lunes 18/10/21
Sentimiento europeo

Morir de fatiga pandémica

-La OMS alerta del cansancio de la población por la prolongación de las restricciones en puertas de una Navidad que puede precipitar la tercera ola.
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Una sanitaria del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, en Santa Cruz de Tenerif. RAMÓN DE LA ROCHA

Apatía, cansancio, desmotivación, rebelión contra los mensajes de las autoridades sanitarias... La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya le ha puesto nombre al sentimiento que comparte el 60% de los europeos, según un informe de la entidad internacional. Fatiga pandémica, han denominado los expertos a la reacción "natural y esperada" contra los inconvenientes que ha generado la pandemia nueve meses después de que comenzaran las restricciones y a la sensación de que la luz al final del túnel sigue estando demasiado lejos. Una desesperanza que se traduce en la "desmotivación para seguir las recomendaciones de protección y prevención que aumenta con el tiempo", algo que, como avisan los especialistas, puede arruinar los esfuerzos hechos hasta ahora por el conjunto de la sociedad y favorecer, más que a nunca y a las puertas de la Navidad, la llegada de la tercera ola del virus.

"Al principio de la pandemia, en marzo, la sociedad sufrió un fuerte impacto de angustia y las autoridades establecieron unas restricciones que transmitían peligro y riesgo. Por eso, todos, tanto los profesionales como los ciudadanos en general, fuimos conscientes de que debíamos darlo todo e interiorizamos que había que hacer lo que hiciera falta por salvar vidas, incluso un confinamiento completo", explica María Fe Bravo, jefa del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario La Paz. "Nos volcamos en cumplir las medidas, eso nos agotó, pero lo entendimos. Hubo una toma de conciencia general. Pero ahora la situación es distinta".

Un 'ahora' que tiene fecha de inicio. "En verano empezó a parecer que la situación ya no era tan grave y como las medidas no se pueden decretar ilimitadamente, una parte de la sociedad entendió, con la desescalada, que ya no había peligro", continúa Bravo. Lo que al principio fue "autocontención", recuerda la doctora, se convirtió después, cuando volvieron las restricciones, en "agotamiento"; un síntoma que ella detecta también en su especialidad de salud mental. "En la primera ola, los pacientes lo llevaron más o menos bien porque estaban concienciados. Pero en estos momentos, tenemos más gente en la consulta. Los humanos somos seres sociales, necesitamos el contacto con otras personas, y más en el caso de los enfermos de depresión y ansiedad, cuya terapia, en parte, son las relaciones con los demás".

Pero si la sociedad en su conjunto vive la fatiga pandémica, el colectivo de los sanitarios la sufre multiplicada. La Sociedad Española de Epidemiología ha alertado de que los médicos y las enfermeras están al límite "por la sobrecarga de trabajo, por las condiciones en que deben realizar su tarea, por la incomprensión de su función, por la responsabilización que determinadas personas o instituciones han querido, interesadamente, poner sobre quienes trabajan como técnicos en la vigilancia y control de la pandemia y por la prolongación en el tiempo de todos estos condicionantes, sin que se hayan arbitrado mecanismos para disminuir sus efectos".

En una carta pública, los epidemiólogos cuentan que están sufriendo, directamente, el cansancio de una parte de la ciudadanía. "Es comprensible la frustración de una parte de la población ante una situación incierta, compleja y que ha mostrado pocos síntomas favorables", admiten. "Sin embargo", continúan, "no se debería asumir que se descargue esa frustración sobre una parte de quienes, precisamente, tratan de revertirla, y lo hacen con las herramientas y recursos que tienen a su alcance, que no siempre son los más adecuados ni los suficientes".

Soluciones

El documento de la Organización Mundial de la Salud que analiza la fatiga pandémica también ofrece soluciones para intentar mitigar sus efectos. La entidad sugiere a los gobiernos cuatro actuaciones: "Entender a la gente", "conseguir que los ciudadanos se sientan como parte de la solución", "permitir a la población vivir sus vidas, pero reduciendo los riesgos" y "manejar la experiencia de la adversidad que han vivido las personas".

A todo ello pide la OMS que se le añadan dosis de transparencia en la información, de ecuanimidad y justicia, de coordinación y de predictibilidad, esto es, que las restricciones, si deben tomarse, no sean inesperadas y arbitrarias. El texto del organismo internacional detalla algunas medidas que han tomado los países para frenar el descontento social, y en el caso de España, subraya la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital, que permite a la población más desfavorecida "tener cubiertas sus necesidades hasta que la situación mejore". La idea implícita es clara: cuanto peores condiciones vitales sufre una persona, mayor fatiga pandémica sufre y menos apego hacia las recomendaciones sanitarias siente.

La doctora Bravo asegura que la sociedad no se puede permitir la fatiga pandémica. "Ha dado la sensación de que la segunda ola ha sido menos dramática, pero ha dejado 20.000 muertos", recuerda. "En Navidad tenemos que hacer un esfuerzo, ojalá sea el último, porque si no, a la vuelta, veremos otra eclosión. Debemos pensar que todo pasará, esto también, si todos interiorizamos cómo debemos comportarnos".

Morir de fatiga pandémica