domingo 23/1/22

El choque entre los dos Estados Unidos, el que defiende el aborto y el que lo demoniza, se puede palpar este miércoles en las protestas fuera del Tribunal Supremo, donde se ha celebrado una audiencia para estudiar la legalidad de una ley de Misisipi que restringe la interrupción del embarazo.

Frente a la icónica escalinata del Tribunal Supremo hay dos protestas: una con fotos de bebés despedazados y ensangrentados, que retumba con cánticos por «el derecho a la vida», y otra un poco más pequeña, en la que las pancartas reclaman que el aborto es parte del derecho a la salud de la mujer.

En medio hay dos filas de vallas metálicas y, apoyada levemente en una de ellas está Shannon Brewer, la directora de la clínica de Misisipi que se halla en el centro del caso ante el Supremo.

Su clínica es la única que todavía practica abortos en el estado de Misisipi, el territorio más pobre del país, donde los republicanos han impulsado una ley para prohibir el aborto a las 15 semanas de gestación y que, de entrar en vigor, tumbaría el precedente establecido hace cinco décadas en el célebre caso ‘Roe contra Wade’.

«Hoy estoy tranquila. Los días anteriores fueron más duros porque estábamos a la expectativa de lo que pudiera pasar», cuenta Brewer, afroamericana con los labios pintados de rojo, un collar de perlas con una cruz y que no para de mirar hacia un lado y otro mientras habla con Efe.

Si el Tribunal Supremo fallara a favor de Misisipi y llegara a abolir «Roe contra Wade», cada estado de EE UU sería libre de prohibir o permitir el aborto a su antojo, y eso afectaría a las 36 millones de mujeres en edad reproductiva que viven en estados conservadores, según Planned Parenthood, la mayor red de clínicas de salud sexual y reproductiva del país. Entonces, Estados Unidos sí estaría dividido en dos: uno donde el aborto es legal y otro donde se prohíbe.

Los dos EE UU chocan por la Ley del Aborto
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