lunes 16/5/22

«He sido un niño fundamentalmente feliz porque he tenido una familia que ha sabido llevarlo muy bien y he tenido buenas relaciones sociales», confiesa José Ramón Gamo que de niño con TDAH y dislexia se ha convertido en un experto en ayudar a niños y a familias que conviven con el déficit de atención. Fue a partir del bachillerato cuando el bachillerato cuando su vida dio un giro. «Un grupo de amigos con un nivel de influencia positiva y un grupo de profesores en el instituto donde recalé después de mucho éxodo por diferentes colegios» fueron decisivos en este vuelco. «Hubo un grupo de profesores muy comprometidos que entendieron que allí había un chaval que tenía un potencial y venía con una serie de dificultades pero sobre todo supieron ver el potencial humano», explica. Otra tabla de salvación fue la afición por la escalada y la montaña. «La naturaleza me sacó de la calle y de los escenarios de factor de riesgo», añade. Pero sobre todo el profesorado comprometido. «Cada vez que tengo un hito en mi vida me acuerdo de mis padres, pero también de estos profesores, que son los menos, pero me ayudaron mucho», admite. De la escuela primaria el mejor recuerdo que tiene es el patio y el comedor. En la universidad «todo cambió y fue todo lo contrario. La gente se volcó conmigo». Fue una terapeuta, María del Mar, quien alentó su vocación de forma determinante».

«Fui un niño feliz porque mi familia llevó bien mi TDAH»
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