lunes 23/5/22

La ‘Isatis tinctorea’ es una planta de la familia Brassicaceae. Es propia de climas templados y con un ciclo de dos años. En su primer año produce hojas en forma de punta de flecha y en el segundo flores de un color amarillo vivo. A día de hoy su siembra es marginal y se ha considerado planta invasora en EE UU por su facilidad de crecimiento en condiciones adecuadas (Gibson, 2011). Hasta el siglo XVI, sin embargo, fue uno de los cultivos más importantes de Europa Occidental y razón de múltiples disputas y objeto de política nacional. El motivo, solo uno: su capacidad de teñir en azul. Mientras que en la naturaleza encontramos abundantes tintes amarillos, marrones y rojizos, la capacidad de obtener color azul se reserva a algunas plantas, no muy comunes, con presencia química de indigotina en sus hojas. Será gracias a esa indigotina con la que consigamos el conocido azul índigo. Usado por los celtas como medio de decoración corporal y presumiblemente como protección ritual, se sugiere que los romanos conocieron las capacidades del pigmento extraído de las hojas de ‘Isatis’ durante la conquista de Gran Bretaña y que fue entonces cuando se interesaron en su aplicación sobre tejidos (Gibson, 2011). Otros autores afirman que en la Edad de Hierro ya se hacía uso de esta planta en territorios ítalos con esta función y asentando sus hipótesis en la observación de tejidos encontrados en sepulturas (Guarino, Casoria i Menale, 2000: 396). Es reconocido que le debemos a los romanos su popularización y el perfeccionamiento de las técnicas para la obtención del tinte. Numerosos hallazgos arqueológicos de Pompeya atestiguan que era uno de los mayores centros de producción de todo occidente, poco antes de ser arrasada por el Vesubio en el 79 a.C. Durante la Edad Media, el pastel era regulado por estrictas leyes.

Hoy invasora, antes necesaria
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