lunes 21.10.2019
EN PRIMERA PERSONA

«La calle engancha»

Casi 240 personas viven en la calle en León. En el Día Mundial Sinhogarismo, que se conmemora hoy, dos personas que recurren a los servicios de la Fundación San Vicente de Paul cuentan su experiencia como deambulabntes. Aquí dan la cara, esa que la sociedad no ve
María Isabel espera en la casa hogar una segunda oportunidad para estabilizar su vida. MARCIANO PÉREZ
María Isabel espera en la casa hogar una segunda oportunidad para estabilizar su vida. MARCIANO PÉREZ

A María Isabel Mateo le gustaba vivir en la calle. «Siempre he sido muy hippie. Con 19 años ya estaba por ahí con mi saco de dormir». Esta leonesa de 62 años está recogida desde hace un año en la casa que la Fundación San Vicente de Paúl tiene en León, tras pasar un año bajo las escaleras del campo de fútbol Reino de León. «Allí me hice mi refugio, con cartones. Estaba muy bien, sin ningún compromiso y nada que hacer». María Isabel está pendiente de que le asignen un tutor, tras reconocerle los servicios sociales una prestación pensada para personas con enfermedad mental que no tienen apoyos familiares. «Me medico desde hace 20 años».


Más de 240 personas no tienen un hogar en León, según los datos facilitados por Cruz Roja, que atendió en lo que va de año a 239 personas, un 17% mujeres. Viven en la calle, recurren a servicios como Calor y Café, el Hogar del transeúnte, de la Asociación Leonesa de Caridad, o reciben atención integral en Cruz Roja.

 

«Este año ha sido muy malo», explica a este periódico la gerente de Calor y Café, Sefi Herrero. «Cava vez llega más gente con más problemas de salud mental. El problema es que la mayoría no están diagnosticados. Otros sí pero es difícil que sigan con estabilidad el tratamiento».

Sociedadgrafico

 

María Isabel está estabilizada. Cada persona arrastra una historia de vida que les conduce directos a deambular por la calle casi sin ser vistos por el resto de la sociedad. Se convierten en seres invisible. «Vengo de un matrimonio conflictivo, he sufrido violencia de género, he trabajado mucho en mantenimiento y esterilización de laboratorios. Mi marido me dejó sin dinero. Tengo dos hijos. Quise volver a Lugo, donde nací, pero me dijeron que mejor no, que allí me conocían. Así que me quedé en León. Tengo aquí familia, pero no quieren saber de mí». María Isabel está pendiente de arreglar todo su proceso de divorcio para solicitar una renta social. Asegura que ahora está tranquila, y solo espera conseguir un piso para estar junto a su pareja actual, que también vive en la calle en León. «Nunca sentí miedo en la calle. Dormía allí sola». Lo más difícil de la calle para ella fue «dormir cuando llovía, todo estaba mojado, pero nunca me puse enferma».

 

La casa hogar San Vicente de Paúl cobijó en lo que va de año a once personas (11 hombres y 7 mujeres) que han disfrutado de 2.225 estancias. La mayoría, 11, son españoles. «No existe un tiempo mínimo ni máximo para permanecer en la casa ya que la estancia depende del plan de intervención individualizado que se lleva a cabo con cada usuario», explica la gerente.

 

Asistencia individualizada

 

Ese estudio individualizado de las necesidades lleva todos los días al centro a Mario González Pérez, de 62 años de edad. Mario es un enfermo crónico, polimedicado, con adicciones «sobre todo al tabaco», asegura. Mario vive de alquiler en un piso y se lleva todos los días un lote de alimentos. «Tengo una pensión de 430 euros y pago 250 de alquiler. ¡Tú me dirás a mí como puedo comer con lo que me queda!». Tiene problemas con la justicia por sus problemas con el dinero y las múltiples deudas contraídas «porque mi socio me engañó en el negocio que teníamos de construcción. Me acusan de estafa, pero lo he recurrido». Ayer acudió a la casa hogar a que Sefi Herrero le cortara las uñas. «Este no es un servicio que demos, pero si nos lo piden pues lo hacemos», asegura Herrero.

 

El programa de emergencia social al que está vinculada la ayuda que recibe Mario atendió este año a 152 usuarios diferentes (98 hombres y 54 mujeres) y 259 miembros de las unidades familiares atendidas. En este servicio también son mayoría —104—los españoles que reciben ayuda. En los últimos años se ha incrementado la demanda de este recurso, no hay un número tope de atenciones, se atiende según los recursos del centro con alimentos, ducha, aseo, productos de higiene, lavandería... El dispositivo de emergencia social se creó en 2015 y reparte una media anual de 5.511 kilos de alimentos no perecederos, y 63.479 euros en excedentes de Alimerka. para mantener estos servicios, San Vicente de Paúl tiene abierto ahora un mercadillo solidario en el centro del día Concepción Arenal, con 40 plazas disponibles. Por el centro pasaron el pasado invierno 300 usuarios, personas sin hogar que buscan un refugio, lectura y acompañamiento durante el día. El centro abre sus puertas desde el primer lunes de noviembre hasta el 30 de abril del año siguiente. Enero y marzo, con el frío, es cuando más personas sin hogar utilizan el servicio.

 

«Estoy encantado», dice Mario González, que describe su vida de piso en piso porque no podía pagar el alquiler. Ahora necesita alimentarse de una manera ordenada para cuidar su diabetes. «No he llegado a dormir en la calle por la mínima», asegura. Pero su perfil es del una persona sin hogar porque «no puede acceder o conservar un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, permanente y que proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por razones económicas u otras barreras sociales o bien porque presentan dificultades personales para llevar una vida autónoma», según la descripción de Cruz Roja que cuenta con 55 personas voluntarias para ofrecer una atención psicosocial diurna, el centro de higiene— por el que han pasado este año 69 personas— y la unidad móvil que recorre León para ofrecer bebida caliente, abrigo y algo de comer a las personas que duermen en la calle.

«La calle engancha»