lunes 1/3/21
Maniobras militares

Un ejército para cercar al coronavirus

Treinta y cuatro militares del Ejército de Tierra de León cambian las maniobras por llamadas en una nueva misión para cercar al coronavirus. Son rastreadores, preparados para discernir un contacto causal de uno estrecho susceptible de extender el virus.
El sargento Eduardo García introduce los datos. F. OTERO

En la sala de operaciones de las instalaciones habilitadas en la base Conde de Gazola de Ferral del Bernesga, el sargento Eduardo García introduce en el ordenador todos los contactos rastreados durante la mañana de ayer, un listado que aumentará por la tarde cuando otro pelotón tome el relevo. Trescientos nombres diarios con sus teléfonos, lugares de trabajo, de estudio, domicilio.... La relación llega a la base de datos en Atención Primaria, que cita a todos los que están en el registro para que se hagan las pruebas PCR.

Treinta y cuatro militares de León, preparados para discernir un contacto causal de uno estrecho susceptible de extender el virus, inician la jornada de rastreo a las nueve de la mañana. El teniente Alejandro Cumplido está al mando de la sección de León, tres pelotones, cada uno con un sargento y diez rastreadores, y un capitán de enfermero de apoyo. La primera reunión de los jefes de las secciones de vigilancia con el responsable de la unidad de Burgos sirve para actualizar e intercambiar información sobre las incidencias de la operación. La División Marcial encargada de esta operación de rastreo, se constituyó en Castilla y León como apoyo a las comunidades autónomas con la Unidad de Vigilancia Epidemiológica (UVE) que coordina la intervención desde el Cuartel General de la división en el acuartelamiento Diego Porcelos, en Burgos.

Media de llamadas

Cada positivo notificado necesita una media de tres o cuatro llamadas de los rastreadores

«La mayoría de la gente es receptiva, pero a veces no quieren dar los contactos. En ese caso lo ponemos en conocimiento de los jefes de sección que lo comunican a Sanidad». David González Cuervo llama por teléfono a una de las personas que cada mañana llegan en las listas que envía Atención Primaria con los nombres de unos 130 leoneses diarios que han dado positivo a coronavirus. «En la mayoría de los casos, cuando llamamos ya les han avisado desde Atención Primaria que son positivos, y nuestra labor es que nos indiquen con quién han estado en contacto en los días siguientes o en la unidad familiar. Algunos ponen pegas, pero no es lo habitual».

Después de presentarse, la primera pregunta del militar es para interesarse por su estado de salud. «La gente mayor se pone muy nerviosa», explica la cabo Patricia Pérez, que se ofreció voluntaria para esta misión «para aportar todo lo posible para acabar con esta pandemia». También están para tranquilizar a la gente, para que confíen en ellos. «La mayor dificultad está en las personas que no tienen movilidad, hay que explicarle que tiene que hacer cuarentena hasta que se le haga una PCR, y que si no se le hace PCR también, hasta que se conozca si su contacto ha dado positivo. Muchas personas piensan que somos médicos y se ponen nerviosas. Hay que llamarlas dos veces, más tarde, porque se asustan. Hay personas que tienen a su cargo personas dependientes o ellas mismas lo son, y no saben cómo afrontar la cuarentena».

Jornada

Los militares están de nueve a dos y de cuatro a ocho y media sin parar de hacer llamadas

El objetivo es relatar al contagiado lo que tiene que hacer y obtener toda la información posible de las personas con las que ha estado 48 horas antes de la PCR o desde que tiene síntomas.

«Nuestro objetivo es apoya con nuestros rastreadores al servicio de Sanidad de Castilla y León. Además de León, también hacemos rastreos de contactos del Bierzo y Palencia».

Tras la primera llamada para informar de un positivo, los rastreadores toman nota de todos los contactos, a los que informan de que deben cumplir con la cuarentena unos diez días «depende del día del contacto con el positivo».

Estos militares son voluntarios, se suman a una misión «para frenar esta pandemia». Antes de que tomaran el mando, la Unidad de Emergencia (UME), que les pasó el relevo, los tuteló durante los dos días previos a que tomaran el mando definitivo. Pero antes recibieron formación durante diez días con cursos, conferencias de personal médico de la UME y una formación online del Ministerio de Defensa. Todos tienen certificación de rastreadores. Si la pandemia sube, crecerá el trabajo y la dotación de personal de esta unidad.

Los rastreadores están de nueve de la mañana a dos de la tarde y de cuatro a ocho y media de la noche. Sanidad envía una lista de nombres por la mañana y otra por la tarde, una media de 150 diarias. «Cuando les llamamos y les decimos que somos militares se asustan, pero enseguida les explicamos que estamos aquí para ayudar, que tienen que cumplir las cuarentenas por el bien de todo el mundo y que hay que frenar esta situación como sea»

No hay límite de tiempo para las llamadas. Cada persona necesita su espacio y tiene unas necesidades diferentes. Hay conversaciones que pueden durar de cinco minutos a media hora.

La mayoría de las llamadas que han hecho hasta ahora son contagios relacionados con actividades sociales y reuniones familiares. «La media son tres o cuatro llamadas por persona, pero el mayor número de llamadas para rastrear contactos la hice con un chico joven, que se había relacionado con 17 personas. Otra niña movilizó a ocho contactos». La Unidad de Vigilancia Epidemiológica ha incorporado de forma progresiva secciones de vigilancia del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire, con sedes en Burgos, León, Salamanca, Valladolid y Madrid, hasta completar todos los rastreadores que ha solicitado Castilla y León. El Ejército de Tierra asume el mando de este trabajo de forma indefinida, una continuidad de la misión Baluarte iniciada por las Fuerzas Armadas.

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