domingo. 27.11.2022

Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

Esta Semana Santa recordamos el Vía Crucis que Benedicto XVI celebró con los jóvenes durante la reciente Jornada Mundial de la Juventud. Muchos de ellos nunca habían visto imágenes tan bellas y expresivas de la Pasión del Señor.

El Papa les dijo que «son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión». Cabe preguntarnos si nosotros las miramos con ojos de fe, si vemos en ellas el misterio de nuestra salvación, si dejamos que transformen nuestro corazón.

Ante aquellas imágenes, el Papa invitó a los jóvenes a meditar en el amor desinteresado de Cristo y se preguntó: «¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos?» Esas preguntas se hacen especialmente urgentes para nosotros en estos días de la Semana Santa. La fe necesita, impulsa y motiva las obras concretas del amor. Según el Papa, «la pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes».

Todos hemos mirado alguna vez al Cristo que recorre nuestras calles en estos días. Y hemos pensado en los otros cristos que todos los días y en todas partes son azotados, coronados de espinas o clavados sobre tremendas y vergonzosas cruces. También a ese panorama del dolor humano volvía los ojos el Papa. «Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación».

Sabiendo que la cruz es la cátedra de la sabiduría eterna, añadía: «Miremos a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive…En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo».

Muchas de nuestras procesiones de Semana Santa se cierran con la imagen de María, la Madre de Jesús. Al pie de la cruz, María recibe en el apóstol Juan a toda la comunidad cristiana. También a ella se refirió el Santo Padre al final del Vía Crucis: «Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz».

En este año, podemos y debemos recordar esta hermosa meditación al hacernos protagonistas de la celebración de la Semana en que hacemos memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Que al acompañarlo en las celebraciones litúrgicas o en las procesiones que recorren nuestras calles, recordemos estas lecciones de su amor.

Lecciones de la Cruz
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