jueves 20/1/22

«El conocimiento llega por la puerta del corazón»

MANUEL VELASCO | PROFESOR. En poco tiempo se ha convertido en uno de los profesores más influyentes de España. Su blog, un rincón en el que repensar la educación y la formación de los niños, recibe al día 300.000 visitas. Aconseja soñar para ser buen maestro y advierte de que una buena educación enseña a los niños a gobernarse a sí mismos..
Manu Velasco.

cristina fanjul | león

Manuel Velasco es uno de los ‘influencers’ con más seguidores de España. Desde su blog www.ayudaparamaestros.com y www.elblogdemanuvelasco.com ofrece ayudas para padres y docentes, consejos en los que, como asegura en esta entrevista, el amor y la pedagogía han de ir de la mano cuando se habla de niños.

—¿Desde cuándo ejerce?

—Desde el año 2004. He sido tutor de niños de 8, 9 y 11 años, aunque he dado clase en todos los cursos de Educación Infantil y Primaria.

—Dígame qué diferencia hay entre educar y formar.

—Educar es enseñar a los niños todo aquello necesario para vivir en sociedad y edificarlos para cambiar el mundo en el que viven, para mejorarlo significativamente. Formar es transmitir o generar aprendizaje para que los alumnos conozcan y apliquen conocimientos importantes y necesarios. Si llegamos a la discusión de dónde debe darse cada una de ellas, entramos en el eterno debate. Se educa y se forma en casa y en la escuela. Familia y escuela debemos educar y formar en equipo, educar personas competentes y creativas capaces de poner sus conocimientos y habilidades al servicio de los demás para resolver aquellos problemas que no hemos sabido resolver en épocas pasadas. Deberíamos dar más valor al ser que al saber en todas las etapas educativas. Si conseguimos que nuestros alumnos sean, a buen seguro, sabrán. De nada vale saber mucho sin ser nada. Debemos formar, por supuesto; pero sobretodo debemos educar.

—¿Qué es más importante: la educación emocional o la de conocimientos y destrezas?

—Sin una buena educación emocional no sirven de nada los conocimientos y las destrezas. Ante todo es la formación humana lo que prevalecerá el día de mañana. Si queremos llegar a la cabeza de nuestros alumnos para que adquieran conocimientos no podemos olvidarnos de pasar antes por la puerta de su corazón. Es allí y no en la cabeza donde realmente se comprenden las cosas. Y ser muy conscientes de que una persona bloqueada emocionalmente siempre estará anulada intelectualmente. Las emociones transportan los aprendizajes. Para mí educar es algo más emocional que curricular y considero importante valorar siempre a la persona por encima de los contenidos curriculares.

—¿Qué diferencias ve entre los alumnos que tiene y los de generaciones anteriores?

—No veo ninguna. Ahora tienen acceso a más tecnología y eso en ocasiones, si no se utiliza bien, les aleja de la esencia de la infancia. Pero los niños siguen siendo niños, ahora y siempre. Yo me crié en un pueblo. En el medio rural la infancia es diferente, quizás más feliz, más libre. Pero el caso es que los niños siguen queriendo jugar, disfrutar, ser felices. En las manos de los adultos está la infancia que queramos que tengan.

—¿Qué males observa en la adolescencia que podrían forjarse en la infancia?

—Unos malos hábitos pueden desencadenar en problemas mentales y físicos. Uno de los objetivo más importantes de la educación es formar personas capaces de gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás. La inseguridad infantil puede generar trastornos muy graves en una época tan dura como es la adolescencia. Los niños tienen que ser felices, sentirse seguros y queridos para poder afrontar los cambios de esta etapa con garantías.

—¿Qué opinión tiene de los deberes?

—Considero que no son necesarios. Apuesto por aprovechar el tiempo de padres e hijos para seguir educando, pero de otra manera. Si fueran necesarios, los deberes pueden ser interactivos y como no, analógicos: ir de ruta al monte para distinguir las clases de plantas, visitar un museo para diferenciar las etapas de la historia artística de nuestros país, cocinar, hacer la compra, contar un cuento a un hermano o a la familia… Los niños deberían tener todo el tiempo de ocio que necesiten para ser felices. Necesitamos alumnos felices para que estén motivados. Alumnos que disfruten de su vida fuera del aula, para que el tiempo dentro de ella sea de máximo aprovechamiento.

—Los judíos comienzan a aprender a leer casi al mismo tiempo que a hablar. Son la sociedad del mundo con mayor índice de premios nobel. ¿Qué opinión le merece?

—Es admirable, pero considero que la lectura es algo madurativo que no se da en todos los niños a la vez, como casi nada en la vida y que cada uno debe seguir su ritmo. Los maestros debemos saber guiar esos tiempos y tener la habilidad de intuir cuándo ha llegado el momento de cada niño para iniciarse en el siguiente proceso madurativo. Es sencillo: por mucho que la estiremos, la hierba no crece más rápido.

—¿Cuánto tiempo deberían pasar los niños con gadgets digitales?

—Nuestros alumnos tienen que descubrir el mundo a través de sus ojos, no de las pantallas. El tiempo que deben pasar con gadgets digitales debe ser el menor posible, pero es algo complicado porque constantemente utilizamos los móviles o las tablets como ‘apaga niños’ y les estamos creando una verdadera dependencia y adicción. No nos engañemos, si queremos favorecer la inteligencia de los niños no hay nada mejor que ponerlos delante de otros niños. En un mundo digital nos toca diseñar junto a ellos experiencias analógicas que les hagan valorar el lado sencillo y natural de la vida.

—¿Influye la alimentación en el desarrollo intelectual?

—Es evidente que una buena alimentación es fundamental para el desarrollo físico y mental. Un niño hambriento no atiende, ni entiende. Las necesidades básicas deben estar cubiertas para poder continuar con las necesidades intelectuales.

—¿Los niños deben aburrirse?

—Claro, debe haber tiempo para todo. Del aburrimiento nace el ingenio en muchas ocasiones. Pero no debería ser algo habitual dentro del aula. Es evidente que un niño no puede mantener la atención las cinco horas lectivas diarias, pero no por ello el aburrimiento tiene que ser algo habitual en el aula.

—¿Cómo vive el éxito?

—No dejo de sorprenderme. Me ha dado muchas oportunidades de conocer y de aprender de gente a la que admiro mucho, pero para mí el éxito es sentirme satisfecho cuando acabo mis clases y ganarme el cariño de mis alumnos.

—¿Qué es ser maestro?

Ser maestro es querer a los niños y, desde el cariño, trasmitir aquello que se considere fundamental para su futuro. Lo más importante de nuestra profesión es la vocación y las ganas de aprender: de otros maestros, de nuestros niños, de las familias, de otros colegios, etc. Nuestra formación debe ser constante. La sociedad evoluciona y nosotros debemos hacerlo con ella. Educar es ante todo un acto de amor.

—¿Cree que está lo suficientemente reconocido?

—Sí y no. Si por parte de los alumnos y de muchas familias. No por parte de los gobiernos que nos marean a su criterio, que no invierten en educación, que cambian la ley en cada legislatura y que no consultan a los docentes, familias y alumnos para realizar cambios legislativos importantes. Urge una alianza educativa que nos lleve a un proyecto educativo menos memorístico y más creativo, que otorgue mayor autonomía y que involucre a todos.

—¿Cómo se consigue autoridad?

—Practicando la mayor innovación atemporal que existe: querer al alumno. La autoridad se gana desde el respeto y el cariño. Si algo tengo claro es que nuestros alumnos no aprenden de alguien que saben que no los quiere y aprecia. Es necesario establecer vínculos y relaciones significativas con nuestros alumnos para llegar a conseguir aprendizajes significativos y una autoridad positiva.

«El conocimiento llega por la puerta del corazón»
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