domingo 17.11.2019

La mayoría de los leoneses prefieren la hemodiálisis a la peritoneal

León tiene 200 personas con patologías renales que optan por los tratamientos sustitutivos. Mientras que un 70% se decanta por la hemodiálisis, recibida en el Hospital de León, el 30% restante se atreve con la diálisis peritoneal domiciliaria, realizada por el propio paciente bajo supervisión de una enfermera las primeras veces
El doctor Mario Prieto Velasco, jefe del Servicio de la Unidad de Nefrología del Hospital de León. JESÚS F. SALVADORES
El doctor Mario Prieto Velasco, jefe del Servicio de la Unidad de Nefrología del Hospital de León. JESÚS F. SALVADORES

Las enfermedades renales no sólo son complicaciones que padecen las personas mayores. El doctor Mario Prieto Velasco, jefe de servicio de la unidad de Nefrología del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule), cuenta que, aunque el sector mayoritario de pacientes con estas patologías son personas de edad avanzada, «también hay casos de jóvenes de 20 años».


Existe un grupo de la sociedad con especial riesgo a padecerlas, especialmente «los enfermos de diabetes, las personas con hipertensión, los que sólo tienen un riñón, los que padecen litiasis y también los que subestiman el poder de los analgésicos, como el ibuprofeno, por ejemplo».

 

Según afirma el doctor a este periódico, «las enfermedades renales son indoloras y, en un estado inicial, sólo se manifiesta mediante una analítica sanguínea».

 

Cierto es que «cuando la enfermedad avanza y no se trata pueden aparecer síntomas como la pérdida de apetito, la anemia, la palidez, la pérdida de peso, el cansancio, se hinchan los pies al no orinar con frecuencia, incrementa la cantidad de glóbulos rojos, surgen hemorragias digestivas o pericarditis —inflamación del corazón—...», dice el doctor Prieto.

 

Los profesionales lo califican como un «envenenamiento» paulatino del que «no eres consciente».

 

Prieto aconseja que el sector poblacional más proclive a padecer una enfermedad renal se realice analíticas una vez al año como mínimo.

 

«Cuando se diagnostica un problema en el riñón que requiere de medidas más allá de los antibióticos, los pacientes deben elegir entre dos alternativas: recibir un trasplante de riñón o someterse a un tratamiento sustitutivo renal, bien sea diálisis o hemodiálisis», manifiesta. En todo momento el afectado tiene el poder de decisión sobre el camino que quiere tomar.

 

«No existe diferencia en cuanto a la calidad de vida entre los pacientes que escogen un tratamiento sustitutivo renal u otro», asegura Prieto. «Pero eso sí, un paciente de diálisis peritoneal puede ser trasladado a hemodiálisis porque con el paso del tiempo dejan de orinar y la segunda alternativa limpia más la sangre».

 

 

 

Tratamientos Sustitutivos

 

El jefe de la unidad de servicio de Nefrología del Hospital de León asegura que «hay aproximadamente un 1,4 de pacientes por cada mil habitantes con problemas de riñón de los que la mitad están trasplantados y la otra mitad realizan tratamientos sustitutivos renales. En total, hay 240 personas en diálisis de los cuales 40 están en peritoneal y 200 en hemodiálisis.

 

La hemodiálisis se realiza en el hospital o en un centro concertado alrededor de tres veces a la semana (cuatro horas cada sesión). Los pacientes se conectan a una máquina externa de diálisis a través de una fístula —colocada en la muñeca o en el brazo— o de un catéter —un pequeño tubo de plástico ubicado en una vena grande del cuerpo—, ambos se colocan previamente en cirugía.

 

La diálisis peritoneal es una técnica ambulatoria que se realiza en el domicilio por el propio paciente.

 

En palabras del doctor, los pacientes que eligen esta última opción son «personas independientes, interesadas en el autocuidado que quieren llevar su propia vida, sus horarios, ir al trabajo y viajar. Incluso en la dieta permite flexibilidad».

 

Esto no quiere decir que el hospital abandone a los enfermos a su suerte una vez que escogen el tratamiento domiciliario. La máquina a la que se conectan cada noche y que se encarga de realizar la limpieza de la sangre mientras el paciente duerme, también es un emisor de información que los médicos recogen y estudian cada mañana. «Además, pasan controles cada dos meses y hay mucho control telefónico con ellos. Es importante que el paciente se sienta protegido y en constante contacto con nosotros».

Información


El equipo de enfermeras y enfermeros de diálisis peritoneal y de la consulta de enfermedad renal crónica avanzada charlan con los enfermos antes de decantarse por un tratamiento sustitutivo u otro para aconsejarles y apoyarles.

 

Los pacientes acuden a tres sesiones informativas en el Hospital de León de una hora cada una donde se les explica en qué consiste cada técnica y qué es lo que ellos deberían hacer.

 

Cuando la decisión tomada es la diálisis peritoneal, este grupo de profesionales —formado por la nefróloga Arancha Sastre y los enfermeros Cristina Alonso, Blanca Linares y Juan Guerra — hacen un simulacro de cómo se realizaría este tratamiento con una «barriga» ficticia para seguridad al paciente al mismo tiempo que se le enseña.

 

Las primeras veces que el enfermo se autorrealiza la diálisis un miembro de este equipo le acompañará y le supervisará durante el tratamiento.

 

«Negación». Es la primera reacción que manifiesta un paciente de enfermedades renales cuando se le comunica que su riñón no realiza su función adecuadamente y necesita un trasplante o un tratamiento sustitutivo, cuenta Cristina Alonso, una enfermera de la unidad de diálisis peritoneal y de la Consulta de Enfermedad Renal Crónica Avanzada (Erca) del Hospital de León.

 

La siguiente manifestación es el miedo. La enfermera relata que una vez que los pacientes acceden a realizar un tratamiento sustitutivo renal, en concreto la diálisis peritoneal, los enfermos temen contaminarse durante el proceso de depuración de la sangre mediante una bolsa externa y un catéter colocado en el área abdominal del enfermo. También aparece pavor a contraer una infección o, simplemente, a no saber hacerlo.

 

En la última fase, cuando los pacientes ya están seguros de que van aplicar el tratamiento de diálisis peritoneal, les surgen dudas como si los materiales se los proporcionará el hospital o cuán doloroso va a ser el tratamiento.

 

El jefe de Nefrología del se asegura de que todos los pacientes sean valorados para recibir un trasplante ya sea de un donante vivo o de una persona que ya haya fallecido, pero son los propios pacientes los que toman la decisión final.

 

Las personas longevas o muy frágiles son las únicas excepciones en las que no se aconsejan los tratamientos sustitutivos renales o los trasplantes sino que directamente se habla de un tratamiento paliativo.

 

En cuanto a la calidad de vida, no varía mucho entre las tres opciones óptimas que se aconseja para una persona con vitalidad.

 

Según los últimos datos ofrecidos por el Complejo Asistencial Universitario de León, los pacientes que se encuentran laboralmente activos son: el 22% de los pacientes tratados con hemodiálisis, el 28% con diálisis peritoneal manual, el 48% reciben diálisis peritoneal automática y el 39% de las personas que han recibido un trasplante.

La mayoría de los leoneses prefieren la hemodiálisis a la peritoneal
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