viernes. 07.10.2022
ikigai
ikigai

Esta temporada de confinamiento, de recogimiento, de recuperar hobbies y tiempo para uno mismo está trayendo algunas cosas positivas, pocas, pero alguna hay. Un reciente estudio de la Universidad de Almería dice que ha aumentado el nivel de lectura de la población de todas las edades, y eso es para celebrarlo, tal y como está el patio. Ha crecido en todas las franjas de edades y en todas las temáticas y géneros. Quizás se nota algún repunte en géneros como los famosos libros de autoayuda que tan de moda están últimamente. Sea como sea, debemos estar contentos.

Personalmente yo estoy leyendo todo lo que cae en mis manos, para intentar tener la cabeza ocupada y no pensar demasiado. Uno de los últimos libros que he estado ojeando hablaba de un concepto japonés que me pareció realmente interesante: el Ikigai, toda una filosofía de vida, que se traduciría como “la razón de ser”, tu motivación vital, tu misión, lo que te da fuerzas para levantarte de la cama por las mañanas. Se trata de un concepto muy parecido al “hygge” danés o al “fika” sueco, pero menos teórico y más práctico.

El objetivo del ikigai es identificar las tareas que se te dan bien, que te dan placer realizarlas y que, además, sabes que aportan algo al mundo. Cuando las llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia de llevar a cabo estas tareas, ideales para uno mismo, placenteras y útiles. Encontrar tu rol, tu cometido y centrarte en el en vez de ir saltando de actividad en actividad sin un objetivo claro, dicen los psicólogos que produce una sensación de convencimiento interno que conlleva la felicidad plena.

Como concepto, está claro y parece incluso fácil. Pero en este mundo encasillado, de prisas y estrés, no todo el mundo ha tenido la suerte de encontrar su ikigai, o ni siquiera de identificar aquello en lo que uno “es bueno”. Simplemente nos dejamos llevar por la corriente y nos encuadramos en un trabajo que económicamente nos proporcione recursos suficientes para mantenernos, sin plantearnos si nos aporta algo a nivel personal y si nos ayuda a tener una misión hacia la comunidad. Nos conformamos, sin más. Vienen semanas complicadas, de miedo, estrés, añoranza a familia y amigos. Aprovechemos para reflexionar sobre nuestro cometido, nuestras intenciones a todos los niveles, laboral, familiar, sentimental y, por qué no, también ambiental. Pequeños cambios, grandes logros. Desde la ventana a Babia lo tenemos claro, vamos en busca de nuestro ikigai, ¡allá vamos!

El ‘ikigai'
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