viernes. 12.08.2022

El muro de Facebook que refugia a ucranianos

Movimiento de solidaridad en una red social para acoger a dos familias procedentes de Ucrania en Torrecampo
                      Dos familias ucranianas viven en Torrecampo (Córdoba) gracias a la solidaridad popular. SALAS
Dos familias ucranianas viven en Torrecampo (Córdoba) gracias a la solidaridad popular. SALAS

Una publicación en un grupo cerrado de Facebook ha desencadenado un movimiento de solidaridad popular que sostiene el acogimiento de dos familias ucranias en Torrecampo (Córdoba).

Se trata de dos familias que llegaron a Madrid el 2 de junio pasado, vía Varsovia desde la frontera con Ucrania, y que han encontrado refugio en esta población de 1.020 habitantes, según el padrón municipal a 1 de enero de 2021, incrustada en plena dehesa del Valle de los Pedroches y limítrofe con Ciudad Real.

Olga Panchuk, de 38 años, y María Mazur, de 34, son las dos cabezas de familia que comparten la casa que sufraga el Ayuntamiento de Torrecampo, cuya alcaldesa, Paqui Alamillo (PSOE), considera «un orgullo ver cómo los ciudadanos se han volcado desinteresadamente para ayudar a unas familias que lo están pasando mal».

A la iniciativa en la red social y a la respuesta ciudadana, en Torrecampo se une un tercer factor que permite el asentamiento a más de 4.300 kilómetros de su residencia en Dnipró de Olga y sus hijos Konstia, de 16 años, y Rosa, de 9, y a unos 3.900 de su casa en Ivánkiv, de María, con Ana, de 12 años, y Eugenia, que no tiene los dos.

Iryna Kuzmenko, también ucraniana, llegó a la localidad por amor, se marchó tras el fallecimiento de su marido y regresó más tarde para reactivar la panadería que él regentaba.

«Iryna es un pilar fundamental del proyecto», afirma Tomás Romero, el torrecampeño que tomó la iniciativa de colgar en el muro del Facebook del pueblo la pregunta de quién estaría dispuesto a poner cinco euros mensualmente durante un año para ayudar a una familia.

Implicación

Su implicación desde lejos, ya que trabaja en Málaga, le vale también el reconocimiento de Iryna: «Bueno, Tomás sí que es un pilar fundamental», le devuelve el piropo en el patio de la casa que comparten las familias.

Tomó la iniciativa porque «recientemente he escrito la vida de mi abuelo como refugiado y sabía lo que él dejó atrás cuando en la Guerra Civil tuvo que abandonar su pueblo, su familia, dejar todo lo que amaba, todo lo que tenía y salir huyendo».

Reciben 600 euros mensuales de los vecinos, más los gastos de internet, electricidad y agua y «cualquier cosa que vaya surgiendo en este camino», refiere Tomás. Los mantienen ocupados sabedores que la barrera idiomática y el acogimiento en un pueblo de mil habitantes (el grupo de Facebook tiene 2.041 miembros, el doble que el municipio) le produce un impacto añadido al abandono de su entorno y seres queridos.

La familia de María procede de una población de unos 20.000 habitantes. La más grande de la comarca, Pozoblanco, a la que van la misma tarde que reciben en su casa al equipo de la Agencia Efe, pasa levemente de los 17.000.

La de Olga proviene de la cuarta ciudad más poblada de Ucrania, con un millón de habitantes, donde hay edificios en los que habitan más personas que en Torrecampo.

La expatriación, más allá de los sentimientos, no les hace sentirse incómodos en este pueblo en el que «todos nos conocemos y al final hace que seamos empáticos», dice su alcaldesa, y donde la ayuda «está en el gen, en el DNI ‘tiznao’», como se conoce coloquialmente a los naturales de Torrecampo. La atención es suma (Paqui Alamillo telefonea sobre la marcha por una gotera en un lavabo), pero la delicadeza es exquisita. Una de las familias no tenía como destino Torrecampo, pero a nadie se le escapa cuál.

Aún en Barajas, la otra familia que iba a Torrecampo, gestionada por una oenegé catalana, preguntó a Esteban, que se sumó al proyecto tras un ‘me gusta’ en Facebook.

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