martes. 28.06.2022

«Hemos sufrido una pesadilla»

Supervivientes de la explotación sexual se reúnen en España para apoyar la ley abolicionista Están convocadas por la rama española de la Escuela Abolicionista
                      Una mujer prostituida en la calle. LAURENT DOMINIQUE
Una mujer prostituida en la calle. LAURENT DOMINIQUE

En un mundo futuro, las sanciones por contratar servicios sexuales llegará a casa, como ahora lo hacen las multas por saltarse un semáforo o por exceso de velocidad. Así se lo imagina Claudia Quintero, superviviente y activista colombiana por la abolición de la prostitución. «A ver qué le dice el hombre a la mujer: no pasa nada, por algo es el oficio más antiguo del mundo, un desahogo. O la madre a su hijo: yo te pago los estudios, me ocupo de esto también, no te preocupes», ironiza Quintero, en el foro Por la abolición de la prostitución en España, una reunión de supervivientes celebrada ayer en Madrid.

Convocadas por la rama española de la Escuela Abolicionista Internacional, se presentaron supervivientes de Argentina, Nueva Zelanda, Francia, México, Colombia, Rumanía, Nigeria, España, Estados Unidos e Irlanda, países donde se ha debatido, y aprobado en algunos, leyes para regular o prohibir la prostitución. Entre las asistentes hubo consenso para apoyar dos medidas que han centrado el debate legislativo español. Por un lado, el castigo a los clientes y, por otro, la persecución a la tercería locativa (los intermediarios dueños de moteles de carretera, por ejemplo). «Estos dos pasos son fundamentales y abren una nueva oportunidad a la sociedad», dice Quintero, responsable de la Fundación Empodérate. «Sé que una ley es lo único que podría detener al traficante», ratifica Lydia Osifo Festus, a quien las redes de trata de seres humanos la trajo a España desde Nigeria, donde fue prostituida. Ahora es miembro de la asociación Las Poderosas, contra la violencia de género.

Para apoyar las tesis de la prohibición, la superviviente Ally-Marie Diamond, fundadora de la organización contra la explotación sexual infantil Wahine Toa Rising, señala a Nueva Zelanda: «Ahora que la prostitución es legal en mi país, nunca ha habido tantos niños que caen en la prostitución con niveles de violencia que nunca se han visto. No se había conocido tanto dolor y tanto sufrimiento».

«Nos venden Nueva Zelanda como lo mejor para las trabajadoras del sexo. Pero el sexo no es un producto», acota Amelia Tiganus, superviviente de «más de 40 prostíbulos» españoles, durante cinco años y militante del Movimiento Abolicionista del País Vasco (EHMA). «No se puede hablar de libertad cuando hay desigualdad. Que algunos políticos conviertan el sometimiento en consentimiento es vergonzoso. Es la hora de castigar a los que destruyen las vidas de las mujeres».

«En mi habitación había un botón de emergencia», recuerda Diamond. «Pero cuando lo apretabas no venía nadie. El control lo tiene el proxeneta. La mayoría de mujeres que entra lo hace por coacción, ya sea de la pobreza o de la violencia doméstica. Nos dicen que ése es nuestro sitio, que no merecemos más».

«Las mujeres traficadas venimos de la pobreza», apoya Alika Kinan, superviviente que ahora dirige una fundación que lleva su nombre, en Argentina. «¿Qué posibilidad de elección tenemos cuando al frente está un hombre con los bolsillos llenos de dinero y nosotras tenemos las barrigas llenas de hambre?».

La intención de alzar la voz en Madrid, coinciden las supervivientes, es apoyar las posiciones abolicionistas españolas. «Hemos sufrido cosas que ustedes ni en sus peores pesadillas pueden imaginar», sentencia Karola de la Cuesta, fundadora de la organización Alas Abiertas contra la trata de mujeres. Ella misma fue trasladada desde México a Estados Unidos y sometida a explotación laboral y sexual. «Hay que luchar por una ley que castigue. Que busque la verdad, la justicia, la reparación de las víctimas y la prevención para las siguientes generaciones».

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