sábado. 26.11.2022
Gemma Fradejas, madre de un niño con autismo.

«Cuando te dan un diagnóstico médico de tu hijo, sea cual sea, es doloroso. No estás preparado. Nadie lo está. A mí me lo dieron después de mucho insistir a su pediatra porque una madre sabe cuándo algo no va bien con sus hijos. Con dos años y cuatro meses, la palabra autismo cayó sobre nuestras vidas, pero no es esa palabra lo que más pesaba, lo que realmente fue una losa enorme fue lo que esa etiqueta llevaba con ella». Gemma Fradejas, presidenta de la Asociación Somos Diversos, que desde 2019, lucha por la inclusión educativa en León, es una de las voces que recoge el libro ‘La lucha sin armas’, de Silvia Camino. La asesora psicoeducativa, con formación en Magisterio y Psicología, conoció a esta madre leonesa el verano pasado a través de las reivindicaciones que planteó en los medios de comunicación para que el alumnado con especial riesgo por enfermedad pudiera recibir atención educativa domiciliaria. «Me contó su caso, como cada día era quitar una piedra, las veces que tuvo que cambiar a su hijo de colegio... la lucha constante de una madre para dar a su hijo lo que necesita», explica. El problema radica en que la inclusión educativa «la proporcionan más las familias que el propio sistema». Tras un curso de escuela en casa Gemma Fradejas ha visto que su hijo «ha avanzado mucho más con menos clases». La socialización se la ha proporcionado en su entorno cercano.

La losa de una etiqueta: autismo
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