miércoles 21/10/20
Reportaje

La memoria cosida puntada a puntada

El CLA borda el horror de las presas republicanas. Marxistas, feministas, delincuentes... Las putas de los rojos. La instalación ‘Papillons’, que se inauguró ayer en el Centro Leonés de Arte, recrea el ambiente de opresión y miseria que vivieron (y en el que murieron) las presas republicanas y sus hijos e hijas.
Luis García, Lidia Martín, Eugenia Navajo y Pablo López. MARCIANO PÉREZ
Lidia Martín Merino y Eugenia Navajo en una de las salas del CLA dedicada a la maternidad en prisión, parte de la instalación ‘Papillons. La palabra no dicha’. MARCIANO PÉREZ

Se desconoce cuántas, pero cada vez se sabe más cómo. Sus nombres salen a la luz puntada a puntada. Y con ellos emergen historias no contadas, ignoradas y olvidadas, en expedientes penitenciarios y consejos de guerra o en fosas exhumadas con dinero de un sindicato de electricistas noruego.

La ‘palabra no dicha’ sobre el horror de las presas republicanas llega ‘bordada’ a León. El CLA (Centro Leonés de Arte) del Instituto Leonés de Cultura de la Diputación provincial de León acoge hasta octubre Papillons. La palabra no dicha. Mujeres prisioneras republicanas utiliza el arte —instalación, audio, vídeo y bordado— para recrear el sufrimiento de las prisiones de mujeres republicanas y que ha sido «históricamente ignorado».

Lidia Martín Merino, segoviana de origen, es la directora e impulsora de este proyecto que nace en la capital del exilio republicano español en Francia, Toulousse, donde reside y trabaja con su productora La Jetée.

El caldero de las heces y el cabello de las rapaduras. MARCIANO PÉREZ
El caldero de las heces y el cabello de las rapaduras. MARCIANO PÉREZ

«Llevaba varios años y no sabía cómo hacerlo hasta que empecé a utilizar palabras de una manera etimológica para diferenciar las situaciones que puede vivir una mujer en una cárcel a las situaciones que puede vivir un hombre», explica. «Históricamente las mujeres hemos estado detrás y de hecho las guerras no las hicieron las mujeres, las hicieron los hombres, excepto alguna mujer con mucha testosterona», subraya.

Sin embargo, las mujeres «sufrimos doblemente e incluso triplemente: somos las madres, somos las esposas... pero además sufrimos, como se ha empezado a ver desde la guerra de Yugoslavia, violaciones y cosas muy terribles». En la guerra de España, recuerda Luis García, director de Arte del ILC y comisario de la exposición, Queipo de Llano alentó a violar a las mujeres republicanas. Su voz grabada con esa invitación hecha de forma subliminal se oye al recorrer la exposición.

Los castigos

La voz de Queipo de Llano invitando a violar a las mujeres de los rojos se oye en la exposición

De la singular represión y de los métodos usados para llevarla a cabo hablan los objetos que pueblan las salas del Centro Leonés de Arte hasta octubre. La instalación se articula en dos ejes. La muestra de la sistematización del sufrimiento y de la moral más perversa: por el hecho de ser republicanas, por el hecho de ser mujeres. Y la muestra de la cosificación de las mujeres a través de la evocación de las investigaciones científicas de Vallejo Nájera.

Los rapados de cabello y las crueles lavativas de aceites de ricino congelados en un caldero sujeto a una cadena y los cabellos derramados por el suelo. Una cuna, para las que pudieran arrullar a sus hijos e hijas, ña escasa comida y el inmenso hambre. La tabla de lavar, la máquina de coser... los oficios de mujer también en la cárcel. La silla de enea con las medias colgando y los zapatos que pertenecieron a una rea ejecutada; los orinales arrinconados en una esquina, la mesa de la enfermería.

Objetos y palabras que apelan a la conciencia del público sobre la doble represión llevada a cabo sobre las mujeres en un régimen dictatorial como el que se vivió en España tras la rebelión franquista y tras el final de la Guerra.Lo primero con lo que se topará el público que visite Papillons es un despacho siniestro. Y un nombre. Antonio Vallejo-Nágera, el Menguele español, como recuerda el comisario.

Luis García, Lidia Martín, Eugenia Navajo y Pablo López. marciano pérezLuis García, Lidia Martín, Eugenia Navajo y Pablo López. MARCIANO PÉREZ

Destinado en la embajada de Berlín durante la dictadura de Primo de Rivera, Vallejo-Nágera se convirtió en el adalid de la búsqueda y aniquilación del gen rojo a través de experimentos con presos y presas. De las mujeres dijo una frase que aparece bordada en otra de las salas: «A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella

Un móvil realizado con piezas en forma de mariposas y nombres de mujer bordados preside este espacio diminuto en el que se pueden contemplar los libros donde se anotaban los nombres de las prisioneras. «Se consiguió clasificar a la mujer como ‘un ente femenino’ carente de capacidad para pensar, por tanto, para luchar y se las definió como ‘las putas de los rojos’», señala Luis García.

«Además de todos los sufrimientos tenían a sus hijos a su lado y los veían morir, las torturaban con sus hijos porque había una señora de la Sección Femenina especializada en perversión. Todo eso es necesario sacarlo», recalca. La palabra no dicha, que dijo María Zambrano, en cuya patria de exilio tejió la filosofía de la aurora, sale a la luz puntada a puntada para romper el silencio de miles de mujeres que fueron calladas. «Hay que recordarlo porque forma parte de nuestra historia, de nuestro ADN», insiste la directora de ‘Papillons’.

Eugenia Navajo es la autora de la escenografía que rompe el silencio que originó «la banalidad del mal» «que tanto mal ha causado a esta sociedad». La implicación del catolicismo, la mayoría de las cárceles de mujeres fueron gestionadas por órdenes religiosas femeninas, queda patente en otra sala y en el audio con los murmullos del rosario obligado.

Los bordados, de África Bayón (Bulgarcita), representan la diferencia específica de las cárceles de mujeres. Como la de Ventas, una cárcel modelo diseñada por Victoria Kent durante la II República para 435 presas y que durante y después de la Guerra Civil llegó a tener más 12.000 prisioneras, que veían morir a sus hijos e hijas y amontonar sus cadáveres en lo que había sido un váter. Saturrarán y Amorebieta en el País Vasco, Les Corts en Barcelona, o la recién descubierta cárcel de mujeres de Astorga, en León, son otros de los escenarios reales (y aún muy desconocidos) de lo que se recrea en el Centro Leonés de Arte.

La memoria cosida puntada a puntada
Comentarios