miércoles 21.08.2019
50 años del juan del enzina

Doña Isaura y las chicas del coro

Doble homenaje en el Juan del Enzina. Cerca de cuarenta cantoras e instrumentistas, de las que formaron el coro de los años 60 del instituto Juan del Enzina, retornan mañana a su salón de actos para dedicar un concierto al centro, por sus 50 años, y homenajear a una legendaria profesora de música, la centenaria Isaura Martín-Granizo..
Doña Isaura y las chicas del coro

Doña Isaura era «genio y figura». Así la recuerdan generaciones de alumnas y así la definen las chicas del coro del instituto Juan del Enzina que mañana cantan en su honor y en recuerdo del estreno del ‘nuevo’ edificio —ya con medio siglo de antigüedad— en el que estudiaron o terminaron el bachillerato.

A sus 103 años, Isaura Martín-Granizo, célebre profesora de música del Conservatorio Santos Ovejero, que también impulsó, ha vuelto a tocar para ensayar con sus antiguas alumnas el repertorio de aquellos prometedores años 60.

Con el piano de cola de su casa y una paciencia que habían olvidado, la preparación del concierto se ha convertido en un encuentro entrañable que ha movilizado a cerca de 40 mujeres, entre cantoras, instrumentistas y directoras, además de una quincena de colaboradoras.

Ensayos en Madrid y en León, bajo la dirección de Chabe Serrano y Marisol González, respectivamente, han removido los «recuerdos de un pasado común» y «estamos gozando del presente cantando juntas haciéndolo de la mejor manera posible», señala María Jesús Luelmo, iniciadora del evento allá por 1993.

Actuación del coro con la Capilla Clásica. DL.

La historia del coro la cuenta Pilar Fernández Campelo: «Sacrificábamos gustosas muchos recreos porque intuíamos, aunque muy niñas, que aquello iba a ser importante en nuestras vidas, que la música nos iba a dejar una huella indeleble, para siempre. Y así ha sido en la mayoría de chicas que pertenecimos al coro».

Doña Isaura era profesora de música de algunas ya antes de que se mudaran del viejo edificio de la plaza de Santo Martino al que sustituyó al majestuoso gemelo del madrileño Palacio de Cibeles que durante siglo y pico fue el instituto Padre Isla.

Tenían apenas diez años, la edad a la que se iniciaban los estudios de bachiller, pero se tomaban los ensayos del coro «con una formalidad quizá impropia de esa edad, pero es que nuestra profesora de música se lo tomaba muy en serio y eso nos enseñaba a ser responsables. Es lo que tiene aprender que en un grupo eres importante pero no imprescindible», recuerda.

Ensayo en la Casa de León en Madrid. DL.

Aquellas chavalas que se escapaban corriendo «a comprar a la señorina del Arco de la Cárcel una coleta de caramelo, o un bocadillo de mejillones en escabeche al puesto del patio, por donde siempre andaba pululando don Fidel para que no nos escapáramos del rosario, la novena o la celebración del mes de mayo», se han reencontrado entre ellas y con las niñas que aún llevan dentro.

El reencuentro con la legendaria profesora ha sido «un regalo de la vida», apunta Pilar Fornes. «Es un intercambio maravilloso tanto por los recuerdos que nos está haciendo revivir como por lo feliz que se pone cuando nos ve», añade.

Aquella mujer menuda, de ojos vivarachos, con dotes de mando y de organización, ha llegado a los 103 años «erguida, mirando al frente, con los ojos penetrantes de siempre, que todo lo veían», indica Fernández. En lo que antaño observaban mal genio, hoy interpretan que en era pasión por la perfección y las cosas bien hechas. «Cuando veo a Isaura —ahora prefiere que la tuteen— en los vídeos que nos habéis enviado al chat del reencontrado coro de nuestro Instituto Juan del Enzina, corrigiendo la entonación, la correcta pronunciación de nuestras canciones —«tres mo-o-ri-i-llas— me asombro y me descubro. El trabajo siempre bien hecho, no hay que transigir con la mediocridad. Y así día tras día, educando nuestro oído y nuestro gusto por la música», relata la pupila que ha realizado la semblanza de la maestra.

Mª Jesús Luelmo resalta que era «mujer fuerte e independiente, que acudía a perfeccionar su formación como directora de coro a Alemania». La imagen de doña Isaura, que vestía austera y elegante, con un mechón de pelo que se agitaba cuando dirigía, con su «genio fuerte», ha perdurado como un modelo de mujer que no era frecuente en la época, «incluso entre nuestras excelentes profesoras», puntualiza.

De la salita de las profesoras de Hogar, donde ensayaban en el instituto, al salón donde Isaura Martín-Granizo aún toca el piano o la sala de la casa de León en Madrid, donde ensayaron las cantoras de la diáspora, han pasado cincuenta y pico años y muchas peripecias vitales. Felisina García, la fiel ayudante de doña Isaura en aquel coro de chicas, también acudirá al encuentro en el Juan del Enzina.

Aparte de los viajes y las aventuras dan cuenta de aquella ocasión en la que cantaron con la Capilla Clásica o cuando se juntaron con el coro de chicos del Instituto Padre Isla, en una de las pocas actividades de chicos y chicas.

La música ha vuelto a unir a este grupo de mujeres que han desarrollado su vida en León y fuera de la provincia, desde diversas profesiones y ocupaciones. Mañana volverán a experimentar esa sensación especial de cantar juntas. Como comenta Pilar Fernández, «cuando se canta en coro, las pulsaciones de los participantes se acompasan, además se producen endorfinas y es una terapia maravillosa de desconexión del mundo circundante y de las situaciones dolorosas por las que alguna vez pasamos todas».

Doña Isaura y las chicas del coro