jueves 28/10/21

«La lana puede ser una redención para la montaña leonesa»

Manuel Rodríguez Pascual reivindica en su homenaje en Salamón el valor cultural, económico y ecológico de la trashumancia
Rodríguez Pascual, con el cencerro y rodeado de ganaderos, su esposa Elvira y la responsable de Ovinnova, Ernestine. FERNANDO OTERO

El homenajeado era Manuel Rodríguez Pascual y las estrellas, las ovejas merinas. A los pies de la ermita del Roblo, punto de reunión de los pueblos de Salamón, Las Salas y Valbuena, se cardó mucha lana para que los rebaños que dieron esplendor a la montaña recuperen la fama y regresen, si no a pie, como hizo este año Francisco Morgado en 34 largas jornadas, en medios de transporte modernos y con pastores que disfruten mejores condiciones de vida que en el pasado.

El homenaje a Manuel Rodríguez Pascual en la tercera velada trashumántica no fue solo un canto a las glorias del pasado de una actividad milenaria que dio la mayor riqueza a la montaña leonesa durante cinco siglos.

«La trashumancia es el sistema más sostenible y la lana el producto natural que está inundando todos los mercados», señaló el homenajeado rodeado de todos los elementos que se necesitan para trabajar uno de los productos más valiosos del merino leonés que ha caído en el olvido.

Pascual recordó que su primer contacto con la trashumancia se produjo el 1 de junio de 1987, cuando, en compañía de Antonio Gómez Sal, compañero del Instituto de Ganadería de Montaña del CSIC en Grulleros. «Investigábamos la pervivencia de la propiedad comunal y quisimos ver cómo era aquello de la trashumancia», comentó. Con un saco de dormir y una tienda de campaña se acercaron hasta El Burgo Ranero y quedaron sorprendidos al ver bajar del tren a un rebaño de más de mil ovejas.

El pastor Argimiro Rodríguez, oriundo de Tejerina y trashumante desde 1968, fue su primer guía en el viaje interminable que Rodríguez Pascual emprendió por los puertos y dehesas, por las cañadas y cordeles y por la historia esplendorosa de las merinas. Fue en Australia, a donde fue becado durante dos meses en 2013 por la Fundación Vista, cuando Rodríguez Pascual vio claro el filón de la lana. «La lana puede ser una redención como lo fue durante cinco siglos para estas montañas», señaló ayer.

Más allá de los libros
«Siempre está pendiente de los pastores, de sus familias y de las ganaderías»

«Lo importante es que las ovejas sigan viniendo y los puertos se sigan utilizando», añadió. Y no sólo por razones económicas, también ecológicas y de convivencia con otras especies. «Es la única forma de que nos encontremos el oso o el lobo a la puerta de casa», subrayó. Pascual, que después de tantos desvelos por el fin de un oficio ancestral, ve un rayo de esperanza en iniciativas como la del grupo operativo Ovinnova y la fundación Monte Mediterráneo que han incentivado la llegada a puertos leoneses, palentinos y burgales de 13.800 ovejas merinas este verano o la apuesta de Argimiro Rodríguez, Miro, por la reproducción de corderos con semen y embriones traídos de Australia para mejorar la calidad de la lana y aportar un valor añadido a la carne del cordero.

«Hay que programar a 20 años, no para las próximas elecciones», advirtió. «En pocos años podemos recuperar esta riqueza y la lana, aunque no consigamos las cifras de Australia» porque, «como nos dicen los italianos: no solo tenéis que vender la finura sino lo hay que detrás de este producto, la trashumancia, una cultura milenaria», concluyó. Rodríguez Pascual tuvo entre los padrinos del acto al escritor Julio Llamazares quien ensalzó la sabiduría, generosidad y humildad de Rodríguez. Llamazares dijo que «hemos dedicado mucho tiempo a lamentarnos» y «para no convertirnos en estatuas de sal hay que mirar hacia atrás y mirar hacia adelante». «La lana puede volver a ser el oro blanco que fue para estas montañas», sentenció. Para ello, «la gente de aquí tiene que volver a reinventarse no en función de lo que fue, sino de lo que puede volver a ser».

El biólogo Víctor Casas destacó la figura «inspiradora» de Manuel Rodríguez Pascual por su «curiosidad, capacidad de trabajo y de compartir, generosidad y compromiso con la tierra». Un hombre que no solo ha vivido para sus investigaciones, «siempre está pendiente de los pastores, de sus familias y de la ganadería».

«La lana puede ser una redención para la montaña leonesa»
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