domingo. 25.09.2022

Isabel II se despide de Felipe de Edimburgo

El peculiar funeral diseñado por el propio duque desvela una monarquía británica en espera de sucesión
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Su hijo y sus nietos, en el séquito de acompañamiento del féretro. DAVE JENKINGS

Felipe de Edimburgo, hijo de Andrés de Grecia y Dinamarca y de Alicia de Battenberg, emparentado con casas aristocráticas que produjeron matrimonios y sucesores para las monarquías europeas, yace desde ayer en la cripta real del castillo inglés de Windsor, el apellido que tuvo que aceptar al contraer matrimonio con Isabel II hace más de 73 años.

Tras el fallecimiento de la monarca, ambos féretros se reunirán en la capilla de Jorge VI, su padre, junto a los de su madre, Isabel, y su hermana, Margarita.

El joven nómada por los derrocamientos violentos de miembros de su familia en Grecia o Rusia, refugiado de la conmoción causada por la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique, era tan apuesto que la obediente y sistemática niña Isabel también quedó prendada la primera vez que lo vio. Era la suya una familia también con sentimiento de fragilidad, tras la crisis por la abdicación de su tío, Eduardo VIII.

Ambos nacieron sin estar destinados para el trono. Y esa reina y ese consorte por la fortuna han dotado a la monarquía británica de casi tres cuartos de siglo de estabilidad que no tiene parangón por su longevidad.

En el día del funeral de su marido, los ayudantes de la reina enviaron a la prensa una foto de ambos sentados en la hierba, en una escena campestre.

Ni pompa ni circunstancia. La química aleatoria de Elizabeth y Philip habría sido el sostén de su éxito.

Por eso, los actos funerarios en Windsor fueron, además de la gran puesta en escena típica de los rituales de la monarquía británica, el símbolo público de la despedida de la pareja. Isabel II mostró en su primera aparición en las cámaras de la BBC, cuando llegó a bordo de un Bentley oficial a la capilla de San Jorge, que mantiene la serenidad y autocontención que caracterizan su personalidad y su reinado. Habló con el oficiante, se giró para comprobar el avance de la procesión y decidió seguir hacia el claustro.

Carlos, el nuevo patriarca

El fallecimiento de Felipe de Edimburgo poco antes de cumplir los cien años no parece haber causado una terrible conmoción a Isabel II, pero sí hace más visible su relevo. El príncipe Carlos es ahora el patriarca, señala algún medio británico. La línea sucesoria marca desde luego una continuidad de reyes (Carlos, Guillermo, Jorge.) tras la era isabelina.

Pero la pregunta es ahora hasta cuándo querrá la reina seguir con sus funciones institucionales. Cumple 95 años el próximo jueves.

Tomará sus decisiones en la estela de Felipe de Edimburgo, que dio a su funeral un aroma militar y también peculiaridad ritual. Bautizado en los ritos de la Iglesia ortodoxa griega, adoptó el anglicanismo, por deber constitucional, antes de contraer matrimonio con la princesa Isabel.

Pero visitó frecuentemente el monte Athos, donde conviven monasterios de distintas geografías de la Iglesia Oriental. En el final del servicio religioso, diseñado por él, se interpretó el himno funeral 'Kontakion Ruso de los Difuntos, con la melodía de Kiev', cuyo origen remoto está en Bizancio.

Fomentó encuentros entre figuras de diferentes fes, en lo que se ha interpretado en estos días elegíacos como un ecumenismo pionero. Crítico con la Iglesia católica porque, según él, su doctrina sobre la contracepción fomenta la excesiva población del planeta, pero recibió, sin embargo, en nombre de la reina, al papa Benedicto XVI en su visita a Reino Unido en 2010. Al papa Francisco le regaló whiskey y chuletas producidas en las fincas reales, en una visita al Vaticano, en 2014.

Creó una asociación benéfica para fomentar el vínculo de religión y preservación de la naturaleza. Su elección de las sabidurías no canónicas del Eclesiastus, para ser leídas en su adiós, subraya sus ideas sobre la ecología y sobre Dios. "Mira el arco iris y bendice a su Creador.

¡Qué maravillosa belleza!... Quema y reseca, como el fuego, el verdor de las montañas y la hierba de los prados. Pero todo lo sana el rocío que cae de las nubes y que se extiende para fecundar la tierra seca".

Una envuelta en símbolos Su apego a los ejércitos fue un símbolo importante del funeral y el primer ministro, Boris Johnson, unió la experiencia en la Royal Navy con su trayectoria vital en la sesión de la Cámara de los Comunes dedicada al recuerdo del príncipe. Como habría demostrado, según Johnson, en la batalla naval del cabo Matapan, en Grecia o en la invasión de Sicilia durante la Segunda Guerra Mundial, "a través de una vida que por necesidad fue envuelta en símbolos y ceremonia a una edad tan temprana, se puede observar el mismo instinto, el de averiguar qué será más útil y práctico".

El actor Tobias Menzies, que encarna al duque en la serie 'The Crown', descubrió, sin embargo, en el estudio de su personaje que "había muchas diferentes fuerzas en juego dentro de su personalidad". En una entrevista con 'The Guardian' añade: "Era receloso de mostrar sus sentimientos, pero no es, atmosféricamente, una presencia templada; es muy caliente.

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Es áspero. Es desafiante. Es divertido. Esas cosas parecen combatir en su interior. Para ser alguien que no quiere desvelarse, realmente desvela mucho".

El 'show' de los nietos condiciona la procesión tras el féretro La procesión tras el féretro del duque de Edimburgo creó problemas.

El príncipe Enrique ha sido privado de sus títulos militares tras la marcha a Estados Unidos. No se le permitía vestir el uniforme de los Marines Reales. Padre, hermano y tíos sí podían. Salomón imperó: nadie de la familia vistió uniforme militar.

Decepción para quienes esperaban una reconciliación de Guillermo y Enrique en el funeral de su querido abuelo. Marcharon en la procesión separados por Mark Phillips, hijo de la princesa Ana. Se ha interpretado como señal de que la rabia no se ha diluido. Pero eran nueve familiares en cuatro filas.

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