lunes 16/5/22

Látigos para frenar la igualdad

Los últimos informes sobre derechos humanos en el mundo constatan que las vulneraciones sobre la mujer persisten e incluso se agravan en distintos países
                      Fawzi Koofi, en una reciente visita a Barcelona para recoger el Premio Casa Asia 2021. MARTA PÉREZ
Fawzi Koofi, en una reciente visita a Barcelona para recoger el Premio Casa Asia 2021. MARTA PÉREZ

Ocho historias en las que, pese al miedo y el dolor, ellas toman la palabra para denunciar la discriminación.

Afganistán

Fawzia Koofi. Toda una existencia bajo la presión de los talibanes «Físicamente estoy aquí, pero mi corazón sigue en Afganistán, no es nada fácil vivir así», confiesa Fawzia Koofi en el documental sobre su figura estrenado hace unas semanas por el canal Arte. Esta política y activista afgana de 45 años fue evacuada a Catar en un avión militar en agosto y desde allí viaja por todo el mundo para seguir con su lucha por los derechos de las mujeres afganas. Koofi se convirtió en las últimas dos décadas en un símbolo de superación y de resistencia frente a los talibanes. Fue la primera mujer afgana que trabajó con Unicef, fundó el Movimiento para el Cambio y en 2005 logró un escaño como diputada y se convirtió en la primera fémina en ocupar la vicepresidencia del Parlamento. Renunció a ser médico porque los islamistas prohibieron el acceso de mujeres a la universidad. En su lugar, dio clases de inglés a niñas de su barrio, expulsadas de las escuelas.

Guatemala

Aura Lolita Chávez. Obligada al exilio en su defensa de las mujeres indígenas «Ya vivimos la guerra y no es nuestra dinámica. Las mujeres decidimos que no queríamos parir hijos para la guerra». Así se pronunciaba hace un lustro en una conferencia en Barcelona Aura Lolita Chávez Ixcaquic, una activista de los derechos de las mujeres y líder indígena de Guatemala. Es un referente internacional de la lucha por preservar los recursos naturales, lo que ella llama defenderse de una «nueva invasión» al servicio de las ideologías «racistas» y las «grandes corporaciones». Sus actos solo le han llevado a ser amenazada de muerte en varias ocasiones. Por ello se vio obligada al exilio y reside en Euskadi desde 2017.

Bangladesh

Taslima Nasrin. Una escritora que demanda una política sin religión. El mundo se volvió un lugar hostil para Taslima Nasrin cuando publicó, hace ya casi tres décadas, la novela La vergüenza en su Bangladesh natal. El relato de los sufrimientos de una familia hindú en este país musulmán, provocados por la destrucción de la mezquita de Ayodhya por fanáticos hindúes, enfureció a sus compatriotas. La repulsa resultó tan airada y peligrosa como la que sufrió Salman Rushdie. El Estado condenó la ofensa a la fe, los líderes religiosos convocaron una huelga general y reclamaron la muerte de la autora, y decenas de miles de personas se manifestaron para exigir su inmediato ahorcamiento.

Arabia Saudí

Loujain Hathoul. Más de mil días recluida y cinco años sin viajar Loujain Hathloul es el rostro más famoso de las activistas que luchan por los derechos de la mujer en Arabia Saudí. Detenida desde 2018, Loujain, de 31 años, fue juzgada y condenada en diciembre de 2020 por «servir a una agenda externa al reino usando internet con el fin de perjudicar el sistema público, además de colaborar con un número de personas que cometieron actos criminales de acuerdo con la ley de terrorismo». Tras pasar 1.001 días en prisión volvió a su casa, pero no puede salir del país porque pese sobre ella una prohibición de cinco años de realizar viajes y tres de libertad condicional. Tampoco puede hacer declaraciones públicas. El activismo está perseguido en Arabia Saudí y el caso de Loujain lo llevó un tribunal especializado en antiterrorismo, una decisión criticada por la ONU porque la defensa de los derechos humanos no puede ser considerada terrorismo.

China

Wu Rongrong. A prisión por intentar frenar el acoso sexual. Wu Rongrong es una feminista china incansable que lucha por defender los derechos de la mujer. Es miembro de uno de los colectivos feministas más grandes del gigante asiático, conocidos Las cinco feministas. Su activismo le ha puesto contra las cuerdas en varias ocasiones, llegando incluso a ser detenida por las autoridades. A pesar de las vicisitudes, a sus 37 años sigue al frente de un movimiento en favor de las mujeres y sin temor a las consecuencias del régimen chino.

Congo

Caddy Adzuba. Denuncia la violación como arma de guerra Veinte años separan el horror del clamor en la trayectoria de la congoleña Caddy Adzuba. En 1996 era una adolescente perdida en su ciudad natal de Bukavu, separada de su familia, contemplando las penurias de otros que, como ella, huían de la guerra. Dos décadas después, recibía el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y denunciaba en Oviedo la violación como un arma de guerra. Durante ese periodo tomó conciencia de la terrible situación de los niños y las mujeres en la región de los Grandes Lagos, convertidos en las víctimas vulnerables de un largo conflicto y procelosos intereses económicos.

Irán

Nasrin Sotoudeh. Casi 150 latigazos y 38 años en una cárcel insalubre. El hastag #FreeNasrin recorre las redes sociales fruto de la campaña lanzada por Amnistía Internacional (AI) para pedir la liberación de la abogada y activista pro derechos humanos. «Le han sentenciado a 38 años de cárcel y 148 latigazos por defender de manera pacífica los derechos de las mujeres en Irán», recuerda AI a la hora de explicar el caso de esta abogada detenida y condenada por su trabajo como defensora de féminas que se negaban a acatar las leyes sobre el uso del velo en la república islámica, donde es obligatorio.

Yemen

Tawakkul Karman. Una vida en peligro contra la opresión y la desigualdad. De 42 años, es una emblemática luchadora por los derechos de las mujeres en el mundo árabe promoviendo su educación y mostrándose partidaria de leyes que eviten que las niñas menores de 17 años puedan contraer matrimonio. Activista política y periodista, vive en el exilio desde 2015 tras ser amenazada de muerte por luchar contra la opresión y la desigualdad. En 2005 fundó el grupo ‘Mujeres periodistas sin cadenas’ y, en 2011, se convirtió en el rostro de los levantamientos yemeníes, que fueron parte de la Primavera Árabe.

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