jueves 23/9/21

El peor polvo de una casa

Varios inmuebles de León fueron analizados por la organización Greenpeace para conocer el grado de intoxicación que sufren los hogares españoles
Son un enemigo invisible pero omnipresente. Los aditivos químicos forman parte de nuestras vidas pero rara vez se los ve, si no es a la luz de un microscopio. Greenpeace ha pasado por el laboratorio el polvo doméstico de hogares en cinco países europeos, España entre ellos, para constatar la presencia de tóxicos peligrosos para la salud humana y el medio ambiente. «Estamos expuestos a un ambiente químico intenso». Es la conclusión que extrae el director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, a la vista de los resultados del proyecto que llevó a la organización ecologista a pasar la aspiradora por un centenar de domicilios europeos, de España -22 hogares de Madrid, Málaga, Granada, Valencia, Asturias y León- , Francia, Alemania, Eslovaquia e Italia. La limpieza se efectuó antes del verano y su resultado, analizado por tres institutos independientes del Reino Unido, recalca la existencia en el polvo de cinco grupos de sustancias de riesgo potencial para la salud. Alquifenoles -utilizados en cosméticos y productos de higiene personal-, capaces de alterar el sistema endocrino; ésteres de ftalato, usados para ablandar plásticos y tóxicos para el sistema reproductor; compuestos organoestánnicos, que estabilizan el PVC y son acaricidas, aunque también dañan el sistema inmunológico; sustancias químicas bromadas, pirorretardantes y perjudiciales para el tiroides; parafinas cloradas, usadas en plásticos, pinturas y gomas, y carcinógenas, así como un «amplio espectro de otras sustancias químicas artificiales, incluidos pesticidas», señala el informe. Cada gramo de polvo analizado contenía de media un miligramos de los cinco grupos químicos citados, resumió Sara del Río, responsable de la campaña de tóxicos de Greenpeace. Estas sustancias nos rodean cada día; están presentes en las cortinas, enseres de plástico, juguetes, electrodomésticos, moquetas, cosméticos, y un largo etcétera. Aunque sus efectos perniciosos son bien conocidos en laboratorio, raramente aparecen en el etiquetado ni se estudia su liberación en el hogar por volatilización, pérdida de partículas o abrasión en su uso cotidiano. El proyecto de La casa intoxicada de Greenpeace no se pretende que sea sistemático, pero sí aporta nuevas evidencias de que «es imposible controlar los tóxicos una vez liberados en el medio ambiente, y que son sustancias que se acumulan en el organismo humano y el medio natural porque la naturaleza no tiene mecanismos para degradarlos», argumentó López de Uralde, director de Greenpeace.

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