) en plena crisis de suministro de viales en toda España. La salida de Villarroya deja ahora en una posición harto delicada al resto del EMAD que también aceptó inmunizarse sin consentimiento del Ejecutivo y antes de que se hayan inoculado los cientos de militares que sí que están en 'primera línea' en la lucha contra la pandemia.

Según informaron a este periódico fuentes gubernamentales, la salida de Villarroya fue pactada con la propia Robles, después de que ésta le comunicara de manera extraoficial la decisión "irrevocable" del Gobierno de apartarle de la jefatura operativa de los Ejércitos por no haber comunicado al ministerio que ya se había vacunado y que el protocolo de las Fuerzas Armadas establecía prioridad en la inmunización a la cúpula de las Fuerzas Armadas por delante de toda la tropa, a excepción de los sanitarios y del personal en misión internacional.

Villarroya presentó su dimisión como anexo al informe que Robles le había reclamado el viernes tras conocer, según ella por la prensa, la vacunación de la plana mayor castrense. La titular de Defensa, tal y como había acordado con el alto mando, aceptó de inmediato su cese.

A pesar de su renuncia, el general en su carta a Robles insistió en que no había cometido ninguna irregularidad. Es más que consideraba la vacunación como "una decisión acertada" y que, en modo alguno, había "pretendido aprovecharse de privilegios no justificables". Pese el convencimiento de que su actuación fue adecuada, el general aseguró en su misiva que renunciaba al cargo para "no deteriorar la imagen pública de las Fuerzas Armadas" y tratar de evitar que se pusiera en "duda" su "honradez".

"Protocolo establecido" Según Villarroya, decidió vacunarse siempre "en el cumplimiento de sus obligaciones, de acuerdo a los protocolos establecidos y con la única finalidad de preservar la integridad, continuidad y eficacia de la cadena operativa de las Fuerzas Armadas". De hecho, el protocolo de vacunación del que Defensa asegura que no tenía conocimiento justifica la inmunización de la plana mayor para garantizar que una extensión sin control de la pandemia no dejaría descabezado el mando de los Ejércitos.

La salida de Villarroya no fue la primera provocada por el escándalo de la vacunación de cargos militares y civiles en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD). Solo unas horas antes de hacerse pública la dimisión del general, este periódico adelantó que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había acordado el viernes por la tarde el cese fulminante del oficial de enlace de la Guardia Civil en el EMAD.

La decisión de Interior se tomó tras tener conocimiento de que el teniente coronel, dependiente de Interior y destinado en el Mando de Operaciones (MOPS), con base en Retamares (Madrid), había formado parte del proceso de vacunación en esta institución militar. Tras recabar todos los informes pertinentes y analizar la documentación, el ministerio ordenó su salida fulminante, un trámite que Robles sí que quiso ahorrar a Villarroya. En Interior justificaron la salida de este mando por la "falta de ejemplaridad", lo que metió presión a Robles con el Jemad. El oficial de enlace de la Guardia Civil en el EMAD es un cargo de libre designación nombrado por el ministerio, por lo que el militar será reintegrado en otra unidad del instituto armado con diferente cometido.

Según el polémico protocolo del EMAD, que al final ha costado la cabeza a Villarroya y que podría también acabar con la salida forzada o no de parte de la cúpula militar, las Fuerzas Armadas tienen asignado por Sanidad un cupo de vacunas -se desconoce cuántas- al margen de las que se reparten entre las comunidades. Estas deben ser suministradas, en primer lugar, al personal sanitario y a los residentes en centros de mayores.

Dentro de ese cantidad, al Estado Mayor de la Defensa "le corresponde un porcentaje para el que estableció un orden de prioridades: primero al personal sanitario del departamento, luego a militares que van a participar en misiones internacionales o nacionales, como 'Baluarte', y, por último, a la estructura de mando".

En este último caso siguiendo un criterio de edad Según esta explicación, en el EMAD ya han recibido el primer pinchazo todo su personal sanitario y los efectivos que van a formar parte de operaciones internacionales, como los que embarcarán próximamente para la misión contra la piratería Atalanta. Una vez cumplida esta fase, se comenzó con el tercer grupo, incluido el Jemad o el oficial de enlace de la Guardia Civil cesado el viernes por Grande-Marlaska. Otro teniente coronel del instituto armado destinado desde hace pocas semanas en la sede del EMAD, en la calle Vitrubio de Madrid, no se ha vacunado, según señalaron ayer fuentes militares.

La dimisión del Jemad compromete el futuro del resto de la cúpula militar que se vacunó
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